Martín alberto Mendoza Salazar
AUNQUE LA LEY NACIONAL DE EJECUCIÓN PENAL ES CLARA LOS CENTROS PENITENCIARIOS NO PUEDEN OPERAR EN EL DESORDEN LA OPACIDAD Y EL ABUSO; SU ESENCIA ES LA REINSERCIÓN SOCIAL, LA LEGALIDAD, EL RESPETO A LOS DERECHOS HUMANOS Y LA GOBERNABILIDAD REAL; NADA DE ESO SE REFLEJA HOY EN EL CERESO DE CAJEME, DONDE EL PROBLEMA DEJÓ DE SER OPERATIVO PARA CONVERTIRSE EN ESTRUCTURAL; EL PASADO MIÉRCOLES SE OBSERVÓ LA PRESENCIA DEL COORDINADOR ESTATAL DEL SISTEMA PENITENCIARIO, RODRIGO RODRÍGUEZ PEÑA, EN EL COMPLEJO PENITENCIARIO DE CIUDAD OBREGÓN; QUIEN, ASÍ COMO LLEGÓ Y SE FUE; NO HUBO INFORMACIÓN OFICIAL; NO SE SUPO SI SE REALIZÓ CATEO, SI HUBO TRASLADOS, DECOMISOS O ACCIONES REALES PARA RESTABLECER EL ORDEN; SILENCIO ABSOLUTO: NI INFORME, NI POSTURA, NI RESULTADOS VISIBLES; FUENTES INTERNAS SEÑALAN QUE EL CENTRO CONTINÚA SIENDO UNA AUTÉNTICA “CAJA DE PANDORA INSTITUCIONAL”; DONDE HASTA POR LA MIRADA COBRAN, DONDE SE SOLAPAN ABUSOS, SE COMERCIA CON LA NECESIDAD Y SE PISOTEAN DERECHOS HUMANOS TODOS LOS DÍAS; LEJOS DE CORREGIRSE, EL DESORDEN SE HA PROFUNDIZADO, Y LA PERCEPCIÓN GENERAL ES QUE HOY EL CERESO DE CAJEME ESTÁ PEOR QUE ANTES; EN EL CENTRO DE ESTE DETERIORO APARECE JORGE ALBERTO ARGÜELLES VALDÉS, IDENTIFICADO POR HABER OCUPADO EN DISTINTOS PERIODOS LA DIRECCIÓN DEL CENTRO SIN DEJAR RESULTADOS POSITIVOS; SU PASO NO SE RECUERDA POR ORDEN, DISCIPLINA O REINSERCIÓN, SINO POR LA NORMALIZACIÓN DE COBROS ILEGALES, PRIVILEGIOS INDEBIDOS, ARBITRARIEDADES Y UN CLIMA PERMANENTE DE ABUSO CONTRA INTERNOS Y SUS FAMILIAS; LO MÁS GRAVE ES QUE NO HA OPERADO EN SOLITARIO; HA SIDO TOLERADO Y SOLAPADO POR MANDOS SUPERIORES, ENTRE ELLOS GERARDO CHAVERO BERNAL, QUIEN FUERA COORDINADOR DEL SIEP DE SONORA; Y, QUE EN MAYO DE 2025 QUEDÓ BAJO REFLECTORES TRAS DESTAPARSE PRESUNTA RED DE CORRUPCIÓN Y COMPLICIDADES; NADA HA CAMBIADO; SOLO LOS NOMBRES
MUCHAS dudas en el aire dejaron el supuesto cateo y traslado de internos del Centro de Reinserción Social de Ciudad Obregón. Sobre esto les diremos que la Ley Nacional de Ejecución Penal es clara los centros penitenciarios no pueden operar en el desorden, la opacidad ni el abuso. Su esencia es la reinserción social, la legalidad, el respeto a los derechos humanos y la gobernabilidad real. Nada de eso se refleja hoy en el CERESO de Cajeme, donde el problema dejó de ser operativo para convertirse en estructural. En días pasados se observó la presencia del Coordinador Estatal del Sistema Penitenciario, Rodrigo Rodríguez Peña, en el complejo penitenciario de Ciudad Obregón. Quien, así como llegó y se fue. No hubo información oficial. No se supo si se realizó cateo, si hubo traslados, decomisos o acciones reales para restablecer el orden. Entre miércoles por la tarde y noche se registró un movimiento fuerte al interior del penal, por parte de personal de Marina y AMIC, pero hasta hoy no existe explicación alguna. Silencio absoluto: ni informe, ni postura, ni resultados visibles. Fuentes internas señalan que el centro continúa siendo una auténtica “caja de Pandora institucional”, donde hasta por la mirada cobran, donde se solapan abusos, se comercia con la necesidad y se pisotean derechos humanos todos los días. Lejos de corregirse, el desorden se ha profundizado, y la percepción general es que hoy el CERESO de Cajeme está peor que antes…HAY QUE VOLVER a decirlo, pero en el centro de este deterioro aparece Jorge Alberto Argüelles Valdés, identificado por haber ocupado en distintos