Los operativos de inmigración han generado temor entre trabajadores agrícolas y preocupación entre productores ante una posible falta de mano de obra durante la próxima temporada de cosecha.
Los operativos de inmigración están cambiando la rutina de los trabajadores agrícolas en el sur de Texas, donde el temor a ser detenidos ha comenzado a pesar tanto como las largas jornadas en el campo. Para algunos, salir a trabajar significa hacerlo con la incertidumbre de no saber si podrán regresar a casa.
“Ya ve que están agarrando parejo, por uno que cometa errores, pues ya nos toca a todos”, contó un trabajador agrícola que prefirió mantener su identidad en el anonimato.
El miedo, dice, está presente cada vez que sale de casa: “Ya uno sale siempre con miedo, pues ya saliendo nunca sabe uno si regresa, porque nos puede pasar en cualquier momento”, relató.
La preocupación no se limita a los trabajadores. Los agricultores también enfrentan las consecuencias de una posible reducción en la fuerza laboral justo cuando el tiempo es determinante para recoger los cultivos.
Arnaldo Serrato, agricultor del sur de Texas, recordó lo que ocurrió durante una de sus últimas cosechas, cuando varios trabajadores abandonaron el campo antes de que pudiera terminar de recoger la producción.
“Se fueron y no terminé yo de levantar mi cosecha, se imagina cómo andaba yo solo”, recordó.
Ante este escenario, productores y organizaciones agrícolas advierten que la falta de trabajadores podría poner en riesgo las próximas cosechas de hortalizas y cítricos.
Elizabeth Rodríguez, directora de Defensa de los Trabajadores Agrícolas (NFWM) en el Valle del Río Grande, destacó el papel que desempeñan los trabajadores migrantes en el sector:
“Nuestra labor migrante, los tenemos que ver como nuestra fuerza, porque ellos son los que vienen y hacen la mayoría de los trabajos”.
El problema cobró relevancia durante una reciente visita del secretario interino del Trabajo al sur de Texas, donde agricultores expusieron las dificultades que enfrentan y pidieron soluciones antes de que llegue el momento más crítico de la temporada.
Para uno de los trabajadores entrevistados, la preocupación alcanza incluso a los consumidores.
“Pues deberían preocuparse, ¿no? Porque imagínate que llegue a pasar que se lleven a todas las gentes trabajadores, ¿quién les va a levantar los productos?”, comentó.
Una de las alternativas para los productores es el programa H-2A, que permite contratar temporalmente a trabajadores extranjeros. Sin embargo, los agricultores señalan que recurrir a esta vía implica trámites, gastos y condiciones que pueden complicar su utilización, especialmente para las granjas pequeñas.
Arnaldo Serrato explicó que contratar a trabajadores mediante este programa implica asumir mayores costos y garantizarles determinadas condiciones de alojamiento y salario.
“Tienes que pagar un poquito más para traerlos y tenerlos en su propia vivienda, pagarles un poquito mejor y en veces esas personas, lamentablemente, a veces no saben nada de agricultura”, señaló.
Yuleida Serrato, también agricultora, resumió las dificultades que enfrentan quienes buscan recurrir a este mecanismo:
“Lamentablemente no es tan fácil como lo describen”.
A pocas semanas de la cosecha de invierno, los productores temen que la falta de mano de obra provoque que parte de los cultivos quede sin recoger. Expertos advierten que esto podría traducirse en pérdidas económicas para los agricultores y, potencialmente, afectar el suministro y los precios de algunos alimentos.
En el campo, la preocupación se resume en una pregunta que cada vez cobra más fuerza entre los productores: si los trabajadores dejan de acudir por miedo a los operativos migratorios, ¿quién recogerá las cosechas?.





