Martín Alberto Mendoza Salazar
EN CAJEME DE PLANO LA VIOLENCIA NO PARECE TENER DESCANSO; DÍA TRAS DÍA SE SIGUEN SUMANDO VÍCTIMAS, COMO SI EXISTIERA UNA CUOTA QUE LAMENTABLEMENTE SE ESTUVIERA CUMPLIENDO CON PUNTUALIDAD; UNA CUOTA QUE NO SE PAGA CON DINERO, SINO CON SANGRE Y VIDAS HUMANAS; ESTE JUEVES, EL FRACCIONAMIENTO SANTA CECILIA SE CONVIRTIÓ EN VIOLENTO ESCENARIO; UN HOMBRE DE 34 AÑOS FUE ATACADO A BALAZOS FRENTE A SU DOMICILIO; CON ESTE NUEVO ACONTECIMIENTO, EL RECUENTO PRELIMINAR ALCANZA LAS 17 VÍCTIMAS DE HOMICIDIO EN LO QUE VA DE OCTUBRE; DIECISIETE VIDAS PERDIDAS EN APENAS QUINCE DÍAS; UNA CIFRA QUE DEBERÍA ENCENDER TODAS LAS ALARMAS, PERO QUE PARECIERA ESTAR CONVIRTIÉNDOSE EN PARTE DE NUESTRA COTIDIANIDAD; Y ESO ES PRECISAMENTE LO MÁS PREOCUPANTE: QUE ESTEMOS APRENDIENDO A VIVIR ENTRE DETONACIONES, PATRULLAS, AMBULANCIAS Y ESCENAS ACORDONADAS, MIENTRAS LAS FAMILIAS SIGUEN ENFRENTANDO EL TEMOR DE NO SABER QUIÉN SERÁ LA SIGUIENTE VÍCTIMA; NO PODEMOS PERMITIR QUE LA VIOLENCIA SE CONVIERTA EN UNA ESTADÍSTICA QUE SIMPLEMENTE SE ACTUALIZA CADA MAÑANA; DETRÁS DE CADA NÚMERO EXISTE UNA VIDA, UNA FAMILIA Y UNA SOCIEDAD QUE CONTINÚA PAGANDO LAS CONSECUENCIAS DE UNA INSEGURIDAD QUE NO TERMINA; CAJEME NECESITA MUCHO MÁS QUE PRESENCIA POLICIACA DESPUÉS DE LOS HECHOS; NECESITA INVESTIGACIÓN, SEGUIMIENTO Y RESULTADOS. NECESITA ESTRATEGIAS QUE PERMITAN ANTICIPARSE A LA DELINCUENCIA Y NO SOLAMENTE REACCIONAR CUANDO LA TRAGEDIA YA OCURRIÓ; ¿HASTA CUÁNDO SEGUIREMOS CONTANDO MUERTOS EN LUGAR DE CONTAR RESULTADOS?; CAJEME NO PUEDE ACOSTUMBRARSE A VIVIR DE ESTA MANERA; LA SEGURIDAD PÚBLICA NO ES UN TRABAJO DE OFICINA, ES UNA RESPONSABILIDAD QUE NO TIENE HORARIO
DE PLANO, la violencia en Cajeme parece no tener descanso. Día tras día se siguen sumando víctimas, como si existiera una cuota que lamentablemente se estuviera cumpliendo con puntualidad. Una cuota que no se paga con dinero, sino con sangre y vidas humanas. Este jueves, el fraccionamiento Santa Cecilia se convirtió en un violento escenario. Un hombre de 34 años fue atacado a balazos frente a su domicilio, sobre las calles Carlos Pellicer entre Jaime Sabines y Luis Urbina. Cuando llegaron los cuerpos de emergencia, ya no había nada que hacer. Con este nuevo acontecimiento, el recuento preliminar alcanza las 17 víctimas de homicidio en lo que va de octubre. Diecisiete vidas perdidas en apenas quince días. Una cifra que debería encender todas las alarmas, pero que pareciera estar convirtiéndose en parte de nuestra cotidianidad. Y eso es precisamente lo más preocupante: que estemos aprendiendo a vivir entre detonaciones, patrullas, ambulancias y escenas acordonadas, mientras las familias siguen enfrentando el temor de no saber quién será la siguiente víctima… NO PODEMOS permitir que la violencia se convierta en una estadística que simplemente se actualiza cada mañana. Detrás de cada número existe una vida, una familia y una sociedad que continúa pagando las consecuencias de una inseguridad que no termina. Cajeme necesita mucho más que presencia policiaca después de los hechos. Necesita investigación, seguimiento y resultados. Necesita estrategias que permitan anticiparse a la delincuencia y no solamente reaccionar cuando la tragedia ya ocurrió. Porque si algo debe preocuparnos es que octubre siga avanzando y, con él, esa dolorosa cuenta de sangre que pareciera llevar un ritmo diario. La pregunta es inevitable: ¿hasta cuándo seguiremos contando muertos en lugar de contar resultados? Cajeme no puede acostumbrarse a vivir de esta manera. La seguridad no debe medirse por el número de patrullas que llegan después de una ejecución, sino por las vidas que las autoridades consiguen proteger antes de que ocurra. De momento, se han perdido diecisiete vidas en quince días, considerando también el fallecimiento posterior de dos personas que habían resultado heridas en ataques armados anteriores. Una cifra verdaderamente alarmante que pareciera reflejar una dolorosa cuota diaria de sangre, como si la violencia llevara su propia contabilidad y cada jornada tuviera que sumar una nueva víctima… LO QUE DEBÍA ser una noche normal de trabajo terminó en momentos de angustia y confusión para trabajadoras de la maquiladora Kyungshin, luego de que un hombre semidesnudo ingresara a las instalaciones y llegara hasta las líneas de producción sin que, aparentemente, fuera detectado a tiempo por el personal de vigilancia. El incidente ocurrió alrededor de las 11:30 de la noche del jueves, cuando el sujeto habría brincado por una ventana de la caseta de seguridad para introducirse a la planta. Sin camisa ni camiseta, caminó por el interior de las instalaciones, llegó hasta las áreas de producción e incluso se subió a las bandas transportadoras. Durante su recorrido, también tomó un radio de comunicación utilizado por los guardias. La inesperada presencia del individuo provocó momentos de pánico entre las trabajadoras… DEBIDO A ESTO, al menos cinco mujeres sufrieron desvanecimientos en medio de la tensión y tuvieron que recibir atención