periodos la dirección del centro sin dejar resultados positivos. Su paso no se recuerda por orden, disciplina o reinserción, sino por la normalización de cobros ilegales, privilegios indebidos, arbitrariedades y un clima permanente de abuso contra internos y sus familias. Lo más grave es que Argüelles Valdés no ha operado en solitario. Ha sido tolerado y solapado por mandos superiores, entre ellos Gerardo Chavero Bernal, quien fuera Coordinador del Sistema Estatal Penitenciario de Sonora y que en mayo de 2025 quedó bajo los reflectores tras destaparse una presunta red de corrupción y complicidades de alto nivel, luego de la fuga de Saúl Francisco Hernández Tenorio, alias “El Ponchis” o “El Fantasma”, del CERESO 1 de Hermosillo. Pese a que estos antecedentes son ampliamente conocidos dentro del sistema, nunca se actuó con firmeza. Se esperaba que la intervención del actual Coordinador Estatal pusiera fin a este desaseo institucional; sin embargo, la percepción hoy es que lejos de corregir, se permitió que todo continuara o incluso empeorara bajo el mismo esquema de corrupción y simulación. Este escenario se agrava en un contexto donde, por políticas criminales mal diseñadas, se está llenando la cárcel por cualquier cosa, incluso con personas inocentes, mientras dentro de los Ceresos siguen vigentes las cuotas ilegales, las injusticias y las violaciones sistemáticas a derechos humanos. La prisión se convirtió en depósito de errores institucionales y en negocio interno, no en espacio de legalidad…SE INSISTE QUE lo que ocurre en Cajeme no es un hecho aislado. Es el reflejo de un sistema penitenciario que se está pudriendo desde dentro y que también alcanza a otros centros, incluida la capital del estado. Este tema ya amerita atención nacional. Porque cuando hay silencio en lugar de control, teatro en lugar de acciones y funcionarios intocables en lugar de responsabilidades, el sistema entero fracasa. El caso de Gerardo Chavero Bernal, hoy ya fuera del CERESO, deja una pregunta incómoda ¿cómo es posible que el sistema penitenciario sea implacable con unos y flexible con otros? La respuesta no está solo en los expedientes, sino en las omisiones de quienes tenían la obligación de vigilar y controlar. Mientras Chavero estuvo privado de la libertad, el sistema exhibió lentitud, discrecionalidad y silencios. No hubo claridad ni rendición de cuentas. Esa opacidad no nació en el centro, sino en la cúspide. Ante este escenario, ya no bastan diagnósticos ni visitas simuladas. Lo que ocurre en el CERESO de Cajeme exige intervención federal inmediata. Los abusos, las cuotas ilegales y las violaciones a derechos humanos sin que aparezca por ningún lado Luis Fernando Rentería Barragán no han cesado porque quienes debían poner orden no lo hicieron. Ni antes ni ahora. El director del centro sigue operando bajo un esquema de abuso y corrupción tolerado, y el nuevo Coordinador Estatal, el capitán Rodrigo Rodríguez Peña, al igual que su antecesor Gerardo Chavero Bernal, ha demostrado que no hubo voluntad ni capacidad para corregir. Cambiaron los nombres, pero no las prácticas…MUY CERCA de aquí, tras el fallecimiento del alcalde de Bácum, lejos de llegar la calma, comenzaron a salir a flote prácticas que por años se mantuvieron ocultas. De acuerdo con versiones que surgen desde la propia tropa, existen más de 40 policías “aviadores”, personas que cobran en la nómina pero que no existen ni prestan servicio alguno, generando un desfalco