Martín Alberto Mendoza
SE TIÑE VALLE DEL YAQUI CON EL COLOR DE LA TRAGEDIA; PIERDE LA VIDA MOTOCICLISTA QUE AL PARECER LO IMPACTÓ OTRO VEHÍCULO; CIRCULABA POR LA MERIDIANO DE SUR A NORTE Y EN LA 1200 OCURRIÓ EL FATAL PERCANCE; LA VÍCTIMA NO PORTABA CASCO PROTECTOR Y SUFRIÓ UN FUERTE GOLPE EN LA CABEZA; MÁS ALLÁ DE CÓMO OCURRIÓ EXACTAMENTE EL ACCIDENTE Y DE LAS RESPONSABILIDADES QUE DETERMINE LA INVESTIGACIÓN, ESTE HECHO VUELVE A PONER SOBRE LA MESA ALGO QUE PARECE OLVIDARSE EN LAS COMUNIDADES RURALES: LA SEGURIDAD PÚBLICA TAMBIÉN SIGNIFICA PREVENCIÓN DE ACCIDENTES; NO TODO CONSISTE EN BUSCAR PERSONAS ARMADAS, ATENDER RIÑAS O PERSEGUIR DELINCUENTES; TAMBIÉN SE TRATA DE OBSERVAR UNA CONDUCTA DE RIESGO Y ACTUAR ANTES DE QUE TERMINE EN DESGRACIA; EN POBLADOS DONDE NO EXISTE UN AGENTE DE TRÁNSITO EN CADA CALLE, LA POLICÍA MUNICIPAL NO PUEDE SIMPLEMENTE VOLTEAR HACIA OTRO LADO CUANDO OBSERVA MOTOCICLISTAS SIN CASCO; ASÍ MISMO, CONDUCTORES EN CONDICIONES INSEGURAS O VIOLACIONES EVIDENTES A LAS NORMAS VIALES; LA PREVENCIÓN NO DEBE VERSE COMO UNA ACTITUD RECAUDATORIA NI COMO UNA PERSECUCIÓN CONTRA LOS MOTOCICLISTAS; SE TRATA SIMPLEMENTE DE HACER CUMPLIR LAS REGLAS QUE PUEDEN SALVAR UNA VIDA; Y ESO TAMBIÉN FORMA PARTE DEL DEBER DE LA AUTORIDAD; CAJEME HA TRANSITADO POR JORNADAS RELATIVAMENTE TRANQUILAS; NO SE HAN REPORTADO NUEVOS HOMICIDIOS Y, DE MANTENERSE ESTA TENDENCIA, ESTE MIÉRCOLES SE CUMPLIRÍA UN TERCER DÍA CONSECUTIVO SIN QUE LAS BALAS VUELVAN A COBRAR UNA VIDA; ¿MENOS HOMICIDIOS O UNA VIOLENCIA QUE CAMBIÓ DE FORMA Y SE EJERCE SIN VISIBILIDAD?
NUEVAMENTE el Valle del Yaqui, se tiñó con el color de la tragedia, luego de que la tarde de este miércoles volvió a cobrarse una vida. Un hombre de 39 años de edad pereció cuando circulaba en motocicleta de sur a norte por la calle Meridiano, a la altura de la 1200, cuando presuntamente fuera impactado por un vehículo que no fue identificado. La víctima no portaba casco protector y sufrió un fuerte golpe en la cabeza. Más allá de cómo ocurrió exactamente el accidente y de las responsabilidades que determine la investigación, este hecho vuelve a poner sobre la mesa algo que parece olvidarse en las comunidades rurales: la seguridad pública también significa prevención de accidentes. No todo consiste en buscar personas armadas, atender riñas o perseguir delincuentes; también se trata de observar una conducta de riesgo y actuar antes de que termine en tragedia. En poblados donde no existe un agente de Tránsito en cada calle, la Policía Municipal no puede simplemente voltear hacia otro lado cuando observa motociclistas sin casco, conductores en condiciones inseguras o violaciones evidentes a las normas viales. En esta zona el responsable policiaco es José Antonio Angulo Reyes, y hechos como éste obligan a preguntarnos qué tanta atención se está poniendo realmente a la prevención. Hoy estamos hablando de un hombre de 39 años que ya no regresó a su casa y de una familia que quedó lastimada para siempre. La prevención no debe verse como una actitud recaudatoria ni como una persecución contra los motociclistas. Se trata simplemente de hacer cumplir las reglas que pueden salvar una vida. Y eso también forma parte del deber de la autoridad…DESPUÉS de la violencia registrada durante la noche del domingo, Cajeme ha transitado por jornadas relativamente tranquilas. No se han reportado nuevos homicidios y, de mantenerse esta tendencia, este miércoles se cumpliría un tercer día consecutivo sin que las balas vuelvan a cobrar una vida. Es un respiro necesario para una ciudad que al transcurrir de agosto ya ha contabilizado diez homicidios, uno más que los nueve registrados durante julio. Sin embargo, en las calles no termina de sentirse una tranquilidad completa. Hay una especie de tensión silenciosa, una incertidumbre difícil de explicar, pero fácil de percibir. La gente continúa con sus actividades, abre los comercios, va a trabajar, lleva a sus hijos a diferentes lugares y regresa a casa, pero permanece esa sensación de que la calma todavía es demasiado frágil como para confiar plenamente en ella. La experiencia de los últimos meses ha enseñado que basta un instante para modificar completamente el escenario: primero se escucha el estallido de las armas de fuego; después aparecen las sirenas de patrullas y ambulancias; minutos más tarde surge el reporte de una persona lesionada y, finalmente, en algunos casos llega la confirmación de una nueva muerte. El episodio ocurrido la noche del domingo en la colonia Valle Verde es precisamente uno de esos acontecimientos que dejan inquietud. La víctima fue una mujer de aproximadamente 40 años de edad…CASOS COMO éste recuerdan que la ausencia temporal de disparos no necesariamente significa que el problema haya desaparecido. Porque la verdadera tranquilidad no solamente se cuenta por los días en los que no hay muertos. También se mide en la confianza con la que una familia puede sentarse afuera de su casa, caminar por su colonia, acudir a un parque o regresar por la noche sin pensar que una ráfaga