médica. Dos ambulancias de la Cruz Roja acudieron al lugar para trasladarlas al Seguro Social, luego de que, según la información recabada, la ambulancia de la propia empresa no se encontraba en condiciones de prestar el servicio. Elementos de distintas corporaciones acudieron para atender la situación. Sin embargo, el acceso de los policías a las instalaciones habría sido limitado, permitiéndo el ingreso de una agente de la Policía Estatal de Seguridad Pública, quien tomó conocimiento de los hechos. Más allá del susto, lo ocurrido deja preguntas que la empresa debería responder: ¿cómo logró un desconocido entrar hasta las líneas de producción?, ¿por qué no fue detectado por los guardias?, ¿qué protocolos se activaron para proteger a las trabajadoras? Y, sobre todo, ¿por qué la ambulancia de la maquiladora no estaba disponible para atender una emergencia? No se trata de minimizar lo sucedido ni de especular sobre la condición del hombre, sino de poner sobre la mesa algo fundamental: la seguridad de quienes acuden a ganarse la vida no puede depender de la suerte… PORQUE CUANDO una persona ajena logra ingresar hasta las áreas de trabajo y provoca una situación de esta magnitud, el problema no termina con su salida. También queda la incertidumbre de saber si las medidas de vigilancia y atención a emergencias realmente están funcionando. El cuestionamiento queda en el aire: ¿qué tan segura está una planta industrial si alguien puede entrar, recorrer sus instalaciones y llegar hasta las líneas de producción sin ser detenido a tiempo? Por supuesto que la versión surgió a hurtadillas por parte de las mismas trabajadoras, en virtud del hermetismo por parte de personal de la empresa. Hay una pregunta más: ¿Le corresponde a la Unidad Municipal de Protección Civil revisar los protocolos de seguridad? Sería interesante conocer la opinión de Francisco Mendoza Calderón encargado de esa dependencia…MUCHO SE HA insistido que uno de los grandes problemas que enfrenta Cajeme no solamente está en las calles, sino también en la manera en que algunos mandos policiacos parecen entender la enorme responsabilidad que tienen sobre sus hombros. La seguridad pública no es una empresa constructora, una oficina administrativa ni un negocio particular donde se llega tranquilamente a las ocho y media o nueve de la mañana, se revisan pendientes y se espera la hora de retirarse. Estamos hablando de una responsabilidad donde están de por medio la vida, la integridad y el patrimonio de miles de ciudadanos. Y esto deberían entenderlo perfectamente quienes provienen de instituciones de formación militar, como el capitán de Marina Alfonso Tenango Vázquez, responsable de la seguridad pública municipal de Cajeme. El uniforme, los grados y la trayectoria militar merecen respeto, pero también generan mayores exigencias… HAY QUE DECIR que de nada sirve presumir disciplina si esa disciplina no se traduce en liderazgo, presencia operativa, supervisión permanente y resultados. Y aquí vale la pena recordar a un hombre de aquellos tiempos de la Policía Judicial del Estado: don Jesús Estrada Medina, un jefe de grupo que entendía perfectamente lo que significaba estar al frente de una corporación policiaca. El comandante Estrada Medina que también fue jefe de la Policía Municipal era de esos mandos que desde las cinco de la mañana ya estaban de pie, pendientes de las novedades, de los acontecimientos de la madrugada y de las tareas que debían realizarse. Para cuando muchos apenas comenzaban su jornada, él ya tenía claridad sobre sus objetivos y las responsabilidades de su personal. Pero había algo todavía más importante que su puntualidad: su manera de ejercer el mando. Era respetuoso con sus elementos, con sus compañeros y, sobre todo, con la sociedad. Entendía que la autoridad no se demuestra con gritos, prepotencia ni desplantes, sino con carácter, educación y resultados…NO QUISIÉRAMOS pensar que el comandante Fabián Barajas Méndez, recién llegado a la jefatura de la AMIC en Ciudad Obregón, haya venido a formar parte del elenco de ese espectáculo que algunos ciudadanos ya comienzan a denominar “circo, maroma y teatro”, ante los constantes despliegues policiacos que se observan a cualquier hora del día, de la noche o de la madrugada, mientras la violencia continúa cobrando vidas. Y es que, con un recuento preliminar de 17 homicidios en apenas quince días de octubre, la preocupación es inevitable. Estamos acercándonos peligrosamente a las veinte víctimas y pareciera que cada jornada trae consigo una nueva cuota de sangre. En ese escenario, el responsable de la seguridad pública municipal, ocupa el papel protagónico de una estrategia cuya efectividad merece ser examinada…SE RUMORA que Brenda Verónica Martínez Rodriguez regresó a la Agencia del Ministerio Público de Tránsito donde hace poco fue asignada Martha López Holguín. De esto, debe estar enterado el delegado regional de la FGJE, Ricardo Revilla Celaya. La semana próxima trataremos de obtener informes al respecto…Luego seguimos, Dios mediante.



