El expresidente de México, Felipe Calderón Hinojosa, condenó que su estatua en el Complejo Cultural Los Pinos lleve más de 12 meses tirada en el suelo y que haya sido vandalizada esta semana por un grupo de manifestantes, mientras el participaba en el Foro ‘América Libre’, en la Ciudad de México.
Calderón llamó “miserables” a los responsables del ataque contra la estatua y del abandono, al calificarlo como un acto de provocación y un intento de desviar la atención de los “graves problemas nacionales”, entre ellos las acusaciones contra el empresario Amílcar Olán y la situación de la seguridad.
“La dejaron ahí con la esperanza de que yo me involucrara, como si fuera algo muy importante para mí. Lo que yo tengo es la satisfacción al máximo de mis capacidades y limitaciones por hacer un México mejor”
“De haber tomado decisiones difíciles, costosas también, riesgosas pero que eran necesarias para México, eso es lo que yo tengo en mi conciencia y eso es lo que queda en la memoria de muchos mexicanos. Pero creo que ahora lo que buscan es desviar el tema de Amilcar Olán, del robadero que le hicieron a México”, agregó.
El exmandatario afirmó que no concede un valor personal a la estatua, por lo que considera que el hecho no debe reducirse a un agravio contra su persona; sin embargo, planteó que lo ocurrido expone el trato que, a su punto de vista, reciben quienes tienen posiciones distintas a las del Gobierno.
“Esa estatua… la verdad es que la estatua dice muy poco de mí, pero dice muchísimo de quiénes son ellos, unos miserables”, declaró Calderón en entrevista con Ciro Gómez Leyva para Radio Fórmula.
Esto, al señalar que el lugar cuenta con vigilancia por parte de autoridades federales, entre ellos integrantes de la Guardia Nacional y del Ejército. Por ello, pidió que se deslinden responsabilidades por lo sucedido en la Calzada de los Presidentes.
El expresidente usó el ataque contra la estatua para cuestionar el funcionamiento democrático, al acusar que México se acerca a lo que definió como una “dictadura perfecta”.
En este sentido, describió un sistema que, según su juicio, conserva elecciones y pluralidad formal, pero limita la alternancia, debilita el equilibrio entre poderes y trata a los críticos como adversarios, enemigos o traidores.
Según su planteamiento, el problema de fondo es la percepción de que las agresiones y las violaciones a la ley no tienen consecuencias. Mencionó conductas como insultos, ataques físicos y daños a bienes para describir un ambiente que, dijo, puede extenderse a otros ámbitos de la vida cotidiana.
El expresidente vinculó ese escenario con la violencia que enfrentan mujeres, ciudadanos y víctimas de delitos graves. Aseguró que el Estado debe preservar una “amenaza creíble” de sanción para quien quebrante la ley.



