Por Lorenza Sigala
Hermosillo, Sonora.- La mañana de este sábado no comenzó como cualquier otra para quienes transitaban por el kilómetro 165 de la carretera federal 15, en el tramo Hermosillo–Guaymas. Lo que parecía una ligera neblina a la distancia terminó convirtiéndose en una escena angustiante: una doble cisterna volcó hacia el lado oriente de la vía, liberando alrededor de 30 mil litros de amoníaco que, en cuestión de minutos, se transformaron en una densa nube blanca que cubrió ambos carriles y “devoró” todo a su paso.

Primero fue el olor. Después, la irritación en los ojos, la garganta cerrándose, la desesperación.
“Íbamos pasando, miré una neblina blanca… el autobús en lugar de avanzar rápido le dio lento y todo eso se metió al autobús, y todo lo aspiramos. Realmente es una experiencia espantosa”, relata Alejandra Rodarte, una de las pasajeras afectadas, todavía con la voz entrecortada tras ser atendida en un hospital de Guaymas.

El accidente, reportado inicialmente al sistema de emergencias como un fuerte olor a gas sin ubicación precisa, pronto escaló. Minutos después se confirmó la volcadura del tráiler que transportaba dos cisternas de gran capacidad. La fuga de amoníaco no tardó en expandirse a ras de suelo, formando una nube tóxica que atrapó a decenas de automovilistas.

La carretera se volvió una trampa.

Autobuses de pasajeros, transporte de carga y vehículos particulares quedaron envueltos en la nube. Algunos intentaron avanzar a ciegas; otros, frenar en seco. Dentro de un camión de pasajeros, al menos 16 o 17 personas comenzaron a asfixiarse.
“Para mí fue una eternidad… no sé si fueron segundos o un minuto, pero no podíamos respirar”, recuerda Alejandra. La unidad continuó avanzando lentamente hasta salir de la zona contaminada y poder abrir puertas y ventanas.

El saldo no tardó en sentirse en los hospitales. Cinco centros médicos de Guaymas recibieron a personas con síntomas de intoxicación: náuseas, vómito, dolor de cabeza, irritación en ojos y garganta. Algunos presentaban lo que describen como “quemaduras internas leves”. Hasta el momento de la redacción de este reportaje no se sabe las cifras exacta de intoxicados.

“Te bañan, te quitan la ropa porque todo está contaminado… te revisan pulmones, signos vitales. Yo vomité, me dieron náuseas, dolor de cabeza… es una quemadura interna”, explica la misma pasajera, quien ya se encontraba estable horas después.

En las salas de urgencias también se vivía otra escena: la de los familiares. Sara, llegó apresurada, sin saber exactamente qué había pasado, solo con la certeza de que su hija venía en uno de los autobuses afectados.
“Sentí mucha angustia… con tantos accidentes uno se imagina lo peor. Ella decía que no avanzaran, pero no le hicieron caso y fue cuando pasó todo”, cuenta. Minutos después pudo verla: tambaleante, con náuseas, pero fuera de peligro.

Mientras tanto, en la carretera, el trabajo era contrarreloj.

A las 9:00 de la mañana, autoridades de Protección Civil informaban que la situación estaba bajo control, aunque la carretera permanecía cerrada. Más tarde, cerca de las 11:00, se reabrieron parcialmente los carriles, aunque las maniobras continuaban.

Desde el sitio del accidente, el comandante de Bomberos de Guaymas, Juan Carlos González, explicó la prioridad: contener el riesgo.
“Estamos enfocados en hacer un taponamiento en uno de los tanques siniestrados que tiene una leve fuga, para asegurar la escena y que el trasvase del producto sea seguro. Aquí vamos a permanecer durante toda la operación”, señaló.

El riesgo no era menor. El amoníaco anhidro, al liberarse, se convierte rápidamente en un gas tóxico que se desplaza a ras de suelo, afectando todo a su paso. En condiciones como las del desierto sonorense, puede expandirse con rapidez, provocando daños inmediatos en vías respiratorias, piel y ojos.

Por horas, ese tramo de la carretera fue una pesadilla.

Una nube blanca, espesa, silenciosa, que no se veía venir del todo… pero que dejó huella en quienes la atravesaron.

Muchos de ellos, ya fuera de peligro, coinciden en algo: hay experiencias que el cuerpo supera, pero que la memoria no borra tan fácilmente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *