Martín alberto Mendoza Salazar
CONTINÚAN NIÑOS SIENDO BLANCO DE AGRESIONES ARMADA; PARECIERAN QUE VIVEN EN UN MUNDO EVASIVO DE PARTE DE SUS PADRES QUE HAN PREFERIDO EL DISÍMULO ANTES QUE ACOMPAÑARLOS, EDUCARLOS Y GUIARLOS; PESE A QUE MUCHO SE HA ESCRITO AL RESPECTO PREVALECE UN PARALELISMO SIMULADO EN EL QUE PARECIERA ESTAR SIENDO ATENDIDOS, PERO LA REALIDAD ES OTRA; LA NOCHE DEL DOMINGO UN ADOLESCENTE DE APENAS 13 AÑOS FUE HERIDO GRAVEMENTE CON PROYECTILES DE ARMA DE FUEGO; A DECIR VECINOS, BRUNO IBA SALIENDO DE SU CASA EN LA ANTONIO YOCUPICIO ENTRE COAHUILA Y TABASCO, EN LA COLONIA NUEVA PALMIRA; SE DIRIGÍA A UNA TIENDA DE ABARROTES A REALIZAR UNAS COMPRAS, CUANDO SUJETOS NO IDENTIFICADOS LE DISPARARON EN REITERADAS OCASIONES; LO DEJARON SERIAMENTE HERIDO ANTE LA PERPLEJA MIRADA DE SU MADRE A QUIEN LE SOBREVINO FUERTE CRISIS DE ANGUSTIA; JUSTAMENTE NIÑOS Y ADOLESCENTES ESTÁN CAYENDO BAJO MORTÍFERAS BALAS; OTROS ESTÁN EXPUESTOS A LA VIOLENCIA EN ENTORNOS DONDE QUEDAN DE MANIFIESTO FALLAS PROFUNDAS DE CUIDADO, ACOMPAÑAMIENTO Y PREVENCIÓN; MUCHOS MENORES CAMINAN DESORIENTADOS; AUNQUE EN DIFERENTES CONTEXTOS LA CONSTANTE ES LA MISMA; LA FRACTURA DEL ENTORNO FAMILIAR Y SOCIAL QUE DEBERÍA PROTEGERLOS; ES URGENTE PONER MAYOR ATENCIÓN DESDE LA FAMILIA Y FORTALECER —NO DEBILITAR— LOS PROGRAMAS SOCIALES DE PREVENCIÓN; ASI MISMO, ACOMPAÑAMIENTO Y DESARROLLO INTEGRAL, SIN MAQUILLAJE NI DISCURSOS VACÍOS; INICIAMOS EL AÑO CON UNA HERIDA ABIERTA QUE NO ADMITE MAQUILLAJES; LO QUE OCURRE EN CAJEME DEBE DECIRSE CON TINTA PERMANENTE, SIETE FEMINICIDIOS EN 32 DÍAS; SIETE MUJERES QUE YA NO REGRESARON A CASA; EN VARIOS DE ESTOS CASOS DEJARON HIJOS E HIJAS QUE DEPENDÍAN DE ELLAS, PEQUEÑOS QUE SE QUEDARON ESPERANDO UNA RUTINA QUE NUNCA VOLVIÓ; LA VIOLENCIA FAMILIAR NO ES UN PROBLEMA MENOR
¿QUÉ ESTÁ sucediendo con nuestros niños? Pareciera que viven en un mundo evasivo de parte de sus padres que han preferido el disimulo antes que acompañarlos, educarlos y guiarlos. De esta forma, se enfrentan solos a un mundo donde se impone la violencia que no perdona. Pese a que mucho se ha escrito al respecto prevalece un paralelismo simulado en el que pareciera estar siendo atendidos, pero la realidad es otra. En el inicio de este mes; la noche del domingo un adolescente de apenas 13 años fue herido gravemente con proyectiles de arma de fuego. A decir vecinos, Bruno iba saliendo de su casa en la Antonio Yocupicio entre Coahuila y Tabasco, en la colonia Nueva Palmira. Se dirigía a una tienda de abarrotes a realizar unas compras, cuando sujetos no identificados le dispararon en reiteradas ocasiones. Lo dejaron seriamente herido ante la perpleja mirada de su madre a quien le sobrevino fuerte crisis de angustia. ¿Qué haría el jovencito para que gatilleros descargaran su furia en su frágil humanidad? De primer momento, se informó que presentó al menos dos impactos de bala en el abdomen y en ambas piernas. Paramédicos de Cruz Roja permanecieron varios minutos dentro de su hogar. Quizás estaban brindándole los primeros auxilios ante el desespero de vecinos y amigos del menor que se convirtió en una víctima más del ambiente hostil que, a diario y en el momento menos esperado se vive en Cajeme. Hubo quienes ayer por la mañana nos preguntaban por el estado de salud del muchachito. Aunque para muchos resulta indiferente lo que sucede en nuestro