Martín alberto Mendoza Salazar
DESAPARECE EXPOLICÍA PREVENTIVO Y ESTO HA DETONADO UN INCREMENTO EN LA ATENCIÓN OPERATIVA Y EN LA PERCEPCIÓN DE ALERTA EN LA LOCALIDAD; EL ACONTECIMIENTO HA TENIDO IMPACTO NO SOLO EN EL ÁMBITO POLICIAL, SINO TAMBIÉN EN EL ENTORNO SOCIAL Y EN EL ÁNIMO GENERAL DE LA COMUNIDAD; DICHO SUCESO DEBE ENTENDERSE EN UN CONTEXTO MÁS AMPLIO, EN EL QUE DIVERSOS ACONTECIMIENTOS RECIENTES HAN VENIDO CONFIGURANDO UN ESCENARIO DE TENSIÓN ACUMULADA; SU DESAPARICIÓN YA DEBE ESTAR EN MANOS DE LA FISCALÍA GENERAL DE JUSTICIA DEL ESTADO (FGJE) POR LO QUE HABRÁ QUE ESPERAR EL CURSO DE LAS DILIGENCIAS INDAGATORIAS; SU AUSENCIA SE DA EN MEDIO DE VIRULENTOS EPISODIOS QUE DIFÍCILMENTE PUEDEN PASAR INADVERTIDOS; CONTINÚA IMPACTANDO CRIMEN DE JOVEN OCURRIDO EN FRACCIONAMIENTO LAS TORRES; UNA VEZ MÁS, LA JUVENTUD QUEDÓ ATRAPADA EN UNA TRAGEDIA QUE PARECE NO ENCONTRAR FRENO; LO QUE AGRAVA ESTE CASO NO ES ÚNICAMENTE LA PÉRDIDA DE UNA VIDA, SINO LA BRUTAL FEROCIDAD CON LA QUE SE EJECUTÓ EL HOMICIDIO; EN REDES SOCIALES CIRCULÓ LA MANERA EN QUE FUE PRIVADO DE LA VIDA EL JOVEN; SE EVIDENCIÓ QUE, TRAS LA AGRESIÓN ARMADA, EL CUERPO FUE ARROLLADO CON UN VEHÍCULO; NO COMO UN ACCIDENTE NI COMO UN ACTO DESESPERADO; SINO COMO PARTE DE UNA HUIDA FRÍA Y CALCULADA; CARENTE DE CUALQUIER ATISBO DE ARREPENTIMIENTO; MÁS ALLÁ DE LAS LÍNEAS DE INVESTIGACIÓN QUE HOY SE SIGUEN; LO VERDADERAMENTE ALARMANTE ES LA NORMALIZACIÓN DE ESTE TIPO DE SUCESOS; LA CAPACIDAD DE ASOMBRO PARECE HABERSE EROSIONADO AL MISMO RITMO QUE SE ACUMULAN LAS VÍCTIMAS; SE PERCIBE UNA SOCIEDAD QUE, PELIGROSAMENTE, COMIENZA A ACOSTUMBRARSE A LA HOSTILIDAD; CAJEME NO NECESITA CONSIGNAS, NECESITA RESULTADOS; SIN EMBARGO, DESEMPEÑO DE AGENCIA MINISTERIAL DE INVESTIGACIÓN CRIMINAL (AMIC) CONTINÚA SIENDO INSUFICIENTE ANTE ESCALADA DE MUERTES
CON ENRARECIDO ambiente en el plano local iniciamos la última semana del primer mes del 2026. Situación que ha generado notable tensión entre la tropa de la Secretaría de Seguridad Pública. Esto, a partir de la desaparición del exagente de la Policía Preventiva, Ricardo Durán Lauterio, registrada el pasado sábado, advirtiéndose un incremento en la atención operativa y en la percepción de alerta dentro del municipio. El acontecimiento ha tenido impacto no solo en el ámbito policial, sino también en el entorno social y en el ánimo general de la comunidad. Dicho suceso debe entenderse en un contexto más amplio, en el que diversos acontecimientos recientes han venido configurando un escenario de tensión acumulada. Hechos de alto impacto continúan presentándose y, aunque de distinta naturaleza, convergen en un mismo efecto, la alteración del clima de seguridad y estabilidad en la localidad. Resulta relevante advertir la disonancia que se genera cuando, por un lado, se busca transmitir normalidad, pero la realidad circulación mantas o advertencias que inciden directamente en la percepción de riesgo en la sociedad. Este contraste no abona a la certeza gubernamental, ni a la tranquilidad ciudadana. La situación actual exige lecturas objetivas, decisiones firmes y acciones coordinadas, el reconocimiento puntual del entorno es indispensable para dimensionar correctamente los hechos y orientar las respuestas que correspondan, con el objetivo de preservar el orden, la seguridad y la confianza de la población. Durán Lauterio dejó la corporación en las últimas semanas del año anterior. Como ha sucedido con muchos otros. Su desaparición ya debe estar en manos de