Martín Alberto Mendoza Salazar
EN CAJEME MIENTRAS VIOLENCIA COBRA VIDAS, AL INTERIOR DE LA SECRETARIA DE SEGURIDAD PÚBLICA MUNICIPAL PARECE ESTAR CRECIENDO OTRO PROBLEMA IGUAL DE PREOCUPANTE; SE TRATA DEL DESCONTENTO DE LOS PROPIOS POLICÍAS QUE ASEGURAN SENTIRSE DESMOTIVADOS; ASEGURAN QUE SON POCO RECONOCIDOS Y SOMETIDOSA MANDOS QUE, LEJOS DE FORTALECER LA CORPORACIÓN ESTARÍAN DEBILITANDO SU CAPACIDAD OPERATIVA; EN EL LLAMADO RADIOPASILLO COMIENZA A ESCUCHARSE UNA INCONFORMIDAD EN ECO DE QUE LOS MANDOS DEBERÍAN TOMAR MUY EN SERIO; ELEMENTOS QUE ARRIESGAN LA VIDA, DETIENEN DELINCUENTES Y CUMPLEN CON SU TRABAJO AFIRMAN QUE SUS ESFUERZOS PASAN INADVERTIDOS; ATRÁS QUEDARON AQUELLOS TIEMPOS EN QUE LOS BUENOS RESULTADOS PODÍAN TRADUCIRSE EN ASCENSOS, ESTÍMULOS Y OPORTUNIDADES DE CRECIMIENTO PROFESIONAL; HOY, SEGÚN ESTAS VOCES, EL RECONOCIMIENTO PARECE RESERVARSE PARA QUIENES OCUPAN LOS ESCRITORIOS Y APARECEN FRENTE A LAS CÁMARAS; LOS SEÑALAMIENTOS ALCANZAN DIRECTAMENTE AL COMISARIO ALFONSO TENANGO VÁZQUEZ Y AL DIRECTOR OPERATIVO ERICK GABRIEL CAMPOS GONZÁLEZ, SOBRE QUIENES SE ESCUCHAN COMENTARIOS DE PRESUNTOS MALOS TRATOS, FALTA DE LIDERAZGO Y UNA PREOCUPANTE DESCONEXIÓN CON LAS NECESIDADES DEL PERSONAL; SON INCONFORMIDADES QUE MERECEN INVESTIGARSE Y ATENDERSE, PORQUE UN CUERPO POLICIAL NO SE FORTALECE CON IMPOSICIONES, DESPLANTES DE AUTORIDAD NI PROTAGONISMOS PERSONALES; TITULAR DE SSPM, DEBERÍA PONER ESPECIAL ATENCIÓN EN UNA DE LAS ÁREAS MÁS SENSIBLES DE LA INSTUTUCIÓN: LA UNIDAD ESPECIALIZADA EN ATENCIÓN AL MENOR; SALTAN SERIOS SEÑALAMIENTOS DEL PERSONAL
MIENTRAS QUE LA violencia cobra vidas en Cajeme, al interior de la Secretaría de Seguridad Pública Municipal parece estar creciendo otro problema igual de preocupante que es el descontento de los propios policías, quienes aseguran sentirse desmotivados, poco reconocidos y sometidos a mandos que, lejos de fortalecer a la corporación, estarían debilitando su capacidad operativa. En el llamado radiopasillo comienza a escucharse una inconformidad en eco de que los mandos deberían tomar muy en serio. Elementos que arriesgan la vida, detienen delincuentes y cumplen con su trabajo aseguran que sus esfuerzos pasan inadvertidos. Atrás quedaron aquellos tiempos en que los buenos resultados podían traducirse en ascensos, estímulos y oportunidades de crecimiento profesional. Hoy, según estas voces, el reconocimiento parece reservarse para quienes ocupan los escritorios y aparecen frente a las cámaras. Los señalamientos alcanzan directamente al comisario Alfonso Tenango Vázquez y al director operativo Erick Gabriel Campos González, sobre quienes se escuchan comentarios de presuntos malos tratos, falta de liderazgo y una preocupante desconexión con las necesidades del personal. Son inconformidades que merecen investigarse y atenderse, porque una corporación policial no se fortalece con imposiciones, desplantes de autoridad ni protagonismos personales…Y EN TANTO ESTO sucede, las calles siguen hablando con sangre. Este miércoles, se reportaron nuevos ataques armados en Ciudad Obregón y Esperanza, con un saldo preliminar de dos personas fallecidas y una lesionada. Una jornada que vuelve a poner sobre la mesa la distancia entre el discurso institucional de seguridad y lo que diariamente enfrenta la población. Pero hay otro planteamiento que comienza a cobrar fuerza entre quienes conocen la realidad de Cajeme: la necesidad de contar con mandos civiles, con experiencia, capacidad operativa y verdadero conocimiento del municipio y de sus habitantes. Personas que comprendan la problemática de nuestras colonias, que conozcan a sus policías y que entiendan que la seguridad no se construye desde un escritorio ni mediante decisiones alejadas de la realidad de las calles…EN CAJEME EXISTEN hombres y mujeres con amplias capacidades, preparación y trayectoria en materia de seguridad pública. Incluso, voces cercanas al ámbito policial nos comentan que la necesidad de revisar el actual modelo de mando es cada vez más evidente, con la intención de recuperar la confianza institucional y retomar el control de la ciudad. Aquí surge una contradicción que los responsables de la seguridad municipal no pueden seguir ignorando: ¿cómo exigir resultados extraordinarios a policías que aseguran sentirse maltratados, desmotivados y sin posibilidades reales de reconocimiento? El uniforme representa autoridad, pero quienes lo portan también necesitan respaldo, respeto y condiciones dignas para cumplir con su responsabilidad…POR ELLO, resulta indispensable abrir una discusión seria sobre el perfil de quienes encabezan la corporación, el trato que recibe el personal y la posibilidad de incorporar mandos civiles con experiencia acreditada y arraigo en Cajeme y lo interesante es que, sí los hay, incluso dentro de la corporación. Solo habría que recordar que en la administración 2012-2015, el entonces secretario de Seguridad Pública Municipal, Fernando Isaac Apodaca Lauterio, en repetidas ocasiones afirmó que la institución cuenta con personal capacitado y preparado para dirigir la corporación. A su juicio, expuso que no habría necesidad de importar mandos. No hay que olvidar que cuando un policía pierde la motivación, la corporación pierde fuerza; cuando