EN CONCRETO

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El caso expuesto por SANDRA MONTES DE OCA, regidora panista en Cajeme, estremece por macabro, por constituir un acto atentatorio de toda normatividad y, de hecho, de cualquier código rector del comportamiento humano; ya sea civil o religioso.

Relata Montes de Oca que una  noche del pasado mes de diciembre el joven Sergio Eduardo Araujo Millán de 22 años, al ir en compañía de otros muchachos, entre ellos su menor hermano de 14 años, fueron abordados por un vehículo pick up blanco sin membretes ni placas de circulación, por lo que al ser increpados, echaron a correr asustados, sin embargo,  Sergio Eduardo  fue capturado y, a decir de su hermano, golpeado.

Hasta este momento no existe nada anormal en lo sucedido fuera de lo que siempre ha ocurrido en el marco de las afamadas "redadas” practicadas por la policía cuando así lo deciden. Lo inaudito ocurre a partir de ese momento.

El joven fue llevado a los separos preventivos, donde debió pernoctar para retirarse a la mañana siguiente, pero cuando sus padres se presentaron para llevarlo a su casa, nadie, absolutamente nadie en la jefatura de policía de Cajeme pudo llevarlos ante él. Nadie sabía de su paradero.

A partir de ese momento comenzó un viacrucis para la familia de este joven a quien nadie ha vuelto a ver. La regidora, integrante de la Comisión de Seguridad Pública, informa que ha detectado diversas irregularidades en este asunto.

Primero, indica que horas después de su ingreso a las celdas, el joven firmó un documento de salida en el que se comprometía a cubrir su sanción con horas de trabajo comunitario, pero ese papel no está firmado por ninguna autoridad, ni policía ni juez calificador. Nadie quiso hacerse responsable de haber estado en contacto con el joven.

En el documento de ingreso a las celdas se hace referencia al muchacho pero con otro nombre, aunque su firma sí indica el nombre real. El papel refiere a José Luis López Millanés, aunque la firma es de Sergio Eduardo Araujo Millán, auténtica identidad del hoy desaparecido.

La regidora revela que no se dispone de una valoración del médico legista, no hay casi información del muchacho, ni siquiera grabación de las cámaras de seguridad que en su momento fueron presumidas por la administración municipal actual. Al menos, esto es lo que dicen los funcionarios, aunque no sé si alguien confiaría en sus dichos.

Este es un tema que por indignante, lo tomó la regidora Montes de Oca al enterarse; no tiene contacto con los padres del joven pues dice que dadas una serie de amenazas a su integridad prefirieron abandonar Cd. Obregón. Una situación indigna, que debiera ser un llamado a la conciencia de todos. La Gestapo desapareció en 1945 cuando la Alemania Nazi cayó derrotada en la segunda gran guerra, pero pareciera que en Cajeme quedan vestigios de esa policía que disponía de vidas en cualquier momento. Hay quienes cuestionan la honorabilidad de esa familia, como si el hecho de que los muchachos fueran problemáticos extendiera anuencia para desaparecerlos. Eso raya en la barbarie.

Ante esto, ¿Dónde está la Comisión Estatal y Nacional de Derechos humanos? Donde habita la burocracia, en el limbo que gravita al vaivén de la inoperancia, sitio existente gracias a un sistema que depende de denuncias formalmente interpuestas para poder iniciar investigaciones; una notificación periodística, una manifestación de protesta no abre ningún proceso en esas instancias. Bueno, a veces ni siquiera la denuncia. Nuestra sociedad está enferma y amenaza con agravarse.

Hasta la próxima.

 

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