Martín alberto Mendoza Salazar

QUÉ TRISTEZA VER NUESTRO CAJEME ASÍ; CADA HECHO DE VIOLENCIA DUELE, PERO CUANDO SE ACUMULAN UNO TRAS OTRO EN CUESTIÓN DE MINUTOS, EL PANORAMA SE VUELVE TODAVÍA MÁS PREOCUPANTE; OJALÁ PRONTO PODAMOS RECUPERAR LA TRANQUILIDAD QUE TANTA FALTA LE HACE A NUESTRA CIUDAD; QUÉ DURO ES VER HASTA DÓNDE HEMOS LLEGADO; EN MOMENTOS DE DOLOR, COMO LOS QUE SE VIVEN EN UNA FUNERARIA, DEBERÍA EXISTIR RESPETO Y HUMANIDAD; SIN EMBARGO, NI SIQUIERA ESOS ESPACIOS PARECEN QUEDAR AL MARGEN DE LA VIOLENCIA; ESO HABLA DE UNA REALIDAD VERDADERAMENTE AGOBIANTE; HAY ESCENAS QUE DEBERÍAN OBLIGARNOS A DETENERNOS Y PREGUNTARNOS HASTA DÓNDE HEMOS PERMITIDO QUE AVANCE LA VIOLENCIA EN CAJEME; LO OCURRIDO LA NOCHE DEL DOMINGO EN LAS INMEDIACIONES DE UNA FUNERARIA, EN CALLES COLIMA E HIDALGO, INEVITABLEMENTE TRAE A LA MEMORIA AQUELLA MADRUGADA DEL 20 DE MARZO DE 2015, CUANDO OTRO ATAQUE ARMADO SACUDIÓ UNA SUCURSAL DE ESA MISMA FUNERARIA UBICADA EN CHIHUAHUA Y BULEVAR RAMÍREZ;  EL SALDO FUE DE TRES MUERTOS –UNO DE ELLOS, AGENTE DE LA POLICÍA MUNICIPAL– Y DOS HERIDOS EN MEDIO DE PERSONAS QUE ACUDÍAN A DESPEDIR A UN SER QUERIDO; HAN PASADO MÁS DE ONCE AÑOS Y LA IMAGEN VUELVE A REPETIRSE; PERO ESTO VA MUCHO MÁS ALLÁ DE HABLAR DE UNA FALTA DE RESPETO HACIA LOS DOLIENTES; ESTAMOS FRENTE A UNA CRIMINALIDAD QUE PARECE HABER PERDIDO CUALQUIER LÍMITE, CAPAZ DE ACTUAR EN LUGARES DONDE EXISTEN FAMILIAS VULNERABLES, NIÑOS, ADULTOS MAYORES Y PERSONAS ATRAVESANDO UNO DE LOS MOMENTOS MÁS DOLOROSOS DE SUS VIDAS; SI TENDENCIA CONTINÚA, TENDRÍA QUE VALORARSE SERIAMENTE UN REFORZAMIENTO CON LA PARTICIPACIÓN DE LA FEMDO Y AGENTES FEDERALES DIRIGIDOS POR OMAR GARCÍA HARFUCH

