Martín Alberto Mendoza Salazar / MO

AÚN Y CUANDO las autoridades no dejen de presumir que las cifras de homicidios van a la baja, al menos en Cajeme nada parece detener la cuota diaria de crímenes; el miércoles fue localizado el cuerpo calcinado de un hombre no identificado en un lote baldío de la colonia Los Patios. Su edad fluctuaba entre los 40 y 50 años. Se encontró en el mismo lugar donde la tarde del martes del 24 de febrero hallaron el cadáver calcinado de una mujer que dos semanas más tarde fue reconocida como Karen Mireya. La joven que vivía en ese mismo sector estaba desaparecida desde el 19 de febrero. Ayer, otra mujer fue privada de la vida al ser agredida con disparos de un fusil AK 47 de los popularmente llamados ‘cuerno de chivo’. Estaba en un cuarto de madera en la invasión ‘El Rodeo’ asentamiento ubicado en la parte sur-oriente del entorno urbano. En el interior, agentes policíacos encontraron varios envoltorios conteniendo ‘crystal’. También localizaron cartones vacíos como evidencia de que estaba comercializando cigarros apócrifos. De primer momento, la fémina fue identificada como Guadalupe ‘La Guera’. Su edad oscilaba entre los 30 y 35 años y era oriunda del poblado de Quetchehueca. Ante ese panorama salta la necesidad de que haya más vertiginosidad de parte de los policías ministeriales. Una reacción más contundente y efectiva para resolver estos homicidios y esto debe saberlo el comisario del AMIC, Carlos Alberto Flores, además que el delegado regional de la Fiscalía del Estado, Ricardo Revilla Celaya, tiene toda la facultad para exigir mayores resultados al grupo de homicidios y en especial a los responsables de investigar la muerte de mujeres. Es hora que termine ese vacío de mando en la Unidad Operativa local que es comandada por Jesús Armendáriz a quienes sus propios subalternos delatan que no trabaja. Afirman que es más el tiempo que se la lleva encerrado en su alojamiento que las horas que destina para atender su encomienda. Qué suerte la de los cajemenses con esta clase de servidores públicos, y lo peor es que son solapados por sus superiores. No estaría de más que el director operativo, Tomás Efraín Jiménez Ruiz, visitara la base del AMIC y diera fuerte jalón de orejas al encargado y su personal, en virtud de que su desempeño da pena ajena…VOLVIENDO al tema de las mujeres asesinadas, de verdad, pero viven entre la necesidad y el riesgo y finalmente son alcanzadas por la crueldad de la delincuencia, al menos en este municipio. Mucho se ha dicho que, en Cajeme, la violencia no distingue género, pero en los últimos meses ha dejado una señal preocupante: el incremento de mujeres que pierden la vida en contextos vinculados a entornos de alto riesgo. Hay que reiterar que el hecho más reciente, ocurrido en la zona conocida como invasión El Rodeo, donde una mujer fue ultimada con arma de fuego de alto poder, vuelve a encender las alertas. No se trata de un caso aislado. Con este hecho, suman ya quince mujeres asesinadas en lo que va del presente año, una cifra que obliga a detenernos y reflexionar con seriedad. Si bien cada caso tiene sus propias circunstancias, existe un patrón que no puede ignorarse: muchas de estas muertes se desarrollan en entornos donde convergen factores como la necesidad económica, la desintegración social, la falta de oportunidades, la influencia de estructuras criminales y la normalización de dinámicas de riesgo. No es un fenómeno sencillo, ni se resuelve únicamente con mayor presencia policial o con el endurecimiento de penas. Se trata de un problema estructural que exige intervención preventiva, inteligencia social y responsabilidad compartida… EN ESTE CONTEXTO, es importante señalar que no basta con que existan leyes o mecanismos de protección. La realidad demuestra que, en muchos casos, el riesgo se construye antes de que el Estado tenga oportunidad de intervenir formalmente. Es ahí donde se requiere actuar con mayor firmeza. A esto se suma un fenómeno silencioso pero determinante: la influencia de contenidos digitales que distorsionan la percepción de la realidad, donde la violencia, el dinero fácil y los entornos de riesgo son presentados de manera normalizada o incluso aspiracional. Hoy, muchos jóvenes crecen bajo estímulos inmediatos que no muestran las consecuencias reales de involucrarse en estructuras delictivas, generando una falsa sensación