Martín alberto Mendoza Salazar
AVANZA LA SUMA DE DÍAS DE APARENTE TRANQUILIDAD EN EL MUNICIPIO; RENACE ESPERANZA DE QUE SE RECONSTRUYA LA PAZ EN LA POBLACIÓN; SÍ SE RESTAURÓ LA QUIETUD EN GUAYMAS, CABORCA, SONOYTA Y SAN LUIS RÍO COLORADO POR QUÉ EN CAJEME NO; ES JUSTO DECIR QUE EN CAJEME NO FALTA POLICÍA, NO FALTAN ELEMENTOS NI CAPACIDAD OPERATIVA; LO QUE HISTÓRICAMENTE HA FALTADO ES DIRECCIÓN Y MANDO; DURANTE MUCHO TIEMPO SE HA INTENTADO JUSTIFICAR LA FALTA DE RESULTADOS CON CARENCIAS QUE EN REALIDAD NO SON EL PROBLEMA DE FONDO; HOY EMPIEZA A QUEDAR CLARO QUE CUANDO HAY CONDUCCIÓN, CUANDO HAY DECISIONES, LAS COSAS COMIENZAN A MOVERSE; EN LOS ÚLTIMOS DÍAS SE HAN OBSERVADO AJUSTES INTERNOS, MOVIMIENTOS DE PERSONAL Y REACOMODOS QUE APUNTAN PRECISAMENTE A LO QUE SE REQUERÍA: UN MANEJO ADECUADO DEL RECURSO HUMANO; ELEMENTOS QUE PERMANECÍAN SIN UNA FUNCIÓN OPERATIVA CLARA HAN SIDO REASIGNADOS, FORTALECIENDO ÁREAS DONDE REALMENTE SE NECESITA PRESENCIA; LOS MOVIMIENTOS ACERTADOS NO SOLO OPTIMIZAN LA DINÁMICA DE TRABAJO, SINO QUE TAMBIÉN IMPACTAN DIRECTAMENTE EN LA MOTIVACIÓN Y DISPOSICIÓN DE LA TROPA; PORQUE HAY ALGO QUE NO SE PUEDE PERDER DE VISTA: UNA CORPORACIÓN QUE TRABAJA EN ARMONÍA, CON CLARIDAD EN SUS FUNCIONES Y CON MANDOS QUE ESCUCHAN, ES UNA CORPORACIÓN QUE RESPONDE; CAJEME YA LO HA DEMOSTRADO EN OTROS MOMENTOS; SU POLICÍA PREVENTIVA HA SIDO CONSIDERADA EN DISTINTAS ETAPAS COMO UNA DE LAS MÁS SÓLIDAS DEL NOROESTE DEL PAÍS, Y ESA CAPACIDAD SIGUE ESTANDO AHÍ; REGRESAN A LA COMANDANTE ALEJANDRA LEMA CORONADO A SU CARGO COMO TITULAR DE LA UNIDAD MUNICIPAL PARA ATENDER LA VIOLENCIA FAMILIAR, DE GÉNERO Y PERSONAS VULNERABLES (UMAV) DESPUÉS DE QUE YA HABÍA SIDO REMOVIDA. PESE A QUE HA CUMPLIDO CABAL E ÍNTEGRAMENTE CON ESA MISIÓN.
SIGUE LA suma de días de aparente tranquilidad en el municipio y esto hace renacer la esperanza de que se puede reconstruir la paz y tranquilidad que es añejo anhelo de la ciudadanía. Si se restableció la serenidad en Guaymas, Caborca, Sonoyta y San Luis Río Colorado por qué en Cajeme no. Y, conste que en Caborca no se logró con la llegada del comandante de la Policía Estatal, José Luis Rico Farías, sino desde hace tiempo atrás. Es justo decir que en Cajeme no falta policía, no faltan elementos ni capacidad operativa; lo que históricamente ha faltado es dirección y mando. Durante mucho tiempo se ha intentado justificar la falta de resultados con carencias que en realidad no son el problema de fondo. Hoy empieza a quedar claro que cuando hay conducción, cuando hay decisiones, las cosas comienzan a moverse. En los últimos días se han observado ajustes internos, movimientos de personal y reacomodos que apuntan precisamente a lo que se requería: un manejo adecuado del recurso humano. Elementos que permanecían sin una función operativa clara han sido reasignados, fortaleciendo áreas donde realmente se necesita presencia. Falta mucho por hacer y esto debe saberlo más que nadie el director operativo, Erick Gabriel Campos González que al final parece tener el mando de la corporación, debido a que el titular, Capitán de Corbeta de Marina, Alfonso Tenango Vázquez, apenas está conociendo el manejo de la institución. Los movimientos acertados no solo optimizan la dinámica de trabajo, sino que también impactan directamente en la motivación y disposición de la tropa. Porque hay algo que no se puede perder de vista: una corporación que trabaja en armonía, con claridad en sus funciones y con mandos que escuchan, es una corporación que responde. Cajeme ya lo ha demostrado en otros momentos; su policía preventiva ha sido considerada en distintas etapas como una de las más sólidas del noroeste del país, y esa capacidad sigue estando ahí. Hay que reiterar que los resultados comienzan a reflejarse. Dos días con aparente tranquilidad y mayor presencia policial en las calles no son casualidad, son consecuencia de decisiones internas que empiezan a alinearse con la realidad operativa. Cuando hay voluntad, cuando se entiende a la tropa y se actúa en consecuencia, la mejora es inmediata. La clave no es tener más elementos, es saber dirigirlos…EN ESE MISMO contexto, ayer nos enteramos que la comandante Alejandra Lema Coronado fue regresada a su cargo como titular de la Unidad Municipal para Atender la Violencia Familiar, de Género y Personas Vulnerables (UMAV) después de que ya había sido removida pese a que ha cumplido cabal e íntegramente con esa misión. Tal parece que la orden llegó desde los rumbos de las calles 5 de febrero e Hidalgo y fue reinstalada en el cargo. Lema Coronado, en los tiempos del ahora ex titular de la SSPM, Claudio Cruz Hernández, se ganó la confianza para ser asignada como responsable de sobrevigilancia, principalmente los domingos. En lo personal me tocó coincidir con ella en algunos eventos de alto impacto. Es muy seria, tranquila y ante todo formal en el desempeño de sus funciones y eso le ha valido ganarse la credibilidad de sus superiores…LA NOCHE del pasado martes, autoridades aseguraron soluciones intravenosas durante un cateo realizado en un consultorio ubicado