Martín alberto Mendoza Salazar
CAJEME ESTÁ CONTANDO MUERTOS; MIENTRAS DESDE EL DISCURSO OFICIAL SE INSISTE EN HABLAR DE AVANCES Y CONTENCIÓN; LA REALIDAD LA QUE SE VIVE EN LA CALLE, LA QUE NO ADMITE MAQUILLAJE VUELVE A IMPONERSE CON CLARIDAD: ABRIL AMANECIÓ ESTE JUEVES ÚLTIMO DÍA DEL PERIODO CON 25 EJECUTADOS; NO ES PERCEPCIÓN, NO ES RUMOR, NO ES EXAGERACIÓN, SON HECHOS; PORQUE CUANDO LAS CIFRAS REALES NO COINCIDEN CON LOS DISCURSOS OFICIALES; CUANDO LOS NÚMEROS QUE CIRCULAN EN LA CALLE SUPERAN A LOS QUE SE RECONOCEN PÚBLICAMENTE; ENTONCES YA NO ESTAMOS FRENTE A UN TEMA DE PERCEPCIÓN, ESTAMOS FRENTE A UNA FALTA DE TRANSPARENCIA; VEINTICINCO EJECUTADO ES UNA ESTADÍSTICA QUE OBLIGA A HABLAR CON LA VERDAD; PORQUE CUANDO LA AUTORIDAD OPTA POR ADMINISTRAR LA INFORMACIÓN EN LUGAR DE TRANSPARENTARLA, LO QUE SE GENERA NO ES CONFIANZA, ES DISTANCIA; Y ESA DISTANCIA ES PELIGROSA; PORQUE ROMPE EL VÍNCULO MÁS BÁSICO ENTRE GOBIERNO Y SOCIEDAD: LA CREDIBILIDAD; NO SE TRATA DE GOLPEAR POR GOLPEAR; SE TRATA DE NOMBRAR LO QUE ESTÁ PASANDO; SE TRATA DE RECONOCER QUE CAJEME NO HA SALIDO DE ESA ZONA CRÍTICA DONDE CUALQUIER DÍA PUEDE ALTERAR NUEVAMENTE LA CIFRA; HOY LA PREGUNTA NO ES SOLO CUÁNTOS FUERON; LA PREGUNTA ES POR QUÉ NO SE DICE CON CLARIDAD; POR QUÉ SE INTENTA SUAVIZAR LO QUE ES EVIDENTE; POR QUÉ LA NARRATIVA INSTITUCIONAL NO LOGRA SOSTENERSE FRENTE A LA REALIDAD COTIDIANA; PORQUE AL FINAL, LOS NÚMEROS NO SON SOLO NÚMEROS; SON VIDAS; SON FAMILIAS; SON HISTORIAS QUE TERMINAN; Y CUANDO LA VERDAD SE OCULTA O SE FRAGMENTA, EL PROBLEMA YA NO ES SOLO LA VIOLENCIA, ES LA FALTA DE HONESTIDAD CON LA QUE SE ENFRENTA; HAY QUE RECONOCER QUE CAJEME NO HA SALIDO DE ESA ZONA CRÍTICA
CAJEME NO está mejor. Cajeme está contando muertos. Mientras desde el discurso oficial se insiste en hablar de avances y contención, la realidad la que se vive en la calle, la que no admite maquillaje vuelve a imponerse con claridad: abril amaneció este jueves último día del periodo con 25 ejecutados. No es percepción, no es rumor, no es exageración, son hechos. El caso reciente del baleado en la colonia Cajeme no es un evento aislado. Es parte de una secuencia constante que se ha venido acumulando día tras día, sin tregua, sin pausa, sin que exista una explicación clara hacia la sociedad. Y ahí es donde el problema se vuelve más profundo: no solo es la violencia, es la forma en que se comunica o peor aún, se deja de comunicar como se sucedió con ese acontecimiento. Porque cuando las cifras reales no coinciden con los discursos oficiales, cuando los números que circulan en la calle superan a los que se reconocen públicamente, entonces ya no estamos frente a un tema de percepción, estamos frente a una falta de transparencia. Información que se mueve de personas que amablemente nos envían confirma lo que muchos ya saben, aunque no siempre se diga abiertamente: los decesos se están acumulando en lapsos cortos de tiempo. La realidad no se detiene a esperar comunicados…VEINTICINCO homicidios en un solo mes no es un dato que pueda minimizarse ni diluirse en boletines. Es una cifra que obliga a hablar con la verdad. Porque cuando la autoridad opta por administrar la información en lugar de transparentarla, lo que se genera no es confianza, es distancia. Y esa distancia es peligrosa. Porque rompe el vínculo más básico entre gobierno y sociedad: la credibilidad. No se trata de golpear por golpear. Se trata de nombrar lo que está pasando. Se trata de reconocer que Cajeme no ha salido de esa zona crítica donde cualquier día puede alterar nuevamente la cifra. Se trata de entender que no basta con reaccionar, hay que explicar, hay que informar, hay que asumir. Hoy la pregunta no es sólo cuántos fueron. La pregunta es por qué no se dice con claridad. Por qué se intenta suavizar lo que es evidente. Por qué la narrativa institucional no logra sostenerse frente a la realidad cotidiana. Porque al final, los números no son solo números. Son vidas. Son familias. Son historias que terminan. Y cuando la verdad se oculta o se fragmenta, el problema ya no es solo la violencia, es la falta de honestidad con la que se enfrenta… EL MISMO sábado del baleado en la colonia Cajeme, por rumbos de la Libertad fue ‘levantado’, Ramsés Adrián, de 37 años, desaparecido del que les hablamos ayer en este mismo espacio y era rastreado por las Buscadoras de Cajeme. Aunque su nombre fue revelado hasta la tarde del miércoles, cuando sus familiares acudieron a realizar la penosa identificación. Aunque las autoridades no dijeron nada en su momento. Por el contrario, lo callaron todo absolutamente, se conoció que su cadáver fue localizado en un canal secundario de la zona agrícola la mañana del martes anterior. Y es que silenciando estos sucesos no se va a mejorar la seguridad pública, sino que será mayor la desconfianza hacia las autoridades. Este hecho se dio en el sector cuatro a cargo de Adalberto Nambo Leyva, tercer maestre de Marina, encargado de la Ussi Sur. El otro homicidio casualmente ocurrió