de control que, en la vida real, termina casi siempre en tragedia. Hoy más que nunca, Cajeme necesita fortalecer programas de prevención dirigidos no solo a mujeres, sino también a hombres, jóvenes y adolescentes, que aborden de manera directa los riesgos reales de involucrarse en entornos delictivos. No desde un discurso moral, sino desde una visión clara de consecuencias, realidades y rutas de salida. Se vuelve indispensable implementar estrategias como programas comunitarios en colonias con alta incidencia que informen sobre los riesgos reales de integrarse a actividades ilícitas; talleres dirigidos a jóvenes y mujeres en situación vulnerable enfocados en prevención, toma de decisiones y proyectos de vida; campañas institucionales que visibilicen cómo operan los grupos delictivos para captar personas, especialmente mujeres; fortalecimiento de redes de apoyo y espacios seguros donde se pueda acudir antes de que el riesgo escale; y una coordinación real entre autoridades de seguridad, educación y desarrollo social…ASIMISMO, es necesario revisar, desde el ámbito legislativo, si las conductas relacionadas con la captación, inducción o utilización de mujeres en actividades delictivas están siendo debidamente sancionadas o si requieren un enfoque más específico que permita inhibir estas prácticas. En este mismo sentido, resulta importante reconocer que la prevención no debe recaer únicamente en el gobierno. Existen esfuerzos desde la sociedad civil que han demostrado una visión integral en el fortalecimiento de las mujeres, como el caso de la asociación civil CICSON, creada en Hermosillo por la exfiscal estatal, Claudia Indira Contreras Córdova, la cual impulsa acciones orientadas al fortalecimiento de valores, acompañamiento y apoyo de fondo a mujeres y personas en situación vulnerable. Este tipo de proyectos deben ser apoyados, replicados y fortalecidos en municipios como Cajeme, promoviendo además una coordinación directa con el gobierno para ampliar su alcance y generar un impacto real en la reconstrucción del tejido social. No se trata sólo de señalar, sino de actuar. No se trata de generar miedo, sino conciencia. Porque detrás de cada cifra hay una historia que pudo haberse detenido a tiempo. Y porque si no se interviene desde la raíz, la violencia seguirá encontrando nuevas formas de expandirse, llevándose consigo vidas que, en muchos casos, quedaron atrapadas entre la necesidad, el engaño y un entorno que no supo protegerlas. Cajeme aún está a tiempo de corregir el rumbo. Pero hacerlo requiere reconocer el problema en toda su dimensión y asumir, como sociedad y como gobierno, la responsabilidad de prevenir antes que lamentar…RESPECTO AL TEMA que abordamos ayer en cuanto a percances de vialidad que han cobrado la vida de varias personas hay que decir que en Cajeme ya ha tenido experiencias positivas en esquemas de trabajo coordinado entre corporaciones, donde elementos municipales han actuado ‘conducción del Ministerio Público en tareas de investigación. No se trata entonces de crear algo desde cero, sino de reconocer que ya existe una base operativa: un grupo especial de la Policía Municipal que, mediante órdenes de investigación giradas por el Ministerio Público, ha participado en este tipo de labores. Bajo ese antecedente, la propuesta no es improvisada, sino una evolución necesaria que, con un enfoque actualizado, podría realmente funcionar. La propuesta es clara: fortalecer y orientar ese modelo hacia la atención de hechos de tránsito con resultado grave o fuga, mediante una unidad especializada dentro de la Dirección de Tránsito Municipal, integrada por elementos experimentados, con capacidad de análisis e investigación inmediata, que actúe como auxiliar del Ministerio Público desde el primer momento. Una unidad que no solo levante el hecho, sino que también de seguimiento oportuno para tratar de localizar a los probables responsables como ya se ha hecho en otros casos y esto lo saben los comandantes Luis Rey Chávez y Ramón Antonio Murrieta, quienes cuenta con la experiencia necesaria para estar al frente de la dirección de vialidad urbana…EN OTRO despacho les hablaré del atentado cometido contra una integrante del colectivo Guerreras Buscadoras de Cajeme, luego de ser tiroteada su vivienda en Urbi Villa del Rey…Luego seguimos, Dios mediante.

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