entorno, otros si muestran su preocupación por lo que está aconteciendo y más cuando se trata de agresiones contra imberbes… APENAS LA semana pasada comentaba que son numerosos los episodios que encuadran una realidad que no puede ignorarse. Justamente porque niños y adolescentes están cayendo bajo mortíferas balas y otros están expuestos a la violencia en entornos donde quedan de manifiesto fallas profundas de cuidado, acompañamiento y prevención. Muchos menores caminan desorientados, aunque en diferentes contextos la constante es la misma, la fractura del entorno familiar y social que debería protegerlos. Mientras nosotros creemos que cuidamos, educamos y que estamos presentes la triste realidad exhibe como los jovencitos crecen solos normalizándose el abandono y enfrentando una nueva era de violencia que no espera ni perdona…AHORA BIEN, para nadie es un secreto que ellos han perdido la vida como víctimas directas de la violencia, debido a que cada vez son más las familias disfuncionales. Es decir, hogares donde la ausencia del padre o la madre generan un vacío y faltan respuestas de las redes de apoyo que debieran existir, pero han llegado tarde. Es urgente poner mayor atención desde la familia y fortalecer —no debilitar— los programas sociales de prevención, acompañamiento y desarrollo integral, sin maquillaje ni discursos vacíos. Para nadie es un hecho aislado o esporádico la muerte de un niño o un adolescente, pero si es el reflejo de una sociedad que dejó de mirar lo más importante a tiempo y ahí están los resultados. Lo preocupante es cuantos más van a caer para que las instituciones implementen programas de asistencia social que permitan restaurar no solo el tejido de la sociedad, sino que impulse a padres y madres de familia para que asuman su responsabilidad, pero a tiempo, porque eso de llegar tarde es mucho el dolor que ha causado, además de que alienta la impunidad. Por cierto, aquí es válido cuestionar que hacen los grupos de investigación y el llamado Proxpol de la Secretaria de Pública Municipal, porque no se les ve por ningún lado y sus comandantes Israel Martínez Domínguez y Rodrigo Valenzuela Ortega deben saber que una de sus prioridades es la prevención del delito no de manera selectiva sino en términos generales…ARRANCAMOS 2026 con una herida abierta que no admite maquillajes. Lo que ocurre en Cajeme debe decirse con tinta permanente, siete feminicidios en 32 días. Siete mujeres que ya no regresaron a casa. En varios de estos casos dejaron hijos e hijas que dependían de ellas, pequeños que se quedaron esperando una rutina que nunca volvió. Aquí no estamos hablando de cifras ni de carpetas, hablamos de hogares quebrados y de un Estado que sigue reaccionando tarde. Y mientras todo esto ocurre, todavía se escucha decir a autoridades la frase de que “en Cajeme ya no hay violencia familiar”. Cuando la realidad lo desmiente con crudeza. El caso de la mujer originaria de Pueblo Yaqui, asesinada a las 2:00 de la madrugada del 1 de febrero en la colonia Campestre, es la prueba: no dejó de ser estadística de violencia familiar; dejó de ser estadística para convertirse en feminicidio. La violencia familiar no es un asunto menor ni un “problema de pareja”; es un aviso a gritos…RESULTA INELUDIBLE decir que el balance de estos 32 días es doloroso y debería incomodar a todos. Al hacer un recuento de daños: