Dra. Rivera Garcia Kathia/Neumóloga

Cuidar tus pulmones hoy es invertir en los años por disfrutar mañana

Respirar es una función que realizamos miles de veces al día sin detenernos a pensar en ello. Nuestros pulmones trabajan continuamente para llevar oxígeno al organismo y eliminar dióxido de carbono. Por eso, cuidar la salud pulmonar es también cuidar nuestra calidad de vida, nuestra capacidad para realizar actividades cotidianas y nuestra independencia.

Aunque algunas enfermedades respiratorias no pueden prevenirse por completo, existen medidas sencillas que pueden disminuir los riesgos y ayudar a conservar una buena función pulmonar.

1. No fumes y evita el humo del tabaco

El tabaquismo es uno de los principales factores de riesgo para enfermedades como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) y el cáncer de pulmón. Además, no existe un nivel seguro de exposición al humo de tabaco, por lo que protegerse también implica evitar el humo de segunda mano.

Dejar de fumar produce beneficios a cualquier edad. Si fumas, buscar apoyo de un profesional de la salud puede ayudarte a conseguir y mantener la abstinencia.

Los cigarrillos electrónicos tampoco deben considerarse inocuos. Aunque su composición es diferente a la del cigarrillo convencional, sus aerosoles pueden contener sustancias capaces de irritar y afectar las vías respiratorias.

2. Cuida el aire que respiras

La contaminación ambiental puede afectar nuestros pulmones tanto a corto como a largo plazo. Las partículas suspendidas en el aire pueden empeorar enfermedades como el asma y la EPOC y contribuir al deterioro de la función pulmonar.

En días con mala calidad del aire o presencia de humo por incendios, las personas con enfermedades respiratorias deben procurar reducir la exposición y evitar el ejercicio intenso al aire libre.

También es importante cuidar la calidad del aire dentro de casa. El humo producido por leña, carbón, tabaco y otros combustibles puede ser perjudicial, especialmente cuando existe poca ventilación. En el trabajo, deben utilizarse las medidas de protección respiratoria indicadas cuando exista exposición a polvos, humos o sustancias químicas.

3. Mantente físicamente activo

La actividad física regular beneficia al corazón, los músculos y la capacidad para realizar nuestras actividades diarias. Caminar, bailar, nadar, andar en bicicleta o practicar algún ejercicio que disfrutemos son excelentes opciones.

Tener una enfermedad pulmonar no significa que debamos evitar el ejercicio. Por el contrario, la actividad física y, cuando está indicada, la rehabilitación pulmonar forma parte del manejo de diversas enfermedades respiratorias.

Lo importante es adaptar la intensidad a nuestras condiciones y capacidades y consultar a un profesional de la salud si presentamos falta de aire fuera de lo habitual.

4. Mantén tus vacunas al día

Las infecciones respiratorias pueden ocasionar complicaciones, particularmente en adultos mayores y personas con enfermedades crónicas. Mantener actualizado el esquema de vacunación recomendado para nuestra edad y condiciones de salud ayuda a reducir el riesgo de enfermedades respiratorias prevenibles. Entre las vacunas que pueden ser importantes se encuentran las de influenza, COVID-19 y neumococo; en determinados grupos también puede estar indicada la vacunación contra el virus sincitial respiratorio.

5. No ignores los síntomas respiratorios

Una tos que persiste por más de 2 meses, falta de aire, silbidos al respirar, producción frecuente de flemas, dolor en el pecho o una disminución inexplicable de nuestra capacidad para realizar actividades habituales merecen una valoración médica.

Estos síntomas pueden tener muchas causas y no siempre significan una enfermedad grave, pero tampoco deben atribuirse automáticamente a la edad, al cansancio o a una “mala condición física”. La detección oportuna de enfermedades respiratorias permite iniciar tratamiento cuando sea necesario y puede mejorar los resultados a largo plazo.

¿Cuándo debemos consultar?

Es recomendable buscar atención médica si presentamos:

* Falta de aire nueva o que está empeorando.

* Tos persistente o que cambia de características.

* Tos con sangre.

* Dolor en el pecho, especialmente si es intenso o de aparición súbita.

* Silbidos al respirar que aparecen por primera vez.

* Fiebre persistente acompañada de síntomas respiratorios.

* Disminución progresiva de la capacidad para realizar actividades cotidianas.

Cada respiración cuenta

Cuidar nuestros pulmones no requiere esperar a tener una enfermedad. En conclusión, no fumar, evitar el humo y reducir la exposición a contaminantes, mantenernos físicamente activos, prevenir infecciones y consultar oportunamente ante síntomas persistentes son algunas de las mejores formas de proteger nuestra salud respiratoria.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *