Martín alberto Mendoza Salazar
SIGUE PRESENTE LA VIOLENCIA EN VILLA BONITA; EJECUTAN A MUJER DENTRO DE VIVIENDA POR LA MAÑANA Y EN LA NOCHE FUE LOCALIZADA CON VARIOS IMPACTOS DE BALA; EL DATO QUE MÁS INQUIETA NO ES SOLO EL CRIMEN EN SÍ, SINO EL VÍNCULO QUE GUARDA CON UN HECHO RECIENTE: LA VÍCTIMA ERA PRIMA HERMANA DE ANA SIRIA, QUIEN EL PASADO 28 DE MARZO FUE ASESINADA JUNTO A SU HIJA ÁNGELA, EN ESE MISMO ASENTAMIENTO; HOY, LO QUE EMPIEZA A DIBUJARSE NO ES ÚNICAMENTE UNA SECUENCIA DE HOMICIDIOS, SINO UNA LÍNEA QUE TOCA ESTRUCTURAS FAMILIARES COMPLETAS; PRIMERO MADRE E HIJA, AHORA UNA PRIMA CERCANA; UN PATRÓN QUE OBLIGA A VOLTEAR A VER SI DETRÁS DE ESTOS HECHOS EXISTE UNA LÓGICA DE VIOLENCIA QUE VA ALCANZANDO NÚCLEOS ENTEROS, MÁS ALLÁ DE UN SOLO OBJETIVO; ADEMÁS, REFLEJAN UNA REALIDAD CADA VEZ MÁS CRUDA: LA VIOLENCIA SE EJECUTA SIN CONTENCIÓN, SIN HORARIOS Y SIN TEMOR APARENTE; AQUÍ LA PREGUNTA NO ES SOLO QUIÉN FUE, SINO QUÉ ESTÁ PASANDO; PORQUE CUANDO LA VIOLENCIA COMIENZA A REPETIRSE DENTRO DE LOS MISMOS CÍRCULOS FAMILIARES, EL MENSAJE ES MÁS PROFUNDO; NO ES PERCEPCIÓN, ES UN SÍNTOMA; Y SI NO SE ATIENDE A TIEMPO, LO QUE HOY PARECE COINCIDENCIA, MAÑANA PUEDE CONVERTIRSE EN PATRÓN; CUANDO LOS ATAQUES EMPIEZAN A REPETIRSE DENTRO DE LOS MISMOS CÍRCULOS FAMILIARES, EL MENSAJE ES OTRO; NO ES COINCIDENCIA, ES UN FOCO ROJO; Y SI NO SE ATIENDE CON INTELIGENCIA Y ESTRATEGIA, LO QUE HOY INQUIETA, MAÑANA PUEDE ESCALAR COMO HA QUEDADO ESTABLECIDO CON ESTA NUEVA PERDIDA HUMANA; HAY UN PUNTO QUE NO SE PUEDE DEJAR DE LADO; MÁS ALLÁ DE LA RESPONSABILIDAD DIRECTA DE QUIENES COMETEN ESTOS HECHOS; TAMBIÉN QUEDA UNA REFLEXIÓN INCÓMODA LAS PROPIAS FAMILIAS, AUN TENIENDO ANTECEDENTES TAN CERCANOS Y DOLOROSOS, MUCHAS VECES NO LOGRAN ACTIVAR MECANISMOS DE CUIDADO.