La primera mujer fue localizada a las 4:40 de la mañana del 5 de enero, en calle Nochebuena, entre Bugambilias y Trigales de la colonia Machi López. Hasta el momento no se estableció públicamente su identidad. La segunda víctima, fue el 9 de enero, su nombre Claudia, quien contaba con 33 años, ella viajaba en motocicleta cuando fue privada de la vida junto con un hombre de 28 años en Urbi Villa del Real. La tercera víctima fue Nancy Jazmín. Se supo que fue privada de la libertad en la calle 300 y carretera Internacional; su cuerpo fue localizado el 16 de enero, por la calle 10, a espaldas de la colonia Santa Fe, donde apareció lamentablemente ejecutada. La cuarta mujer fue María del Carmen, de 53 años, agredida en el interior de su domicilio en Urbi Villa del Rey. Ingresó al Hospital General el 26 de enero y, pese a recibir atención médica, falleció aproximadamente dos horas y media después. La quinta, a las 00:10 horas del miércoles 28 de enero, fue localizada envuelta en una sábana blanca en colonia Ladrillera. Posteriormente fue identificada como Elena, de 28 años. De manera extraoficial se mencionó que vivía en Esperanza, pero el hallazgo ocurrió en esa zona de la localidad, y será la autoridad quien confirme plenamente el contexto. La sexta víctima fue Alma Margarita, de 33 años, asesinada en la colonia Campestre. De acuerdo con la información conocida, dejó a una niña de dos años y a un adolescente de 15. Se ha señalado como presunto responsable a su pareja, identificado como Sergio, de 43 años, asunto que corresponde esclarecer con rigor a la Fiscalía y de esto debe encargarse en gran medida el delegado regional de la Fiscalía del Estado Ricardo Revilla Celaya, quien tiene que mostrar empatía con quienes acuden a exigir justicia a su despacho. La séptima fue América F., de 23 años, privada de la vida este 1 de febrero en la colonia Matías Méndez, sumándose a un inicio de mes que vuelve a encender todas las alertas…Y AQUÍ ES DONDE el discurso se queda corto: esto no puede seguir pasando. No basta con llegar después, acordonar y contar víctimas. No bastan los comunicados ni los “rankings”. Si existen protocolos, lineamientos y rutas de atención, ¿por qué no se sienten en la realidad? ¿Por qué cada caso de violencia familiar sigue siendo tratado como trámite, como pleito doméstico, como algo que puede esperar? También es válido preguntarse de qué sirve que colectivos y grupos feministas alcen la voz —en silencio o con ruido— si esa voz no se traduce en decisiones operativas y prevención real y de esto debe estar consciente la activista y exsenadora Leticia Burgos Ochoa. La protesta no es el problema; el problema es una estructura que escucha, pero no actúa. En este contexto, la FGJES, bajo el mando de Gustavo Rómulo Salas Chávez, queda a deber en su responsabilidad de investigar con rigor, aplicar protocolos y dar seguimiento oportuno. La opacidad, la reacción tardía y la minimización del contexto solo alimentan la impunidad. La sensibilidad no es debilidad: es memoria y responsabilidad. Porque cuando una mujer es asesinada, no solo se pierde una vida; se rompe un hogar entero. Y cada señal ignorada, cada denuncia minimizada, cada medida que no se dicta o no se cumple, termina costando lo que hoy ya es inocultable: siete feminicidios en 32 días, en un solo municipio…Luego seguimos, Dios mediante.