constante a las finanzas del municipio. Los señalamientos apuntan a un pseudo jefe de Seguridad Pública, Óscar Verdugo Amparano, quien carece de nombramiento formal, pero aun así maneja decisiones y recursos. Se espera que, dentro de las labores de asepsia y limpieza del nuevo gobierno encabezado por el nuevo munícipe Juan de Dios Jocobi Cuevas, se ponga fin a esta red de corrupción y se corrija lo que durante años se toleró. Resulta preocupante que algunos se aferren al poder, peleando cargos como si no hubiera cambio de gobierno, y más grave aún que se intente generar conflicto social, involucrando a miembros de la tribu yaqui, particularmente de la Loma de Bácum. Hoy el ambiente está tenso, las aguas están revueltas y la situación no nos gustaría que pudiera escalar…RESULTA necesario reiterar que la sociedad y la Fiscalía General de Justicia del Estado de Sonora (FGJES) siguen fallando. Aunque existen los elementos y el marco legal del sistema de justicia para adolescentes, no se va al fondo de la problemática ni se actúa con la firmeza necesaria. A lo largo de los años se ha repetido una falla grave y costosa, no se actúa con contundencia ante las primeras señales. Un daño menor, una travesura que cruza la línea o una conducta antisocial evidente se minimizan, se archivan o se dejan pasar sin intervención real, sin seguimiento y sin una ruta seria de atención. Esta reflexión emana y en aras la información oficial difundida por la FGJES, quienes confirmaron días atrás la detención de Jesús Iván N, señalado como objetivo prioritario, jefe de una célula criminal generadora de violencia en la región, jactándose que contaba con cinco órdenes de aprehensión vigentes al momento de su detención, una de ellas por un ataque armado que dejó ocho personas sin vida y 26 lesionadas, además de su presunta participación en otros homicidios, tentativas de homicidio, privación ilegal de la libertad y asociación delictuosa. Lo que hoy estremece a Cajeme no surgió de la nada. Se tiene conocimiento de que este individuo, cuando aún era menor de edad, contaba con carpetas integradas por asuntos “menores”. Fue en ese periodo cuando la delegación regional de la FGJES estaba a cargo de la maestra Ana Celina Ramos Valenzuela, quien tampoco dio el ancho para secundar la necesidad de una intervención temprana y efectiva. No hubo contención, no hubo acompañamiento, no hubo prevención. Se dejó crecer el problema. La omisión fue el primer error. Cuando no se detecta ni se corrige a tiempo, el adolescente aprende que no hay consecuencias, que el sistema es laxo y que puede seguir avanzando. El Estado pierde el momento clave donde todavía era posible corregir el rumbo. Peor aún, muchos de estos jóvenes, abandonados por la prevención institucional, terminan siendo absorbidos por la delincuencia organizada, que sí actúa rápido, que sí recluta y que sí ofrece pertenencia, dinero y una falsa sensación de protección. El Estado llega tarde, cuando ya hay violencia, armas y víctimas que lamentar. La pregunta es inevitable y dolorosa ¿cuántas muertes se hubieran evitado si se hubiera actuado cuando aún había tiempo? La justicia para adolescentes no puede seguir siendo reactiva ni simulada. Detectar, intervenir y corregir a tiempo no es criminalizar; es prevenir. Ignorar las primeras señales no es tolerancia, es negligencia. Y hoy esa negligencia se está pagando con sangre en Cajeme…Luego seguimos, Dios mediante, pero antes haré un alto en el camino.