SUPONÍAMOS erróneamente que Cajeme estaba en paz, pero de plano la violencia en Villa Bonita ya no se puede leer como hecho aislado. La mañana del lunes, una mujer de 32 años fue privada de la vida con arma de fuego en ese sector, pero el dato que más inquieta no es solo el crimen en sí, sino el vínculo que guarda con un hecho reciente: la víctima era prima hermana de Ana Siria, de 47 años, quien el pasado 28 de marzo fue asesinada junto a su hija Ángela, de apenas 19 años, en ese mismo asentamiento. Hoy, lo que empieza a dibujarse no es únicamente una secuencia de homicidios, sino una línea que toca estructuras familiares completas. Primero madre e hija, ahora una prima cercana. Un patrón que obliga a voltear a ver si detrás de estos hechos existe una lógica de violencia que va alcanzando núcleos enteros, más allá de un solo objetivo. Además, reflejan una realidad cada vez más cruda: la violencia se ejecuta sin contención, sin horarios y sin temor aparente. La víctima fue localizada hasta cerca de las 19:40 horas, aunque el ataque ocurrió desde temprano, por la mañana. Es decir, el delito se comete, y el entorno lo absorbe con una normalidad que también preocupa. Aquí la pregunta no es solo quién fue, sino qué está pasando. Porque cuando la violencia comienza a repetirse dentro de los mismos círculos familiares, el mensaje es más profundo. No es percepción, es un síntoma. Y si no se atiende a tiempo, lo que hoy parece coincidencia, mañana puede convertirse en patrón. Cuando los ataques empiezan a repetirse dentro de los mismos círculos familiares, el mensaje es otro. No es coincidencia, es un foco rojo. Y si no se atiende con inteligencia y estrategia, lo que hoy inquieta, mañana puede escalar como ha quedado establecido con esta nueva pérdida humana. Hay un punto que no se puede dejar de lado. Más allá de la responsabilidad directa de quienes cometen estos hechos, también queda una reflexión incómoda las propias familias, aun teniendo antecedentes tan cercanos y dolorosos, muchas veces no logran activar mecanismos de cuidado, de alerta o de resguardo entre sus integrantes. No se trata de trasladar culpas, sino de entender una realidad compleja. Cuando la violencia ya tocó a una familia, lo lógico sería un entorno de mayor vigilancia y acompañamiento y esto debe saberlo el delegado regional de la Fiscalía General de Justicia del Estado de Sonora, Ricardo Revilla Celaya y el comandante de Policía de ese conurbado sector, licenciado Guillermo Ceceña Echeverría. Sin embargo, en muchos casos, esa reacción no se consolida, ya sea por miedo, por desinformación o por la normalización del entorno. Pero también hay otra arista que no se puede ignorar. La conducción de las investigaciones recae en la Fiscalía, encabezada por Gustavo Rómulo Salas Chávez, y es ahí donde surge una pregunta obligada: ¿se están identificando correctamente los focos de riesgo?, ¿se están cruzando datos familiares, antecedentes y patrones para prevenir nuevos hechos? Porque cuando la violencia empieza a repetirse dentro de un mismo núcleo o círculo cercano, no solo se trata de investigar después, se trata de anticiparse. Y si esa lectura no se está haciendo con precisión, entonces el problema no es solo de reacción, sino de enfoque. También es importante que personal del Departamento de Investigaciones de la Policía Municipal a cargo del ingeniero y comandante Israel Martínez Domínguez, coadyuve con el estado como lo ha hecho en otros casos…SIN DUDA que uno de los temas más candentes en la entidad es lo sucedido en Sonoyta y no debe abordarse desde el amarillismo ni desde la reacción inmediata. Es un caso que obliga a detenernos y a pensar con seriedad qué está pasando en el sistema de justicia para adolescentes en México. Porque el problema no es la ley en sí. El problema es si está respondiendo a la realidad que hoy estamos viviendo. Aquí hay una oportunidad clara: impulsar una revisión técnica, no mediática, del marco legal…NO SE TRATA de endurecer por presión social, sino de entender si el sistema está siendo eficaz. Pero antes del delito, siempre hay señales. Conductas, entornos, antecedentes familiares, contextos de violencia. Y ahí es donde el Estado sigue llegando tarde. La propuesta no es discursiva, es