en el sector dos, cuyo responsable es el otro marino, Rogelio Heriberto Valenzuela Sánchez, quienes con su silencio tratan de hacer creer a la sociedad que no sucede nada, pero cuán equivocados están. No reconocer la dimensión del problema no protege a la sociedad. Lo único que genera es desconfianza. Y en temas de seguridad perder la confianza es perder el control del mensaje, porque ese vacío lo ocupa el rumor. Esto no es percepción, es responsabilidad pública. Porque informar con verdad no debería ser una estrategia, debería ser una obligación…Y ES QUE LA falta de coordinación entre autoridades ya dejó de ser un tema técnico. Hoy es un problema estructural que se traduce directamente en inseguridad. Cuando los tres niveles de gobierno no actúan como un solo bloque, lo que se genera no es confusión, es debilidad institucional. Y esa debilidad la detecta, la mide y la aprovecha la delincuencia. Mientras la autoridad se fragmenta, los grupos delictivos se organizan. Mientras unos ‘coordinan’, otros operan. Así de claro. El resultado está a la vista: más espacios para el crimen, menos control del Estado. Y aquí no se trata de percepción. Se trata de realidad. Los más golpeados son los de siempre: adolescentes, mujeres, personas de la tercera edad, pero hay un sector que está siendo abandonado de forma silenciosa y grave: los ciudadanos que todavía confían en la autoridad. Ese ciudadano que denuncia, que se acerca, que espera respuesta, y hoy se está encontrando con una realidad preocupante: su caso dejó de ser prioridad para convertirse en una cifra más. Carpetas de investigación que avanzan sin rumbo claro. Personas que terminan sorprendidas y frustradas al darse cuenta de que, para la institución, su asunto ya no es más que una estadística. Y ahí es donde el sistema pierde algo más grave que eficacia, pierde la sensibilidad humana. Porque cada carpeta de investigación tiene un rostro, una historia, una víctima. Y cuando eso se olvida, cuando el trato se vuelve mecánico y distante, lo que se rompe no es solo el procedimiento, es la confianza. Y sin confianza, ningún sistema de seguridad se sostiene. Hoy no se necesitan más mesas de trabajo para ‘compartir información’. Se necesita mando, coordinación efectiva y resultados. No más reuniones que no generan acciones. Y si los tres niveles de gobierno no entienden que deben sentarse a operar en serio, no a administrar la inercia, el mensaje que se seguirá enviando es devastador: un Estado dividido frente a una delincuencia que sí sabe trabajar en equipo. ¿Estará enterado el titular de la SSPE Braulio Martínez Navarrete? …DANDO CUENTA de resultados que sí marcan diferencia en materia de procuración de justicia, en días anteriores, se informó la obtención de sentencias de 100 años de prisión para cada uno de cuatro responsables por el delito de secuestro en Cajeme, además de una multa global cercana a los 9 millones de pesos. Se trata de una resolución contundente que no solo representa un castigo ejemplar, sino también el cierre de procesos que, en muchos casos, implicaron años de investigación, seguimiento y trabajo operativo especializado. Este tipo de resultados no se construyen de un día para otro. Son producto de investigaciones que vienen de tiempo atrás, donde intervinieron de manera directa elementos del grupo especializado antisecuestros, quienes integraron carpetas, desarrollaron líneas de investigación y ejecutaron acciones clave que hoy permiten sostener estas sentencias en sede judicial. Y hay un punto técnico que debe entenderse con claridad. Las investigaciones antisecuestros, cuando no derivan de detenciones en flagrancia, exigen un nivel mucho mayor de precisión, cautela y especialización. Porque quienes cometen este delito, por lo general, no actúan de manera improvisada. Son grupos estructurados, organizados, que planean cada paso, que estudian a sus víctimas y que operan bajo esquemas definidos. Dentro de ese trabajo, destaca la labor de mandos y elementos que formaron parte de esa etapa operativa, como Marcos Felipe Quintana Camacho y el comandante Adrián Noriega, así como otros agentes investigadores que participaron directamente en estos casos, pero cuyo trabajo fue determinante. Se trata de perfiles que marcaron un antes y un después, de elementos que entendieron la responsabilidad de su función y que la asumieron con firmeza, con carácter y con un compromiso que va más allá de lo institucional. No es solo ‘tener la camiseta puesta’. Es sostenerla en los momentos más difíciles. Las cosas buenas también se cuentan. Bien vale la pena cuestionar al Fiscal del Estado, Gustavo Rómulo Escobar qué ha pasado con el caso de los policías presuntos secuestradores: Jonathan Ernesto M. A. y Juan Ramón T. S. El primero fue detenido en 2021. Y el otro huyó, esto, cuando Cándido Tarango Velázquez era el comisario. Y quien anduvo muy cerca de su captura fue el comandante del AMIC, Ramsés Arce Fierro al catear su vivienda…Luego seguimos, Dios mediante.