pudiera alterar nuevamente la rutina de toda una comunidad. Por ahora, Cajeme está relativamente sereno. Pero es una paz que todavía parece de cristal: transparente, deseada y necesaria, aunque susceptible de romperse con un solo estruendo. Y cuando vuelven a escucharse las balas, en cuestión de segundos se hace añicos esa aparente normalidad y regresan las sirenas, la incertidumbre y el temor que esta ciudad tanto necesita dejar atrás. Para ello el comisario Alfonso Tenango Vázquez, junto con el director operativo Erick Gabriel Campos González y el jefe de la Policía Preventiva, Francisco Javier Valdez Juzaino, deben mantener estrecha relación con mandos medios a fin de insistir en que no puede, ni debe haber descuidos en la vigilancia y prevención del delito…HAY QUIENES nos preguntan: ¿Menos homicidios o una violencia que cambió de forma? Y, es que cuando durante algunos días dejan de escucharse las armas de fuego y disminuyen los homicidios visibles en las calles de Cajeme, naturalmente surge una sensación de alivio. Pero también aparece una pregunta que merece ser analizada con mucha seriedad: ¿realmente disminuyó la violencia o simplemente estamos frente a otras formas de ejercerla que resultan menos visibles? La interrogante no pretende establecer que exista una relación automática entre homicidios y desapariciones. No hay elementos suficientes para afirmar que una conducta delictiva esté sustituyendo a la otra. Sin embargo, la realidad obliga a mirar más allá de la estadística diaria de personas asesinadas y observar otro fenómeno que continúa golpeando a numerosas familias: las personas que desaparecen y cuya historia deja de conocerse desde el momento en que alguien pierde todo contacto con ellas…MIENTRAS un homicidio cometido en la vía pública genera detonaciones, patrullas, ambulancias y movilización policiaca, una desaparición puede ocurrir prácticamente en silencio. No necesariamente existe una escena evidente, un cuerpo o casquillos que inmediatamente activen toda una investigación. En ocasiones solamente queda un automóvil abandonado, un teléfono que deja de responder o una familia preguntando dónde está una persona que horas antes llevaba una vida cotidiana. Las búsquedas que actualmente se realizan en esta región demuestran que el problema está lejos de desaparecer…APENAS ESTE mes, Guerreras Buscadoras de Cajeme emprendió una jornada de seis días de búsqueda en Ciudad Obregón y municipios cercanos, nuevamente intentando hallar a sus seres queridos. Todavía más inquietante resulta que durante esas búsquedas continúan apareciendo restos humanos. Recientemente fueron localizados restos óseos en un predio del Valle del Yaqui. Es decir, mientras en la superficie podemos vivir jornadas aparentemente tranquilas, debajo de la tierra siguen apareciendo historias de violencia que ocurrieron días, meses o incluso años atrás. El problema tiene una dimensión estatal que tampoco puede ignorarse. El propio Gobierno de Sonora reportó que durante 2025 se registraron 1,851 personas dentro de los registros relacionados con desaparición y localización: 738 permanecían desaparecidas o no localizadas y 1,113 habían sido localizadas; de estas últimas, más del 90 por ciento fueron encontradas con vida…POR ELLO, las autoridades deberían explicar no solamente cómo evolucionan los homicidios, sino también qué está sucediendo con las denuncias por desaparición y privación ilegal de la libertad en Cajeme. ¿Han aumentado? ¿Han disminuido? ¿En qué colonias y comunidades se concentran? ¿Cuántas personas han sido localizadas con vida? ¿Cuántas sin vida? ¿Cuántas continúan pendientes de encontrarse? Hay además una enorme diferencia emocional y jurídica entre ambos fenómenos. Frente a un homicidio existe el dolor terrible de una muerte confirmada. Frente a una desaparición permanece también la incertidumbre: no saber si esa persona está viva, si necesita ayuda, dónde buscarla o si algún día regresará. Por eso quizá llegó el momento de dejar de medir la seguridad únicamente por el número de detonaciones o cadáveres encontrados durante una semana. Una ciudad verdaderamente tranquila no solamente es aquella donde dejan de escucharse las balas; también es aquella donde las personas dejan de desaparecer. Y ésta es la pregunta que debería responderse con cifras oficiales, investigación y transparencia: ¿Estamos realmente ante una reducción de la violencia en Cajeme o estamos viendo una violencia que aprendió a hacer menos ruido? En los próximos días con apoyo del maestro José Luis Sígala Servín y el licenciado Jesús Armando Guevara Tineo, les compartiré en cuatro bloques, una serie de reflexiones nacidas de historias que nos han sido compartidas y que, por sus consecuencias, marcan un antes y un después. No se pretende justificar al ciudadano ni condenar anticipadamente a la autoridad. Se busca entender dónde nace el problema, cómo llega hasta una patrulla y qué sucede cuando los valores, los controles y los mandos dejan de cumplir su función…Luego seguimos, Dios mediante.