DE INICIO resulta necesario decirlo: Qué tristeza ver a nuestro Cajeme así. Cada hecho de violencia duele, pero cuando se acumulan uno tras otro en cuestión de minutos, el panorama se vuelve todavía más preocupante. Ojalá pronto podamos recuperar la tranquilidad que tanta falta le hace a nuestra ciudad. Qué duro es ver hasta dónde hemos llegado. En momentos de dolor, como los que se viven en una funeraria, debería existir respeto y humanidad; sin embargo, ni siquiera esos espacios parecen quedar al margen de la violencia. Eso habla de una realidad verdaderamente agobiante…HAY ESCENAS que deberían obligarnos a detenernos y preguntarnos hasta dónde hemos permitido que avance la violencia en Cajeme. Lo ocurrido la noche del domingo en las inmediaciones de una funeraria, en calles Colima e Hidalgo, inevitablemente trae a la memoria aquella madrugada del 20 de marzo de 2015, cuando otro ataque armado sacudió una sucursal de esa misma funeraria ubicada en Chihuahua y bulevar Ramírez, dejando tres muertos –uno de ellos, agente de la Policía Municipal– y dos heridos en medio de personas que acudían a despedir a un ser querido. Han pasado más de once años y la imagen vuelve a repetirse. Pero esto va mucho más allá de hablar de una falta de respeto hacia los dolientes. Estamos frente a una criminalidad que parece haber perdido cualquier límite, capaz de actuar en lugares donde existen familias vulnerables, niños, adultos mayores y personas atravesando uno de los momentos más dolorosos de sus vidas. Cuando quienes generan violencia se sienten capaces de atacar en las inmediaciones de una funeraria, a plena vista y sin importar quién pueda encontrarse alrededor, el problema deja de ser solamente el número de homicidios. El verdadero problema es el nivel de impunidad y desafío con el que se cometen. No podemos normalizar que un funeral pueda convertirse en escenario de otro homicidio, que una familia pase de despedir a un ser querido a correr para salvar su propia vida, ni que en cuestión de minutos se activen códigos rojos en distintos sectores de la ciudad como si se tratara de una rutina inevitable. Cajeme ya conoció una escena semejante en 2015 y hoy vuelve a enfrentarla. Eso debería preocuparnos todavía más: cuando los años pasan, pero ciertas imágenes regresan, significa que algo de fondo no se ha logrado corregir. La violencia no solamente está cobrando vidas; está arrebatando espacios que deberían ser intocables. Y cuando hasta el duelo deja de ser respetado, resulta imposible conformarnos con estadísticas, discursos o explicaciones. Lo que se necesita son resultados capaces de devolverle límites al crimen y tranquilidad a una sociedad que lleva demasiado tiempo aprendiendo a vivir entre códigos rojos…EN UNO DE los hechos pocos inusuales, porque lo hizo a temprana hora de este lunes, la Fiscalía General de Justicia del Estado reveló en su hipotética versión oficial, en torno a este doble crimen a que todo se derivó a un conflicto entre grupos dedicados al narcomenudeo. Detalló que una de las víctimas respondía al nombre de Carlos Antonio, de 39 años. Su deceso ocurrió en un hospital a donde había sido trasladado. Mientras que Samuel “El Chicho”, de 32 años, como fue identificado inicialmente por amigos que lo auxiliaron, pero quedó sin vida a bordo de un pick up Ford, línea Lobo, doble cabina y color blanco…RESULTA puntual diferir con la institución en cuanto a que el ataque no ocurrió a metros de la funeraria, sino frente a una de las salas de velación, aunque se pretenda atemperar el hecho. Y, la verdad que no sabemos con qué fin, porque esto no va atenuar la gravedad del suceso. Hay que decir que los últimos en llegar a ese cruento escenario fueron precisamente elementos del AMIC, esto, para conocimiento del comisario Carlos Alberto Flores. Siguen llegando tarde. El último párrafo del comunicado de la FGJE refiere que de acuerdo a las indagatorias se ha establecido una relación de una de las víctimas con personas y actividades que son materia de investigación por hechos relacionados con grupos dedicados al narcomenudeo, elemento que forma parte de la actual línea de investigación…LO QUE SÍ ES UNA triste, dolorosa y preocupante situación es que con este doble homicidio la cifra se eleva a veinte ejecuciones, a tres días de que concluya el noveno mes de 2026. Si en agosto hubo 10 ejecutados y en septiembre ya suman 20, el incremento es del 100 por ciento: la cifra se duplicó. Y cuando los homicidios se duplican de un mes a otro, ya no estamos frente a una variación menor, sino ante una señal clara de deterioro que obliga a revisar qué está fallando en prevención, inteligencia y contención. Porque una ciudad no puede normalizar que la violencia crezca al doble en apenas unas semanas. Esto, más que encender las alarmas debe obligar a los operadores policíacos a revisar sus estrategias. La Policía Municipal que dirige Alfonso Tenango Vázquez debe intensificar sus labores de inteligencia policial, lo mismo que la Estatal de Seguridad Pública que dirige el capitán José Guadalupe Martínez Lavareaga. Ejército, Marina y Guardia Nacional tendrán que hacer lo propio bajo sus mandos del General Brigadier José Manuel Guevara Castillo, el almirante Juan Martín Aguilar Morales y el coronel Natanael Camarillo Ramírez, quien es coordinador de la GN en la región del sur de Sonora. No se puede esperar a que esto se complique… LO OCURRIDO en las últimas horas en Cajeme debe encender mucho más que las alarmas. Tres ataques armados en un lapso reducido, personas lesionadas y dos víctimas mortales obligan a preguntarnos si las capacidades actuales de prevención, inteligencia e investigación están siendo suficientes para contener esta nueva escalada de violencia. Todo inició cuando poco después de las 18:00 horas del domingo un hombre baleado llegó a pedir ayuda a la Ussi norte y fue auxiliado por el comandante Rogelio Heriberto Valenzuela Sánchez. Se desconoce dónde fue lesionado y su identidad. Fue llevado en una unidad policíaca a un nosocomio para su atención. Más tarde, a eso de las 21:25 horas se reportaron detonaciones. Sucedió en las calles Puerto La Paz y Puerto de Guaymas en la colonia México. Ahí fue tiroteado el sinaloense Emmanuel de 24 años. En una ambulancia de Cruz Roja se le trasladó a un hospital. Diez minutos después avisaron de disparos en Colima e Hidalgo donde se localiza la funeraria Missión. Y, el epílogo fue de dos hombres ultimados con casi una veintena de balazos…SI ÉSTA tendencia continúa, tendría que valorarse seriamente un reforzamiento extraordinario con participación federal con personal de la Fiscalía Especializada en Materia de Delincuencia Organizada (FEMDO). Es un área estratégica de la Fiscalía General de la República que está a cargo de César Oliveros Aparicio, quien fue designado por la fiscal de la nación, Ernestina Godoy Ramos. Y no hablamos solamente de mandar más patrullas a recorrer las calles, sino de traer capacidad de investigación, inteligencia y operación dirigida contra quienes realmente están generando la violencia. Cajeme ya conoció esquemas de ese tipo…VALE RECORDAR aquella etapa en la que Arturo López Bazán formaba parte de la desaparecida Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada, antes SEIDO. Se trata de equipos especializados que en 2019 participaron en operativos coordinados, respaldados por células de investigación de alto perfil, donde el trabajo previo de inteligencia se traducía después en acciones concretas. Lo mismo podría hacer el equipo de la SSyPC que dirige Omar García Harfuch. Algo de ese modelo hace falta recuperar hoy: investigar primero, identificar objetivos y posteriormente operar con precisión. No necesariamente hay que inventar una estrategia nueva cada vez que la violencia repunta. También hay que saber recuperar aquello que alguna vez dio resultados. Lo bueno se debe quedar. Y si Cajeme necesita nuevamente equipos especializados de carácter federal trabajando coordinadamente con las corporaciones locales y estatales, quizá sea momento de solicitar ese apoyo antes de que las cifras nos obliguen a hacerlo demasiado tarde…Luego seguimos, Dios mediante.

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