Martin Alberto Mendoza / MO

A más de once meses que asumió la secretaría de Seguridad Pública, Cándido Tarango Velázquez, continúa sin cumplir el compromiso de restituir la paz y el orden en el municipio, luego de que esté sábado se alcanzó un nuevo récord de asesinatos, en Cajeme.

El anochecer del sábado, un menor de 17 años, en la colonia Benito Juárez fue agredido de un balazo en la cabeza frente a un domicilio donde se celebraba una fiesta.

Fue llevado con vida por paramédicos de Cruz Roja al Hospital General y cuatro horas más tarde falleció, convirtiéndose en el ejecutado número ochenta de octubre.

El fracaso de Tarango Velázquez, en la Policía de Cajeme, quedó marcado desde el mismo inicio de su gestión, aquel domingo 29 de noviembre en que era su segundo día de trabajo y no acudió a laborar.

Esto, pese a que un día antes protestó ante el Pleno del Cabildo como comisario de la Policía Municipal con la encomienda de esforzarse incansablemente para regresarle la serenidad al municipio.

Ese domingo, en la colonia Sochiloa, se registró un ataque armado que dejó dos hombres sin vida y un menor baleado, víctima colateral de la ya incesante violencia.

A partir de ese momento, la sociedad cajemense no vio con buenos ojos el que no se haya presentado a laborar y lo hiciera cómodamente hasta el lunes.

Eran días difíciles, como los actuales con una desbordada vorágine criminal violencia y prueba de ello es que durante los tres últimos días de noviembre se cometieron ocho ejecuciones.

Después le siguió diciembre con otras 55 muertes violentas, por lo que al iniciar el 2021, el capitán de fragata de la secretaría de la Marina, comenzó a pedir un voto de confianza hacia la ciudadanía.

En su momento, se definió como un mando policíaco operativo, aunque eran pocas las veces que se le observaba en los escenarios de trágicos acontecimientos.

Terminó enero con sesenta crímenes y la población comenzó a cuestionar su desempeño, al no existir el menor matiz que el panorama cambiaría.

Sin embargo, insistía en que iba a combatir la delincuencia para que regresará la tranquilidad a Cajeme que tuvieran confianza en que así habría de suceder.

Incluso en reuniones con mandos medios, dejó en claro que él y personal de la secretaría de la Marina, se encargaría de atacar los grupos delincuenciales con apoyo de la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada (Seido).

Les advirtió que si alguien andaba en “malos pasos” que se pensaran bien porque él no metería las manos al fuego por nadie y que le gustaría que nadie saliera involucrado.

Pese a ello, no sucedió nada, por el contrario la tendencia comenzó a elevarse en comparación a cifras de años anteriores.

Se fue febrero con 55 y marzo con 49 homicidios, pero cada vez se le observaba menos en la calle sin encabezar ningún tipo de operativos.

Igualmente concluyeron abril y mayo con 58 asesinatos cada uno, pero, para entonces comenzó a buscar culpables.

Primero criticó a los adultos por hacerse acompañar por menores de cuando, según él andaban distribuyendo droga.

Lo anterior ocurrió, cuando una pareja de niños de 4 y 9 años, resultaron lesionados con esquirlas de bala, en una agresión armada ocurrida en la colonia Misión del Sol dos.

La ola de muertes continuó en junio con ligera disminución al cerrar el mes con 39 ejecutados, pero la historia cambió en julio al registrarse un nuevo récord de crímenes con 79.

Superó a junio del 2019, cuando se cometieron 68 muertes violentas, cifra de la que jamás se tenía registro alguno en los anales históricos de Cajeme.

Siguieron agosto y septiembre con 60 y 62 homicidios, mientras el jefe militar no dejaba de culpar a las familias de lo que estaba sucediendo.

Señaló que las muertes se derivan del consumo de droga y que los familiares tienen que denunciar a sus seres queridos para ellos actuar.

En ningún momento implementó filtros de revisión como parte de una estrategia de vigilancia y prevención del delito.

Prefirió dedicarse a molestar a motociclista con retenes que convirtió en una verdadera pesadilla, más que cacería, meramente recaudatoria, aunque al principio trató de engañar a la comunidad calificando los filtros de preventivos.

Al crecer la molestia y rechazo de la población, de un día para otro desaparecieron al surgir airadas protestas de la ciudadanía.

Al término del mes de octubre se alcanza un nuevo récord de asesinatos con ochenta, ante el desquicio y decepción de la comunidad que, desde julio en que se llegó al récord anterior comenzó a pedir su destitución como jefe policíaco.

Ahora que la situación se ha tornado más caótica y compleja las familias insisten en la salida de Tarango Velázquez y su equipo de Policía y Tránsito Municipal.

Su fracaso es evidente y temen que mientras permanezca al frente de la seguridad de los cajemenses, el panorama será adverso como ha ocurrido desde su llegada a la corporación.

Igualmente, se le atribuye que por conflictos de carácter haya terminado con la coordinación que la Policía Preventiva y Tránsito Municipal, sostenía con otras instituciones policiales y el Ejército Mexicano.

La descoordinación ha traído consigo un mayor ambiente de inseguridad e indefensión a la población, por lo que ahora se espera que el alcalde, Carlos Javier Lamarque Cano, instrumente las acciones necesarias para mejorar la seguridad pública.

Lo mismo se espera de los integrantes del máximo Órgano Colegiado del Gobierno Municipal, debido a la ineptitud y negligencia de altos mandos de la institución encargada de vigilar y prevenir los delitos, ya que no han demostrado el más mínimo interés e importancia por lo que aquí sucede.

Han incurrido en graves decisiones, al designar como mandos medios a gente inexperta y sin convicción de servicio.

Debido a ello no solo las ejecuciones, privaciones ilegales de la libertad, secuestros, despojos y robos en general estén a la orden del día y se viva bajo un ambiente de incertidumbre que jamás había existido.

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