Pablo Beltrán

Un águila desplumada

De entre las más nobles instituciones que ha ‘parido’ este país figura, sin lugar a dudas, el Instituto Mexicano del Seguro Social.

Fundado en 1943 por el presidente Manuel Ávila Camacho, el IMSS vino a dar a México no solo la creación de un vigoroso sistema de salud, sino también de seguridad social, con lo cual cambió el rumbo de la nación respecto a la prevención y tratamiento de las enfermedades, así como del retiro digno de los trabajadores a través de un régimen de pensiones y jubilaciones.

Mucho se ha cuestionado si el Seguro Social actualmente se encuentra ‘sano’, ‘enfermo’ o de a tiro en ‘terapia intensiva’, puesto que, desde hace algunos años con la llegada de López Obrador al poder, se vino todo un debate sobre si dónde estábamos parados en el sistema de salud, lo que llegó al extremo de que el entonces mandatario prometiera de inicio que íbamos a estar como Dinamarca, para al final de su sexenio afirmar que ya estábamos mejor que los nórdicos.

Problemas van, problemas vienen, pero el tema del desabasto de los medicamentos ha sido todo un talón de Aquiles, así como la falta de atención oportuna en las consultas, situación que se ha cargado con intensidad en los últimos años. Ambas carencias no se han podido paliar con el discurso político, pues un día sí y otro también, saltan a la luz pública los casos -desde Mérida a Ensenada- en donde los usuarios han pasado las de Caín, terminando en muchos de los casos en ser atendidos por instituciones privadas, las cuales -al igual que las farmacias- han florecido como hongos, ante esa aparición de una especie de Tercera Ley de Newton; lo que ha provocado que muchos de los pensionistas del bienestar ahí terminen gastando sus pocos recursos.

De inicio en la era Obradorista se estrenó como director del IMSS, el conocido Germán Martínez Cázares que, al percatarse de la situación de poca atención a la institución, optó por poner su renuncia sobre la mesa en mayo de 2019, entrando en su relevo Zoé Robledo Aburto, el cual incluso trascendió la administración de AMLO, al ser ratificado por la presidenta Sheinbaum. Robledo ya no ha seguido con esa ‘fiesta danesa’, porque sabe que la realidad es otra, aunque no se sabe a ciencia cierta si el presupuesto no ha rendido o su manejo no es el adecuado.

De la forma que sea, hoy por hoy, el instituto ya no solo se encuentra cuestionado por el usuario externo, pues en los últimos días, la parte interna ha aflorado su inconformidad y gran segmento de la planta trabajadora -incluso médicos y enfermeras- después de exponer sus reclamos, ya han salido a las calles a marchar, lo que no es cosa menor, al grado de que circulan las fotos de que como ‘los héroes del Covid’ fueron agredidos por los granaderos de la Ciudad de México esto hace pocos días, lo que generó gran efervescencia. El martes 13 se dio una manifestación de buen calado por Paseo de la Reforma, estando actualmente con bloqueos en oficinas centrales con su pliego de exigencias. Algo de esto se ha replicado en algunos puntos del país, exigiendo la renuncia del líder sindical, al cual consideran solo un amanuense del director general.

En síntesis, se dice que se pretende por la base trabajadora un aumento directo del 10% al salario (se acaba de rechazar en consulta un aumento menor), el abasto de medicamentos e insumos, evitación de la sobrecarga de trabajo a través de más contrataciones, la solicitud del regreso del régimen de jubilaciones y pensiones dejando de lado el esquema de las cuentas individuales de las Afores, sin dejar de mencionar, su inconformidad latente con el sindicato, al cual ya no ven como un defensor de la clase trabajadora, ya que por el momento en la revisión salarial no se advierte que haya metido el hombro, a tal grado que se exige la renuncia del doctor Rafael Olivos, actual secretario general.

Y aunque la marcha del martes por avenida Reforma fue minimizada por el ‘establishment’, se dice que para el miércoles 21 de este mes se encuentra programada la segunda marcha nacional, con mayor contundencia.

Ya no se trata de ver de qué cueros salen más correas, de entre la dirigencia del IMSS, líder nacional del sindicato o trabajadores, ya que lo que el pueblo mexicano seguramente desea es que haya empleados de la salud bien remunerados dando el mejor rostro y atención a los pacientes y enfermos, que haya los suficientes equipos, medicamentos y materiales de curación para todo tipo de padecimientos y que ya no haya tragedias innecesarias por la falta de insumos o bien por negligencias, que en muchos de los casos son desencadenadas también por la sobrecarga de trabajo.

Cuando se diseñó el símbolo del IMSS -por Salvador Zapata- al nacimiento de la institución, se dijo oficialmente que el águila simboliza la protección del Estado Mexicano, la fuerza y una figura vigilante que cuida a la comunidad. Que sus alas abiertas cubren y resguardan a una madre que sostiene y alimenta a su hijo, lo cual representa la ternura materna, el calor humano, la naturalidad y el apoyo a la sociedad.

Hoy en día esa águila -a como se ven las cosas-, se encuentra algo desplumada y sin ellas la protección humanista ha quedado al garete; por lo que es más que urgente una buena revisión de fondo del sistema de salud como prioridad en la agenda nacional, ya que la vida es el bien de mayor entidad dentro de la axiología.

Y la pregunta ciudadana de cierre: ¿pudiéramos estoicamente seguir con el sistema de salud actual o realmente se ocupa de ‘cirugía mayor’?…

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