en la zona Centro de Ciudad Obregón, Sonora. De acuerdo con la información preliminar, no se trataba únicamente de insumos almacenados, sino de material listo para su aplicación, lo que abre una línea de análisis más delicada en torno a la posible práctica de procedimientos sin control médico adecuado. El hecho, más allá del aseguramiento en sí, obliga a plantear preguntas de fondo. ¿Quiénes acudían a ese lugar? ¿Bajo qué condiciones se realizaban los procedimientos? Y, sobre todo, ¿existen personas que pudieron haber sido afectadas sin que hasta el momento se tenga conocimiento público? No se trata únicamente de un inmueble intervenido, sino de una posible operación que funcionaba al margen de la supervisión sanitaria. Llama la atención que al momento del cateo no se reportaran personas detenidas, lo que deja entrever que quienes operaban el lugar pudieron haberse retirado con anticipación o incluso haber abandonado el sitio. Esto no reduce la gravedad del caso, al contrario, la incrementa, porque obliga a cuestionar cuántos espacios similares pudieran estar operando bajo el mismo esquema aquí mismo en Cajeme. Aquí es donde la denuncia ciudadana toma un papel fundamental. La experiencia ha demostrado que muchos de estos casos salen a la luz no por operativos aislados, sino por la insistencia de ciudadanos que deciden no guardar silencio. Cuando la gente calla, los problemas se multiplican en la sombra; cuando habla, se abre la puerta a la intervención institucional. No suena descabellado pensar que pudiera haber más casos, más consultorios o más prácticas irregulares que simplemente no han sido denunciadas. Por ello, es indispensable fomentar una cultura de participación, donde señalar, informar y reportar no sea visto como un riesgo, sino como una responsabilidad social…ESTO OBLIGA a voltear hacia otros espacios como los centros de rehabilitación, donde también podrían estar aplicando soluciones intravenosas y medicamentos. La pregunta es directa: ¿existe realmente supervisión médica?, ¿hay control por parte de la autoridad sanitaria o estamos frente a una práctica tolerada en la opacidad? Si las autoridades llegaron a este lugar, no fue casualidad. Detrás de cada cateo hay antecedentes, hay reportes, hay voces que decidieron hablar. La diferencia está en eso: en no callar. Porque cuando la sociedad guarda silencio, los riesgos crecen. Pero cuando denuncia, obliga a que las cosas se muevan. Y hoy, más que nunca, eso es lo que se necesita en Cajeme. En este tema considero que ya no estamos frente a un simple caso de mala praxis. Cuando los hechos se repiten, hay múltiples víctimas y el riesgo era previsible, la discusión deja de ser médica y pasa al terreno penal. Lo ocurrido, particularmente en Hermosillo, donde ya se registran varias personas fallecidas, obliga a replantear el enfoque. No es solo negligencia; hay indicios de una conducta reiterada que pudo haberse realizado aún con conocimiento del riesgo…NO SE PUEDE dejar de decir que cuando se aplican procedimientos sin control sanitario, sin certificación o en condiciones irregulares, la línea entre culpa y dolo se vuelve muy delgada. Y ahí es donde entran las agravantes. La Fiscalía debe ir más allá de la responsabilidad profesional y analizar si existía conocimiento previo del riesgo o incluso aceptación del posible resultado. Porque cuando el riesgo es evidente y aun así se continúa, ya no estamos ante un error. Estamos ante una conducta que debe investigarse con todo el rigor de la ley y en esto debe estar trabajando el vicefiscal de investigaciones, Jesús Francisco Moreno Cruz en coordinación con Carlos Alberto Flores, comisario general de la Agencia Ministerial de Investigación Criminal evidentemente por instrucciones del Fiscal del Estado, Gustavo Rómulo Salas Chávez, de quien se espera en su momento de un informe detallado…A RAÍZ DE que un menor de 15 años es investigado por feminicidio y portación de armas tras privar de la vida a dos profesoras en Michoacán, resulta inevitable hacer una reflexión más profunda que vaya más allá del hecho en sí. No estamos frente a un caso aislado. Estamos frente a una señal clara de lo que ocurre cuando fallan los entornos más cercanos como la familia, en la formación y los límites. Porque un adolescente no llega a ese nivel de violencia de un día para otro; es el resultado de contextos marcados por disfuncionalidad, abandono emocional y, en muchos casos, normalización de la violencia. La violencia familiar no solo se padece, se aprende. Se convierte en conducta, en referencia, en una forma de reaccionar ante los conflictos. No es un escenario lejano. Cajeme ya ha vivido episodios similares. Basta recordar aquel hecho ocurrido hace años como en el 2022 allá en la colonia Libertad, donde un grupo de adolescentes irrumpió en un domicilio con armas largas y privó de la vida a una madre y a un joven que únicamente exigían la devolución de una motocicleta. Un suceso que dejó claro hasta dónde puede escalar la violencia cuando no se atiende desde su origen…Luego seguimos, Dios mediante.





