CIUDAD DE MÉXICO. A falta de una firma y de los últimos trámites administrativos, Nicolás Ibáñez está listo para convertirse en nuevo jugador de Cruz Azul. El acuerdo entre el club y el futbolista ya está cerrado; restan únicamente los exámenes médicos, las pruebas físicas y los detalles contractuales que formalizarán su llegada al conjunto cementero.
El delantero argentino ya se encuentra en camino a la Ciudad de México, un trayecto que marca algo más que un simple cambio de camiseta. Representa, para él, el inicio de un nuevo capítulo tras quedar fuera de los planes de Tigres, el club que apostó por su fichaje, pero donde nunca logró consolidarse como referente ofensivo.
Ibáñez, de 30 años, ha construido su carrera en el fútbol mexicano a base de persistencia y goles. Llegó primero al Atlético de San Luis, donde comenzó a llamar la atención por su olfato frente al arco. Más tarde, en Pachuca, vivió su etapa más prolífica, convirtiéndose en uno de los atacantes más confiables del campeonato y ganándose un lugar entre los delanteros más respetados de la Liga MX.
Su paso por Tigres, sin embargo, fue irregular. Entre la competencia interna, las exigencias del proyecto deportivo y la presión inherente a uno de los planteles más poderosos del país, Ibáñez nunca terminó de encajar. Hoy, ese ciclo parece cerrado.

