Por Martín Mendoza
Desde el pasado viernes, el comandante Fabián Barajas Méndez asumió la jefatura de la Agencia Ministerial de Investigación Criminal de Ciudad Obregón.
Relevó en el cargo a Jesús Armendáriz Medina, después de que este permaneció al frente de esa responsabilidad por espacio de un año y medio.
Se cierra así una etapa en la que, pese al trabajo realizado, quedaron pendientes importantes y una deuda que sigue siendo evidente para quienes diariamente acuden ante la institución en busca de respuestas.
Uno de los principales problemas continúa siendo el enorme rezago de carpetas de investigación. Existen homicidios y otros delitos de alto impacto que siguen esperando avances sustanciales.
Además, existen investigaciones que, con el paso de los meses, van acumulándose sin que las víctimas o sus familiares tengan claridad sobre lo que está ocurriendo.
No se trata únicamente de estadísticas: detrás de cada carpeta existe alguien esperando que la autoridad investigadora haga su trabajo y dé resultados.
A eso hay que agregar la atención que durante mucho tiempo ha recibido el ciudadano en la propia base operativa.
Las quejas por falta de información, tardanza o simplemente por no encontrar una respuesta oportuna terminan golpeando directamente la imagen de la AMIC. Una corporación investigadora que debe medirse por la capacidad que tenga para atender, investigar y darle seguimiento a quienes llegan a tocar su puerta.
Por eso, la llegada de Fabián Barajas representa algo más que un cambio de nombre. Su experiencia genera expectativa, pero tampoco sería correcto entregarle reconocimientos por adelantado.
Obregón es una plaza complicada y precisamente por eso necesita una conducción que logre ordenar la casa, revisar rezagos, exigir resultados y darle otro rostro a una base operativa que desde hace tiempo necesita recuperar presencia y, sobre todo, confianza ante la sociedad.



