Por Lorenza Sigala
Hermosillo, Sonora .- Jesús Abraham González Rojas tiene 38 años. Es trabajador del municipio de Hermosillo y desde hace años se desempeña recolector de basura. Su vida transcurre entre jornadas laborales exigentes y responsabilidades familiares, hasta que un accidente doméstico estuvo a punto de cambiarlo todo.
Ocurrió en la colonia Solidaridad. Jesús se encontraba realizando trabajos de demolición en su vivienda, derribando una pared. Al finalizar, intentó retirar la cadena de concreto que aún permanecía en la parte superior. Un exceso de confianza bastó: la estructura colapsó y él cayó junto con ella. Abajo, una varilla metálica permanecía erguida y se incrustó en su mano, atravesándola de lado a lado.
Por instinto —y sin dimensionar la gravedad— Jesús se retiró el metal. La hemorragia fue inmediata y abundante. Con la mano gravemente lesionada y perdiendo sangre, tomó su vehículo y comenzó a pedir ayuda al 911 mientras conducía. La patrulla nunca llegó, en su camino, se topó un convoy de la Guardia Nacional, quienes no lo ayudaron, porque dijeron que no era su deber.
Desesperado y debilitándose, continuó su trayecto hasta que, sobre la calle Veracruz, logró interceptar un convoy de la cuarta zona militar del Ejército Mexicano. Bastó mostrar el brazo herido para que los elementos reaccionaran. Cerraron la vialidad, aseguraron la zona y de inmediato el soldado Amarillas de sanidad actuó de inmediato. Le colocó torniquetes, evaluó su estado y, al confirmar que Jesús ya no podía conducir, tomaron una decisión clave: trasladarlo ellos mismos de urgencia al hospital.
“Me vine a Veracruz, miré a tres carros de los soldados y les iba pitando y el soldado que yo estaba atrás nada más me decía señas que sí que pasaba y ya le saqué el brazo yo y ya me cerraron el paso y cerraron la calle y me dijeron, ¿vienes baleado? no, no vengo baleado le dije, vengo herido porque me encaje una varilla ¿y qué andas haciendo ahorita en la construcción? ya cerraron la calle, me bajé al carro porque el carro estaba todo lleno de sangre y me pusieron un torniquete”
“la sangre no paraba, no paraba, no paraba y me dijo, ¿cómo te sientes? como que me voy a amallar, ya no puedo manejar le dije nosotros te vamos a llevar le dije, ya va el carro ahorita adentro y ya lo estacionó el soldado lo puso por un lado, ahí me subieron un pick up y me llevaron al chave pero no, nunca, nunca conmigo me dieron una atención la atención la iba pidiendo alguien que me llevara de urgencia al hospital y los soldados sí me prestaron buena atención, incluso ahí se quedaron”, relató.
El trayecto fue rápido. Preciso. Profesional. Pero, sobre todo, humano
Durante el traslado y posteriormente en el hospital, los elementos permanecieron con él. Resguardaron su vehículo, entregaron sus pertenencias a su hermana y no se retiraron hasta asegurarse de que estaba en manos médicas.
Pero en el hospital, Ignacio Chávez, del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales para los Trabajadores del Estado (ISSSTESON) la historia fue otra, pues Ante la falta de insumos básicos —vendas, tijeras y analgésicos— el soldado Amarillas que no dejó solo ni un minuto al paciente recurrió a su propio botiquín personal para atenderlo. Medicamentos y material que no había en el hospital fueron proporcionados por el propio elemento castrense.
“El chavalo que se quedó conmigo y que era el doctor, porque en el Chavez no tenían ni vendas ni nada y él le estaba sacando de sus propias vendas y de su propio medicamento les dio no recuerdo el nombre de la pastilla pero era para dolor porque le dije a la muchacha hey, pasenme una para dolor no, no teníamos aquí y el soldado sacó de su propio botiquín es más, ni tijeras había y el propio soldado sacó las tijeras y cortó las vendas porque me dijo por el doctor que quedes aquí y que vas saliendo de cirugía”, dijo.
Jesús fue trasladado a un hospital privado para ser intervenido quirúrgicamente en dos ocasiones. La lesión había comprometido tendones y estructuras profundas de la mano. Gracias a la atención oportuna del Ejército Mexicano, los médicos lograron salvar la extremidad. Actualmente se encuentra en proceso de rehabilitación y será sometido a una cirugía reconstructiva para recuperar funcionalidad.
El contraste fue evidente. Mientras el sistema de salud enfrenta carencias de medicamentos e insumos, la respuesta inmediata vino de quienes patrullan las calles no solo para garantizar seguridad, sino también para auxiliar a la población cuando la emergencia lo exige.
Jesús no olvida ese momento. No recuerda nombres, aunque este medio se dio la tarea de conocerlos, ellos son el sargento Leyva, el Cabo Valverde, el Cabo Ibarra y el soldado Amarillas de sanidad. Jesús recuerda los hechos, la rapidez y la actitud de servicio, así como el trato digno y la ayuda sin condiciones. Por eso, su mensaje es claro:
“Sí ayudan. Yo les pedí ayuda y me la dieron. No tengo ninguna queja. Al contrario”.
Hoy, mientras se prepara para continuar su recuperación, planea un gesto sencillo pero significativo: llevarles comida a los soldados que se encuentran alojados cerca de su colonia. No como un acto simbólico, sino como una muestra de gratitud genuina.