la Fiscalía General de Justicia del Estado (FGJE) por lo que habrá que esperar el curso de las diligencias indagatorias. Su ausencia se da en medio de virulentos episodios que difícilmente pueden pasar inadvertidos. Inclusive arrancamos este septenario desde las primeras horas de la madrugada del lunes con un crimen en terrenos de la Real del Norte, frente a la colonia Cajeme. Después de que supuestamente la misma víctima en sus últimos minutos de vida alcanzó a reportar a las autoridades que se encontraba lesionado. El hombre, cuya edad fluctuaba entre los 30 y 35 años, no fue identificado de momento. Se tendrá que aguardar el curso de las pesquisas de la Policía Ministerial que al igual que otras corporaciones atendieron ese llamado sobre la calzada Rosendo Montiel, en el sector del nor-oriente de Ciudad Obregón…POCO DESPUÉS de la primera quincena de enero, para ser precisos, la madrugada del domingo 18, Cajeme volvió a despertar con mortal capítulo. Medios Obson dio cobertura oportuna desde el lugar de los hechos. Alrededor de las cinco de la mañana, una nueva escena sangrienta se sumó a una estadística que, lejos de estremecer, comienza a asumirse como parte del paisaje cotidiano. Una vez más, la juventud quedó atrapada en una tragedia que parece no encontrar freno. El hecho ocurrió en el sector conocido como Las Torres, al norte de la colonia Hidalgo, en las inmediaciones del callejón Uruguay. De acuerdo con reportes ciudadanos, alrededor de las 4:30 de la madrugada se escucharon detonaciones de arma de fuego. Minutos después, la violencia se confirmó con el hallazgo de una persona sin vida, la cual presentaba aparentes lesiones producidas por arma de fuego y huellas de arrastre. Lo que agrava este caso no es únicamente la pérdida de una vida, sino la brutal ferocidad con la que se ejecutó el homicidio. En redes sociales circuló la manera en que fue privado de la vida el joven, evidenciándose que, tras la agresión armada, el cuerpo fue arrollado con un vehículo, no como un accidente ni como un acto desesperado, sino como parte de una huida fría y calculada, carente de cualquier atisbo de arrepentimiento… A TRAVÉS del Internet se ventiló como la escena habla por sí sola: alguien murió y quien lo hizo se marchó con absoluta tranquilidad provocando honda indignación en todos los sectores de la población que sigue sin entender cómo puede existir tanta maldad entre el presunto criminal y sus cómplices. Más allá de las líneas de investigación que hoy se siguen, lo verdaderamente alarmante es la normalización de este tipo de sucesos. La capacidad de asombro parece haberse erosionado al mismo ritmo que se acumulan las víctimas; se percibe una sociedad que, peligrosamente, comienza a acostumbrarse a la hostilidad. Cajeme enfrenta no solo un problema de seguridad, sino una crisis más profunda: la pérdida de sensibilidad ante la muerte violenta. Cuando escenas de esta naturaleza dejan de indignar, cuando el horror se vuelve rutina, el daño social resulta tan grave como el delito mismo… NINGUNA ciudad necesita acostumbrarse a la barbarie. Necesita respuestas, acciones firmes y una reconstrucción urgente del valor de la vida humana. Porque mientras la violencia siga ocurriendo con esta frialdad y mientras la sociedad la observe con resignación, la historia continuará repitiéndose, una madrugada más, en cualquier esquina. Si este crimen no se esclarece, el daño no será solo una vida perdida, sino la confirmación de que la impunidad sigue