ALFONSO RIVAS: UNA HISTORIA DE VIDA 

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El pasado draft colegial de MLB fue noticia en nuestro país por la firma de Mateo Gil, (hijo de Benjamín Gil) con los Cardenales de San Luis, pero hubo otros mexicanos seleccionados por otras organizaciones, entre ellos Alfonso Rivas, cuya historia de vida es verdaderamente fascinante.

Y es que, literalmente, este hombre llegó al mundo ya con dos strike en su cuenta.

 

NACIÓ EN UN COCHE

Alfonso Rivas III es originario de… un Mercury Grand Marquis de color verde modelo 1993.

Si de por sí ya se lee como un guión cinematográfico, su película incluye una escena de nacimiento caótica, una enfermera nerviosa y un choque de culturas, entre otros aspectos destacados.

Y eso ni siquiera incluye el drama significativo que Rivas ha creado en el campo de béisbol, donde es un bateador y lanzador destacado de segundo año para los Wildcats de Arizona.

De 1.60 metros de estatura, 84 kilos de peso, que tira y batea hacia la izquierda, Rivas tiene una habilidad especial para el beisbol. Un ejemplo perfecto vino en la Serie Mundial Universitaria del año pasado, cuando llegó desde el jardín izquierdo para enfrentar a un bateador zurdo con dos corredores y dos outs en un juego que Arizona superó 5-1 al Oklahoma State. Ponchó al bateador y se acreditó el salvamento.

"Debe haber unos cuantos bateadores mejores que él en la liga, pero si tengo las bases llenas con dos outs y estoy abajo en la pizarra, prefiero a Alfonso como bateador. Su tranqulidad-efectividad es fabulosa”, dijo uno de sus entrenadores.

 

 

Su caótica llegada al mundo

La historia de Rivas comienza hace 20 años en la carretera interestatal 805 de San Diego.

Sus padres, Alfonso Jr. y Sandra, habían cruzado la frontera desde Tijuana para que su hijo pudiera nacer como ciudadano estadounidense y, por lo tanto, tener derecho a una vida mejor.

La pareja estaba en la casa de un amigo en San Diego cuando Sandra sintió los dolores de parto. El esposo tomó rápido el volante del Gran Marquis con su esposa en el asiento delantero. Puso la estación de radio 98.1 – música clásica – en un esfuerzo por calmar a su mujer.

Pero el chamaco no estaba dispuesto a esperar, así que en la  mañana del 13 de septiembre de 1996, y con un tráfico pesado, vio la luz primera en el coche orillado en el acotamiento del freeway.

El parto fue exitoso con la ayuda de su esposo, quien luego siguió conduciendo mientras usaba los pantalones como una manta improvisada para su bebé.

Cuando llegaron al Hospital Sharp Mary Birch, Sandra fue ayudada a sentarse en una silla de ruedas, y la enfermera apresuradamente agarró al pequeño Alfonso, pero debido a que el cordón umbilical aún no había sido cortado, el bebé se deslizó de las manos de la enfermera. Entonces el niño cayó al suelo y se golpeó su cabecita.

El color de la piel comenzó a cambiar, por lo que el susto fue mayúsculo. Estuvo en terapia intensiva para neonatos unos 3-4 días, mismos en que la enfermera no dejaba de visitarlo. Afortunadamente el peligró pasó.

 

Más bendiciones

Después de que Alfonso nació, la familia regresó a Tijuana a vivir. No fue hasta que Rivas estaba en cuarto grado que la familia decidió mudarse a Chula Vista, una ciudad fronteriza que es parte del área metropolitana de San Diego. El único problema era que nadie en la familia hablaba inglés en esos años.

El ahora pelotero tuvo que tener tutores y acudió a la escuela de verano (es decir en época de vacaciones) 7 años seguidos.

Además del desafío académico, la familia Rivas también enfrentó dificultades financieras a corto plazo.

Afortunadamente para Rivas, se hizo amigo de unos trillizos de apellido de Weisz (Keaton, Zach y Chandler). Tenía alrededor de 12 años cuando los conoció, jugaban uno contra el otro, y, muy pronto, por el cariño mutuo Rivas fue a vivir a la enorme casa de la familia Weisz en el norte de San Diego.

La propiedad incluía un campo de béisbol y una jaula de bateo, un sueño hecho realidad para Rivas.

Jonathan Weisz, el padre de los trillizos, ayudó a Rivas a entrar en La Jolla Country, una de las mejores escuelas secundarias del estado. Solo había un problema: la familia Rivas se estaba perdiendo de Alfonso, que es el segundo de cuatro hermanos nacidos en los Estados Unidos.

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