SIGUE LA barbarie en Cajeme. La narcoviolencia se acrecienta y la impotencia se eleva a todos los niveles y sectores de la población, mientras que las autoridades mantienen esa danza de palos de ciegos, sin atender con el menor de los éxitos el creciente fenómeno de la inseguridad. Durante el sábado, se consumaron otros tres asesinatos, uno de estos, contra joven mujer. Su acompañante quedó gravemente herido, en hechos registrados en plena tarde, en la colonia Valle Verde. El caso más impactante se produjo en un parque ubicado en bulevar Las Torres entre Ríos Moctezuma y San Miguel, en la colonia Libertad, donde fue localizado un cuerpo decapitado. La cabeza estaba colgada en un columpio y el resto del cuerpo en una bolsa negra y en otra de color azul donde dejaron un breve mensaje, provocando desbordado impacto psicológico entre las familias del sector que, al igual que el resto de la población, difícilmente se podrá acostumbrar a compaginar con la muerte y menos en esas circunstancias, debido a la honda conmoción y naturaleza del escalofriante suceso porque no se le puede considerar de otra forma. Ahora bien, por supuesto, que estos episodios se derivan, en gran medida, debido al vacío de autoridad y a la ausencia total de los encargados de la vigilancia y prevención del delito. De plano no se sabe a ciencia cierta a que se dedican quienes tienen la obligación y el deber de velar y custodiar cada uno de los rincones de la población, ya que sí en realidad cumplieran con ese objetivo los presuntos responsables de cometer semejantes delitos no actuarán a su libre albedrío como lo hacen, pero pareciera que para los guardianes del orden público es más importante y remunerativo el estar parando carros bajo cualquier pretexto para “bajarlos” de diversas sumas de dinero que cumplir con los recorridos de vigilancia y esto propicia que no se cumpla con la presencia policíaca como sucedió en ese sitio la noche del sábado… Y CONSTE, que a partir del sábado se reforzó la presencia, tanto en el cuadrante tres como en el cuatro, con la designación del comandante Rubén Romero Márquez, quien fue movilizado de la Delegación de Quetchehueca a esos sectores del sur de Ciudad Obregón, en apoyo a los comandantes Miguel Roberto Beltrán Cuamea y Marco Antonio López Herrera, y paradójicamente en ambas demarcaciones se cometieron dos de los tres crímenes perpetrados este sábado. Se espera que en lo sucesivo se mejoren las condiciones de seguridad con el reforzamiento de los operativos que, seguramente, implementará Romero Márquez porque su capacidad está a la vista de todos y no porque sea “El Papi chulo”, como le llaman sus amigos le están confiriendo esa encomienda, así que tendrá que responder con creces, además que siempre ha mostrado singular temple en situaciones de elevado riesgo. De tal forma, se espera que pronto surjan esos resultados que se están tardando en llegar para atenuar la ola de crímenes con que inició el llamado “mes patrio”, ya que hasta los primeros tres días se habían registrado ocho homicidios… LO ANTERIOR SE produce ante la incólume postura de la Fiscalía General de Justicia del Estado (FGJE) que mantiene indiferente postura en la crisis de inseguridad que atraviesa el municipio. No se sabía de ningún detenido, lo que ha provocado enorme desilusión del nulo desempeño de la Agencia Ministerial de Investigación Criminal (AMIC), en virtud que en nada se parece al pujante rostro de trabajo que venía mostrando semanas atrás y que ahora esté convertido en un “elefante blanco”, gracias a esa tibia inacción que para nadie es un secreto, evidenciándose que de plano se echaron la cola al hombro y lo más grave del asunto es que no tienen para cuando reaccionar en la persecución de quienes impunemente sostienen una marabunta de homicidios. No sabemos qué le pasó al jefe de grupo, Ramsés Arce Fierro que ahora de manera esporádica se les observa en los llamados de alto impacto, cuando anteriormente acudía a todos, por lo que resulta primordial y necesario analizar la actitud de los operadores policíacos en estos momentos en que la criminalidad se ha disparado justamente a causa de la capacidad de reacción de las autoridades y ni modo de pedir al nuevo comisario general de la AMIC, Carlos Alberto Flores que se movilice a Cajeme y ponga en marcha algún operativo, cuando no ha mostrado ni siquiera la sencilla disposición de recorrer las bases operativas y conocer a su personal, además de que llegó precedido de muy mala fama de la que seguramente ya es del dominio público la comunidad sonorense, pero ni hablar… POR OTRO lado, no hay otra más que seguir esperando a ver hasta cuándo se digna en responder a las expectativas de justicia la fiscal estatal, Claudia Indira Contreras Córdova y sus “intocables” Vicefiscales de los que no se hace ni uno. Lo bueno es que ya dejaron por la paz el asunto el menor asesinado en Hermosillo. Se espera que ahora tengan tiempo para voltear y trabajar para Cajeme sin tantas adulaciones sino con hechos palpables y contundentes y, sino no pueden tan sencillo que mejor dimitan a su cargo que le harían enorme favor a la sociedad sonorense y con la llegada de gente más pulcra y con mística de servicio esto podría mejorar radicalmente… AYER NOS COMENTABA un jurisconsulto que hace dos que tres años se jubiló como oficial de la AMIC que el tema de la criminalidad se puede combatir con un buen grupo de policías investigadores decididos a todo tal y como en su momento realizaron operativos para erradicar las gavillas de delincuentes que venían operando en la zona serrana desde Rosario Tesopaco hasta Yécora. Las acciones fueron dirigidas en su momento por el ex comandante ya jubilado, Raúl Guillén Rodríguez, y el extinto jefe de grupo, Francisco Javier Angulo Torres y otros altos mandos policíacos que subieron a la sierra por esos peligrosos asesinos y no bajaron hasta acribillar a quienes se rehusaron a rendirse y capturar a aquellos que terminaron por entregarse a la justicia. No fue una tarea nada sencilla, pero se impuso la voluntad y decisión, dos conceptos que todavía resultan indigeribles para quienes malamente forman parte de la fiscalía estatal… HAY QUE DECIR que es justo reconocer que el pasado lunes 29 de agosto, se cumplieron cuatro años del artero asesinato del ex comandante, Francisco Javier Angulo Torres, al ser abatido a tiros sobre la calle Meridiano entre 600 y 700, Valle del Yaqui. Se defendió hasta el último halo de su existencia, pero lamentablemente fue superado por un grupo de criminales. Su muerte sigue impune como muchas otras más. Se dirigía a su natal, Pueblo Yaqui, cuando prácticamente fue emboscado y aun así les dio la batalla a sus victimarios. La carpeta de investigación de su muerte duerme el sueño de los justos, gracias a la corrupción que siempre ha prevalecido en esa institución que, hoy como nunca está rebasada por el crimen y esto deben saberlo quienes buscan gobernar al país y no se dejen engañar que Sonora tiene un modelo de justicia, pero, tal parece que a favor de la delincuencia. Los acontecimientos son más que claros y contundentes… NO SOLO LAS ejecuciones brillan en su máximo esplendor, sino que los robos a mano armada se mantienen con similar tendencia en los cuatro puntos cardinales del municipio de Cajeme, sin que a algunos mandos medios esto parezca interesarles. Más delante les compartiré detalles de estos personajes que ya resulta necesario ser removidos, pero lo dejaremos para otro despacho… Luego seguimos, Dios mediante.

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