Miguel Angel Vega C.

Fácil opinar a distancia; difícil vivir la realidad en Venezuela

Nos dejó impresionados la carta que dirigió al mundo un venezolano exiliado que ha vivido las peores consecuencias de la dictadura de su país, desde que estableció ese régimen HUGO CHÁVEZ hasta el final del mandato de NICOLÁS MADURO. En ella entendimos que es muy fácil opinar desde la comodidad del sofá de su casa o de una oficina, pero la realidad que vivimos en este país, solo los que la padecemos la conocemos y la sufrimos en carne propia. Con ello se refiere a que mandatarios de varios países criticaron a DONALD TRUMP por haberse llevado preso a NICOLÁS MADURO MOROS, al que defienden como si fuera un verdadero presidente de una república democrática y en condiciones normales, pero están muy equivocados, Maduro, es un asesino, un represor, un empobrecedor de nuestro país, de donde han huido por cerros, montañas y llanuras, tanto niños, como ancianos, mujeres embarazadas que a veces paren en el monte, con tal de dejar estas tierras donde la dictadura los ha tratado tan mal y de estos estamos hablando de más de 8 millones de paisanos que se fueron en busca de mejores derroteros a países vecinos, incluyendo a Estados Unidos y hubo silencio por tantos años, porque nadie salió a defendernos. Dice que es muy fácil escuchar a los opinólogos y expertos de última hora, criticar al gobierno de Donald Trump, que invadió Venezuela transgrediendo las leyes internacionales y que viene por el petróleo, a lo mejor es cierto, pero a nosotros, al 90 por ciento de los venezolanos que hemos sufrido las penas negras en carne propia, es lo que menos nos interesa, para nosotros esto que hizo Estados Unidos, es la luz al final del túnel que estábamos esperando hace muchos años. Porque cuando había denuncias de abusos en contra del pueblo venezolano, dirigidas a la ONU, sólo surgían críticas contra la dictaduras y promesas para solucionar los graves problemas que veníamos padeciendo, pero nunca pasaron de ahí. Esto que hizo EU, son hechos, son acciones, que mantienen contentos al grueso de la población de Venezuela, porque sabemos que era el único camino para recobrar nuestras libertades. A los que defiende a Maduro dijo que solo les recuerda que durante años cayó drásticamente la producción petrolera, cerraron las grandes fábricas, colapsó el sistema de salud, los mercados estaban vacíos, había torturas, persecución, adolescentes golpeados, estudiantes asesinados, periodistas encarcelados y los que hoy hablan muy bravucones y critican a EU, todos esos años guardaron silencio. Pero que casualidad que ahora sí aparecen los ‘defensores’ de la soberanía, analistas de escritorio, filósofos del pacifismo y ahora que el pueblo respira esperanza, resulta que ahora sí hablan, hasta los presidentes de algunos países, defendiendo al dictador y al tirano que no tuvo piedad de nosotros. Yo les pediría, escribió en su carta, que antes de opinar sobre Venezuela y defender al dictador Maduro, lean estas cifras: 36,800 víctimas de tortura, 10 ejecuciones extrajudiciales, 18 mil 305 presos políticos, hospitales sin insumos, niños desnutridos, abuelos buscando comida en la basura. Asegura que todo lo anterior no es un debate ideológico, sino una tragedia humana y lo decimos sin miedo, entre soberanía con tortura y todas las paupérrimas condiciones anteriores a intervención con esperanza, prefieren mil veces esta última, porque la verdadera pérdida de soberanía no es que intervenga otro país, sino que tu propio gobierno te trate como enemigo, lo que realmente queremos no es el petróleo, queremos cosas sencillas, queremos cosas humanas, queremos volver a trabajar sin miedo, volver a votar sin fraudes, volver a caminar sin temor a ser detenidos, queremos que los que se fueron regresen felices a su país, queremos ver familias reunidas otra vez. Y es que mientras algunos piensan en geopolítica y barriles de crudo, nosotros pensamos en abrazar a mamá, volver a casa, ver crecer a nuestros hijos en su país, eso es lo que duele, eso es lo que importa. En conclusión, si en realidad les importa nuestro país, no lloren por la soberanía de un régimen que ya había entregado el país, no defienden desde la distancia, lo que nosotros hemos sufrido en carne viva. De nada sirve que seamos el país más rico en petróleo del mundo, si solo sirve para enriquecer a un tirano y sus allegados. Mientras el 90 por ciento de la población cargamos con un sufrimiento que los opinólogos de escritorio ni se imaginan pero sí abren la boca. Y aclaró que los venezolanos no celebran la guerra, sino la posibilidad de volver a ser país, de volver a vivir en paz, como vivían antes de la llegada del chavismo que tiró a la desgracia a Venezuela. Con todo lo anterior dijo que a los falsos moralistas incluyendo presidentes de la república se metan la lengua por donde no sale el sol, porque están cometiendo el pecado de defender lo indefendible y están demostrando que no les interesa ni una pizca el sufrimiento, la tortura, el hambre, la miseria y el dolor de las víctimas a las que tenía sometidos el delincuente apresado por Estados Unidos, Nicolas Maduro Moros, para quien le piden al altísimo que nunca le permita regresar a Venezuela y que les permita volver a tener aquel país de paz y tranquilidad con el que sueñan. Fin de la carta. Creemos que el contenido y el mensaje profundo que dejó este venezolano exiliado en otro país, que no dijo cual, es mas que claro y contundente y nos hizo recordar aquel viejo y conocido refrán, que a la letra dicen: ‘Nadie sabe lo que pesa el morral, mas que quien lo lleva encima’. Y en lo que a nosotros nos toca, verdaderamente nos parte el alma, ver a familias completas con padre, madre e hijos, en los cruceros de nuestra ciudad, pidiendo limosna para comer, al tener que huir de su país(en ellos Venezuela), por todo lo que el exiliado explica muy claramente en la carta. Y poniéndonos en los zapatos de esas familias, debe ser verdaderamente aterrador vivir en esas condiciones, a miles de kilómetros de su casa y de su tierra y pidiendo ayuda para solventar las necesidades más apremiantes. Creo que es más importante pensar en la situación de esas familias que salieron huyendo de Venezuela, que pensar en que Donal Trump les quiere robar el petróleo, que como dice el exiliado, de qué nos sirve tener más petróleo que cualquier país del mundo, si el 90 por ciento de la población vive en la miseria y el hambre. Así que bien vale la pena ponernos en los zapatos de estas pobres familias y no en los zapatos de políticos idealistas insensibles, disfrazados de salvadores del pueblo, pero que en realidad los mueven intereses ajenos y muy alejados del verdadero bienestar de la población. Y ojo, en los comentarios de la publicación, internautas le piden a Trump, que a la voz de ya, vaya por los dictadores de Cuba, MIGUEL DÍAZ CANEL y de Nicaragua, DANIEL ORTEGA, porque de plano ya no aguantan la misma situación de Venezuela, y no ven otra esperanza para acabar con esos gobiernos tiranos.

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