los mandos pierden la confianza de sus elementos, la institución comienza a fracturarse. Y cuando todo eso ocurre en un municipio golpeado por la violencia, quienes terminan pagando las consecuencias son los ciudadanos… ¡QUÉ BUENO QUE YA VAMOS a acabar con la delincuencia! Al menos eso pareciera desprenderse del entusiasmo con el que la Fiscalía General de Justicia del Estado de Sonora anuncia la vinculación a proceso de tres influencers por presunta apología del delito y de un vicio, tras promocionar productos derivados de la marihuana en redes sociales. Que se investigue lo que deba investigarse, nadie lo discute. Pero mientras las autoridades exhiben este resultado, en Cajeme octubre cerró con más de 30 muertes violentas y en cinco días de octubre ya suman cuatro ejecuciones, según recuentos periodísticos, además con cinco personas heridas en tres ataques armados. Entonces, ¿dónde están las prioridades de la persecución penal? No se trata de defender la promoción de las drogas ni de restarle importancia a la prevención. Se trata de exigir proporcionalidad, resultados y una verdadera política de investigación criminal…LA FISCALÍA PRESUME más de 15 datos de prueba para conseguir una vinculación a proceso por publicaciones en redes sociales. Está bien. Pero sería igualmente importante conocer cuántos homicidios se han esclarecido, cuántas estructuras criminales han sido desarticuladas y cuántos responsables de delitos de alto impacto han recibido una sentencia condenatoria. Porque una cosa es conseguir una vinculación a proceso y otra muy distinta es combatir eficazmente la criminalidad. La Fiscalía tiene facultades para investigar estos hechos, pero también tiene la obligación de rendir cuentas sobre aquellos delitos que siguen costando vidas. La sociedad no necesita espectáculos judiciales ni triunfos anticipados en comunicados oficiales; necesita investigaciones sólidas, justicia para las víctimas y resultados que se reflejen en las calles. Porque perseguir lo que aparece en una pantalla puede generar titulares, pero enfrentar a quienes siembran el terror es lo que verdaderamente pone a prueba a una institución encargada de procurar justicia, al menos que el Fiscal del Estado, Gustavo Rómulo Salas Chávez, tenga otra óptica de la grave situación que enfrenta este municipio. Y, no creemos que sean “Picos” de violencia como en más de alguna ocasión así lo consideró, cuando llegamos a vivir una situación similar. Sobre este mismo tema el Vicefiscal de Investigaciones de la FGJES, Jesús Francisco Moreno Cruz, afirmó que las indagaciones contra los tres creadores de contenido digital continúan su marcha. Habrá que esperar a que se agoten las pesquisas…EN OTRA VERTIENTE, el titular de la SSPM, capitán Alfonso Tenango Vázquez, debería poner especial atención en una de las áreas más sensibles de su corporación: la Unidad Especializada en Atención al Menor, bajo la responsabilidad de Miriam Ofelia Tapia Rodríguez. Y es que, después de reconocer públicamente que al menos 27 adolescentes han sido detectados involucrados en actividades delictivas durante los últimos meses, resulta indispensable revisar qué se está haciendo verdaderamente en materia de prevención y, sobre todo, cómo se encuentra trabajando el personal encargado de esta importante tarea. Porque en el llamado radio pasillo comienzan a escucharse con insistencia versiones nada favorables sobre el ambiente laboral que presuntamente prevalece en esa unidad. Se habla de malos tratos, actitudes prepotentes, humillaciones y decisiones que estarían deteriorando la armonía entre los trabajadores. Pero hay algo todavía más delicado: circula la versión de que su responsable se sentiría respaldada por la influencia de un familiar, circunstancia que, según esos comentarios, la habría convertido prácticamente en una funcionaria intocable, a quien nadie puede remover del cargo. Una percepción que, aunque requiere comprobarse, resulta suficientemente preocupante como para exigir una revisión institucional. Porque ningún servidor público debe sentirse protegido por apellidos o parentescos. Mucho menos utilizar esa percepción de respaldo para ejercer un mando autoritario o tratar al personal como si estuviera a su disposición personal. Si estas versiones tienen sustento, estaríamos frente a una situación que exige la intervención inmediata de los superiores jerárquicos. Sería conveniente que Tenango acudiera personalmente a esa unidad, escuchara a sus trabajadores en privado y verificara las condiciones en las que desempeñan sus funciones, garantizando que nadie sufra represalias por expresar sus inconformidades. Resulta difícil concebir una estrategia efectiva para rescatar a nuestros adolescentes de las organizaciones criminales cuando precisamente en el área encargada de su atención y prevención existen señalamientos de un ambiente laboral deteriorado. Una unidad de esta naturaleza necesita liderazgo, sensibilidad y coordinación, no temor ni imposiciones. Y si alguien considera que su permanencia depende más de sus relaciones familiares que de sus resultados, corresponde a la autoridad demostrar que dentro de la corporación nadie está por encima de la supervisión institucional…Luego seguimos, Dios mediante.




