Este año se está conmemorando el aniversario 40 de la llamada ‘Fernandomanía’ que inició a partir de 1981, justo cuando Fernando Valenzuela entró a ligas mayores por la puerta grande, al dársele el honor de abrir el juego inaugural, en lugar de Jerry Reuss, que físicamente no estuvo en condiciones de iniciar las hostilidades, por estar lesionado y cuando Tom Lasorda volteó a ver a su bullpen, este era un hospital y el menos delicado era Burt Hooton que tenía una uña enterrada de un pie.

Casualidad o destino, pero la Fernandomanía ya venía a pasos agigantados, como ola de la divinidad, pues pareciera que el mismo pitcher mexicano la llamara o la veía venir, al mirar al cielo con cada lanzamiento. Ese año del 81, el sonorense acabó con el cuadro en ligas mayores, al hilvanar varios triunfos en línea y lo mejor logrando de ellos cierres y blanqueadas, haciendo gala del tirabuzón su lanzamiento estrella que hizo ver mal a temibles bateadores de la década de los setentas y ochentas.

Bueno y porque ¿Fernandomanía? El término arropa a un fenómeno socio cultural y deportivo que se dio en la fanaticada de Dodgers de Los Ángeles con las grandes faenas del lanzador mexicano, que extrapoladas al ambiente taurino, dignas de rabo y orejas, como los grandes toreros.

El estadio Chavez Ravine de Los Ángeles, donde se gestó la ‘Fernandomanía’, fue abarrotado por miles de aficionados latinos de las inmediaciones del inmueble, aspecto que tradicionalmente no ocurría, pues era una población con rencor y dolor ciudadano, debido al desplazamiento urbano que padecieron varios núcleos familiares, para precisamente edificar la hoy llamada casa del Dodgers, pero la ‘Fernandomanía’ hizo olvidar esos tragos amargos, favoreciéndose la unión de grupos latinos y mejorar la relación con grupos anglosajones, para ir a gritar en unísono al estadio.

La ‘Fernandomanía’ permeó hasta los niveles políticos de altas esferas, pues ese mismo año el lanzador de Etchohuaquila Sonora fue invitado de honor a la Casa Blanca en el encuentro de los presidentes José López Portillo y Ronald Reagan quien fuera también actor y solo faltó que éste último lo llevara a alguna actuación de Hollywood. El manejo de la Política de Inmigración siempre ha sido un tema en la carpeta de los presidentes norteamericanos y curiosamente meses después de ese encuentro emotivo de Washington, el presidente Reagan firmó documentos de esa temática que dormían el sueño de los justos, para favorecer adelantos en inmigración latina.

EL grupo musical sueco ABBA tuvo en 1976 el éxito ‘Fernando’, que se adoptó como música de fondo cada vez que el lanzador calentaba el brazo, en fin, hubo tantos pasajes inolvidables en los 10 años en que se vivió a plenitud el también fenómeno cultural. Como todo en la vida, a pesar del éxito inobjetable del pelotero y del alud que significó la ‘Fernandomanía’, hubo voces latinas que, por malinchismo, negaron que nuestro lanzador fuera el actor principal de ésta y que más bien la ‘Fernandomanía’ era producto del responsable de Mercadotecnia del Dodgers, tan así que más bien el mercadólogo debiera estar en el Salón de la Fama, en lugar del pitcher mexicano.

Nunca faltan los prietitos en el arroz cuando un ser humano se encumbra y por otra parte la ‘Fernandomanía’ también incluyo a miles de aficionados norteamericanos, convirtiéndose así, en un fenómeno cosmopolita, pero no faltaron las voces allende las fronteras, que negaran dicho fenómeno por culpa del intratable racismo que aún padecen núcleos poblacionales. El hecho de que el Dodgers aún no ha retirado oficialmente el número 34 de la casaca de Fernando, es otro de los prietitos en el arroz y es que el equipo californiano tiene una política no oficial de retirar solo los números de jugadores ya elegidos para el Salón de la Fama.

lo cual es una verdad a medias, ya que el cátcher Mike Piazza ya inmortalizado en Cooperstown, no se le ha retirado su número y a Jim Gilliam se le retiró meses después de morir en 1978, sin haber pisado el sitio inmortal de entronización. La política de Dodgers es igualada por la tercera parte de los escuadrones de ligas mayores, de hecho, la actuación del Dodgers en cuanto éstas decisiones no es unánime dentro del plantel directivo, principalmente de la familia O’ Malley. Sin embargo, la situación no está tan deprimente, ya que funcionalmente el número 34 está retirado porqué jamás nadie lo ha usado desde que Valenzuela se despidió del equipo y eso es un gran Honor que no han tenido otros Dodgers, como Steve Garvey, Mike Piazza, Maury Wills y los exmanagers Leo Durocher y Walter Alston.

Finalmente, el prietito más grande es el hecho de que no ha logrado ser elegido para el lugar que merece estar; allá en un nicho inmortal de Cooperstown, todo debido al juicio más gélido que la frialdad de los números. Si bien estos son importantes y son como la llave de abrir la puerta, existen muchas situaciones circunstanciales que determinan los números de un pelotero para bien o para mal. Fernando terminó con 173 victorias y 153 derrotas, a solo 27 victorias de la línea que marca la inmortalidad y es que con mucha frecuencia los números no dicen el todo del jugador, cuando dejó cuerpo, alma y corazón en cada actuación.

El pelotero no es solo números fríos, sino que debe analizar las contribuciones humanas y socioculturales de su vida por el diamante, como es el caso de la ‘Fernandomanía’ que lo dice todo. Afortunadamente soplan nuevos vientos en el Salón de la Fama, pues el modus operandi habitual d elección a través de la sociedad norteamericana de escritores de béisbol es muy vetusto y no satisface del todo y tiende a la injusticia y al deshonor para mucho jugador que tiene las cualidades necesarias para ser palomeado y ya empiezan a entrar en acción otras corrientes ideológicas como la de la asamblea de Veteranos que se ha fortalecido y ya se hace llamar Comité de la era Moderna y ya han aparecido nombres como los de Harold Baines y Lee Smith que dieron grandes contribuciones al béisbol y por ahí podría colarse el Dodger de los 50´ Don Newcombe y bueno la Fernandomanía sigue viva y no ocupará presentación, de seguro permeara también los salones históricos del Salón de la Fama.

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