ganando terreno. La ley debe aplicarse con firmeza y sin excepciones, porque cuando la justicia falla, la violencia se reproduce. Cajeme no necesita consignas, necesita resultados. Sin embargo, el desempeño de la Agencia Ministerial de Investigación Criminal (AMIC) continúa siendo insuficiente ante la escalada de muertes atroces que ineludiblemente le toca a esa corporación resolverlas, pero no lo hace. Ya se ha dicho que el fenómeno no se va resolver con aspirinas o mejoralitos. Ante todo, se requiere de voluntad e interés del propio comisario del AMIC, Carlos Alberto Flores, pero tendrá que dejar los discursos de lado y ofrecer resultados tangibles. No se trata de la detención de cuatro o cinco especímenes sino de establecer una estrategia de contención de la que mucho se ha hablado aquí. Y, en esto también deberá involucrarse el director operativo Tomás Efraín Jiménez Ruiz y es indispensable que se establezca el Vicefiscal de Investigaciones, Jesús Francisco Moreno Cruz. Es tiempo que deje la comodidad de la ciudad capital y se dedique a trabajar de frente y sin miedo en las incontables carpetas de investigación que aquí duermen el sueño de los justos. De nada sirve que envíen células investigadoras del AMIC sin la supervisión de un Representante Social y del mismo Vicefiscal quien tiene que demostrar de qué está hecho. Para nadie es un secreto que mientras la Fiscala del Estado no haga su trabajo seguirá creciendo el monstruo de la impunidad en las calles de este municipio… EN CAJEME, la crisis de ética en el ejercicio del Derecho ha dejado de ser una discusión abstracta para convertirse en una realidad cotidiana. La decepción hacia el sistema de justicia y la baja credibilidad de las políticas públicas han generado un efecto dominó que hoy impacta directamente en el camino jurídico y en la confianza social. El caso de Nallely Isabel Zamorano Serrano, Agente del Ministerio Público, se ha vuelto un referente inevitable. No como un ataque personal, sino como un reflejo de cómo la presión operativa, la falta de conducción institucional y un sistema desgastado terminan traduciéndose en actuaciones que generan incertidumbre. Cuando la procuración de justicia se percibe errática o contradictoria, el daño no es individual: es estructural. A ello se suman decisiones judiciales abruptas, algunas asociadas a resoluciones emitidas por Isabel Zamorano Serrano, que han provocado desconcierto entre litigantes y ciudadanos. No se cuestiona la investidura ni la facultad jurisdiccional, sino la forma en que determinaciones poco explicadas terminan debilitando la seguridad jurídica y la percepción de imparcialidad. Comentan que este contexto también ha impactado al gremio jurídico. El abogado, llamado a ser contrapeso ético y técnico, enfrenta hoy la disyuntiva entre sostener principios o adaptarse a un entorno donde la inmediatez parece imponerse sobre la rectitud profesional. El resultado es una pérdida progresiva del sentido del Derecho y una justicia cada vez más distante. En este escenario, la mirada se dirige inevitablemente a la cabeza de la institución. Se espera que la forma de conducirse del Fiscal del Estado, Gustavo Rómulo Salas Chávez, no sea contagiosa dentro de la Fiscalía. Porque cuando los mensajes desde arriba son ambiguos, el riesgo es que esas prácticas se normalicen hacia abajo. Y la pregunta queda en el aire: ¿será cierto que el ejemplo arrastra…ahora también dentro de la Fiscalía? … Luego seguimos, Dios mediante.