operativa, es establecer mecanismos obligatorios de detección de riesgo en adolescentes, coordinados entre escuelas, sistemas DIF, seguridad pública, ITAMA y fiscalías. No esperar a que ocurra el hecho, sino intervenir antes. Porque cuando un adolescente comete un delito de esta magnitud, el sistema ya falló en varias etapas previas. Y, hay algo más que no se puede seguir ignorando: el entorno. El enfoque no puede quedarse solo en el autor material. Es indispensable analizar familia, círculo social, influencias y condiciones que rodean al menor. Si no se investiga el contexto completo, solo se resuelve el caso, pero no se evita el siguiente. Aquí la coordinación entre fiscalías, inteligencia policial y áreas sociales es clave, pero, sobre todo, el trabajo directo con las familias. Y es aquí donde vale la pena decirlo con claridad: ya había esfuerzos que funcionaban…HAY QUE RECORDAR que la Fiscalía Especializada en Justicia para Adolescentes tenía programas de capacitación, de proximidad, de entendimiento real del fenómeno. Muchos de esos ejercicios no solo eran útiles, eran necesarios. Entonces la pregunta es inevitable: si funcionaban, ¿por qué se dejaron de fortalecer?, ¿por qué limitar algo que abonaba a largo plazo? ¿Por qué no daba resultados políticos inmediatos? Por favor, ahí es donde debemos insistir, como aquel Roble, que puede tardar entre 20 y hasta 40 años en producir sus primeros frutos (bellotas), así también son los verdaderos procesos en materia de justicia para adolescentes: requieren tiempo, constancia y visión. Ahí estaba la clave. Ahí se entendía por qué la ley tiene límites, por qué no se puede rebasar lo establecido cuando se trata de adolescentes en conflicto con la ley, pero también se comprendía que el verdadero trabajo estaba antes, mucho antes de que ocurriera el delito…AL HACER revisión de información difundida en distintos medios en materia de justicia para adolescentes, se advierte de manera constante la participación del maestro José Luis Sígala Servín, junto a perfiles como el Licenciado Jesús Armando Guevara Tineo y el agente ministerial Alán René Rodríguez, adscrito a la AMIC especializada en adolescentes, en trabajos de capacitación y coordinación institucional en municipios como Cajeme y otras regiones del estado. Estos antecedentes, documentados públicamente, evidencian que el tratamiento de conductas en adolescentes responde a un sistema especializado, con reglas propias y un enfoque que no solo contempla la sanción, sino también la formación y reintegración social. Lo cuestionable es por qué no se le dio continuidad. No se vale que por caprichos y visceralidades esos avances hayan quedado en el olvido e indiferencia pese a consistir en una labor tan indispensable como fundamental… SURGE UN SOS para la primera dama del municipio y el propio munícipe ante el acoso y hostigamiento que está enfrentando la comandante Alejandra Lema Coronado, titular de la Unidad Municipal para Atender la Violencia Familiar, de Género y Personas Vulnerables. En los últimos días, al interior de la UMAV, se ha comenzado a percibir un ambiente tenso que no pasa desapercibido. La actual encargada de dicha área estaría atravesando momentos particularmente complicados, derivados según versiones coincidentes de una serie de presiones, señalamientos y actos que podrían encuadrar en un contexto de hostigamiento institucional. Sin caer en especulaciones ni juicios anticipados, lo cierto es que la situación ha escalado al grado de generar preocupación en distintos sectores, sobre todo por la forma en que se estaría desarrollando. Se habla incluso de vigilancia constante en su entorno personal, lo cual, de confirmarse, abriría un debate serio sobre los límites del ejercicio de autoridad y el respeto a la vida privada de los servidores públicos. Cabe recordar que apenas la semana pasada se había planteado un cambio en la titularidad de dicha área; sin embargo, ese movimiento fue revertido de manera repentina, lo que deja entrever que al interior existen dinámicas aún no del todo claras y que requieren atención institucional. En este affaire sale a relucir un gendarme conocido como Francisco Acosta Galindo ‘El Tribi’ a quien piden se le investigue… Luego seguimos, Dios mediante.






