EN CONCRETO

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(Primera de dos partes)

La captura de los victimarios de dos hombres en pleno centro de Ciudad Obregón este viernes 12 fue manejado mediáticamente por el gobierno de FAUSTINO FÉLIX en Cajeme como una especie de triunfo. Claro que siempre es mejor la caída de los delincuentes que su huida y consecuente impunidad, pero aún más importante es el combate de fondo, lo relativo a los autores intelectuales, el manejo financiero de la delincuencia, lo que corresponde a las autoridades federales, el gobierno de ENRIQUE PEÑA. Me refiero a esa delincuencia que aparenta prosperidad y fortuna a lo legal pero que en realidad es la promotora inicial de este cáncer social. Una estrategia de combate que de alguna forma ya se atiende, aunque no con la atingencia suficiente.

No pretendo ejemplificar basado en una intuición o poder de deducción fuera de serie, eso lo tienen talvez los expertos en criminalística. Sólo es cuestión de revisar la historia, ahí hay muchas respuestas. Uno de muchos casos en la historia me es particularmente ilustrativo, ¿lo checamos?

Barry Seal fue un operador del narcotráfico que comenzó su vida profesional siendo piloto en vuelos comerciales. Su ambición lo llevó a permitir el contrabando de habanos (puros) en sus vuelos. Pero al ser detectado por el gobierno de los U.S.A. fue presionado para prestar sus servicios a la C.I.A. a cambio de su libertad. Renunció a la aerolínea donde laboraba y comenzó a realizar vuelos de reconocimiento sobre la Cuba "comunista” de Fidel, aunque pasado algún tiempo se le pidió otra tarea, llevar armas a los "contra” anticomunistas en Nicaragua. En este último país fue convencido de canalizar las armas al cartel de Medellín, de Pablo Escobar. Pero Escobar Gaviria no se conformó con recibir las armas sino que lo involucró en el traslado de droga al imperio del norte.

Barry Seal pasó de ser agente de la CIA a transportista del narcotráfico. Fue tanto el "trabajo” que realizó que a su vez contrató los servicios de diversos pilotos que le ayudaran en esa labor.

Los aviones surcaban insistentemente el mar caribe, de Sudamérica a U.S.A. por la ruta de Florida. El área de los pantanos en la península que forma parte del Golfo de México, era el escenario de bultos enormes repletos de un polvo caracterizado por un blanco perfecto y una demanda insaciable.

Aquí es donde comenzó la debacle del imperio de Seal y Escobar. La CIA era cómplice de estas oscuras operaciones pues recogía dividendos que el Congreso norteamericano le había negado al gobierno de Ronald Reagan. El financiamiento para la compra de armas con que la CIA habilitaba a los enemigos del comunismo soviético en el mundo salía de la coca. Sin embargo no vigilaron la forma como sus operadores manejaban todas sus ganancias.

Seal acumuló una inmensa fortuna. Millones y millones de dólares en costales que primero saturaron el terreno donde se asentaba su nueva propiedad. Luego, cajas de seguridad y hasta los muebles al interior del edificio principal del aeródromo que acondicionó para su perniciosa tarea. Mandar construir una bóveda habría disparado señales de alerta a las autoridades económicas y financieras.

El pequeño pueblo en las cercanías de su imperio cambió radicalmente, los brazos derechos que colaboraban con él también provocaron una sustancial derrama económica en el área y comenzaron a verse autos de lujo, restaurantes, clubs de entretenimiento y hasta una nueva financiera que prestaba dinero con créditos blandos. Las áreas no involucradas en la taimada faena lo detectaron.

Concluiré en la próxima colaboración, ¡saludos!

 

 

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