Martín alberto Mendoza Salazar

POR MÁS QUE SE INSISTA EN DECIR QUE LOS HECHOS DE ALTO IMPACTO HAN DISMINUIDO LA VERDAD ES OTRA; LAMENTABLEMENTE LA REALIDAD QUE SE RESPIRA PARECE CONTAR OTRA HISTORIA EN APEGO A LA PERCEPCIÓN COTIDIANA QUE SE VIVE DÍA CON DÍA; LO MÁS PREOCUPANTE ES QUE LA VIOLENCIA MANTIENE VIGENTE SU AGENDA; LA NOCHE DEL MARTES SE ENCENDIERON LAS ALARMAS AL SUSCITARSE FUERTE BALACERA EN EL SUR DE CIUDAD OBREGÓN; POR MOMENTOS CIRCULARON VERSIONES QUE VARIAS PERSONAS HABÍAN SIDO PRIVADAS DE LA VIDA; SIN EMBARGO, SOLO SE TRATÓ DE UN HOMBRE BALEADO EN LA COLONIA CUAUHTÉMOC CÁRDENAS; HABRÍA QUE CUESTIONAR DE QUÉ SIRVEN LAS EVALUACIONES Y EL EJERCICIO DIARIO QUE SE HACEN EN LAS MESAS DE SEGURIDAD; VALORAN LA EFECTIVIDAD DE LAS CORPORACIONES, PERO LA CRIMINALIDAD ESTÁ PRESENTE; COLONIAS CON ALTA INCIDENCIA SIGUEN REGISTRANDO HECHOS VIOLENTOS SIN QUE EXISTA UNA CONTENCIÓN VISIBLE; ¿DÓNDE QUEDA ENTONCES LA CAPACIDAD DE ANTICIPACIÓN?; A PESAR DE LA PRESENCIA DE AUTORIDADES DE LOS TRES NIVELES DE GOBIERNO, LOS OPERATIVOS NO LOGRAN DETENER A LOS RESPONSABLES, QUIENES CONTINÚAN ACTUANDO CON RAPIDEZ Y SIN CONSECUENCIAS;  LA CONSTANTE ES LA MISMA: DESPLIEGUES POSTERIORES A LOS HECHOS, SIN IMPACTO REAL EN LA DISMINUCIÓN DE LA VIOLENCIA; EN LOS ÚLTIMOS DÍAS SE HAN OBSERVADO EN REDES SOCIALES CONDUCTAS DE CIERTAS PERSONAS QUE, BAJO EL ARGUMENTO DE DEFENDER DERECHOS, TERMINAN COLOCÁNDOSE POR ENCIMA DE LA FUNCIÓN POLICIAL; NO SE TRATA DE NEGAR EL DERECHO CIUDADANO A GRABAR, CUESTIONAR O EXIGIR LEGALIDAD; ESO ES VÁLIDO EN UNA SOCIEDAD DEMOCRÁTICA; EL PROBLEMA SURGE CUANDO ESA INTERVENCIÓN REBASA LA OBSERVACIÓN Y SE CONVIERTE EN PRESIÓN, INTIMIDACIÓN, RESISTENCIA O ABIERTA OBSTACULIZACIÓN DEL TRABAJO PREVENTIVO DE LOS CUERPOS DE SEGURIDAD

CONTINÚA la violencia golpeando a Ciudad Obregón, los hechos de alto impacto siguen sumando y por más que se insista en decir que estos han disminuido la verdad es otra. Lamentablemente la realidad que se respira parece contar otra historia en apego a la percepción cotidiana que se vive día con día. Lo más preocupante es que la violencia mantiene vigente su agenda. Ahí tenemos que alrededor de las 20:30 horas del martes, se registró una balacera en la colonia Cuauhtémoc Cárdenas, en la periferia sur de Ciudad Obregón, donde un hombre identificado como Agustín Armando de 35 años de edad resultó gravemente lesionado por proyectiles de arma de fuego. Trascendió que la víctima presentó dos impactos de bala y fue trasladada de inmediato para recibir atención médica. Su estado de salud fue reportado como grave, pero estable. Tras los hechos, en redes sociales comenzaron a circular versiones que hablaban de una presunta balacera con múltiples personas fallecidas; sin embargo, fue más el impacto de voz que lo realmente sucedido, pero de cualquier forma el suceso prendió las alarmas y generó preocupación entre la población que esperaba con ansias conocer lo que objetivamente habría sucedido. Lo que sí se confirmo fue lo relativo a la persona del sexo masculino herida durante el ataque y recibió atención médica especializada. Las autoridades correspondientes iniciaron las investigaciones del caso…HAY QUE CUESTIONAR de que sirven las evaluaciones y el ejercicio diario que se hacen en las mesas de seguridad regionales y estatales para valorar la efectividad de las corporaciones sobre todo en Cajeme. Si la criminalidad está presente. Diseñadas como espacios estratégicos para el análisis de la incidencia delictiva, la coordinación entre instituciones y la toma de decisiones operativas, en Cajeme su funcionamiento dista de ese objetivo. La realidad en campo contradice lo que, en teoría, debería generarse en dichas reuniones…INSISTIMOS: ¿De qué sirve el análisis diario de delitos si estos continúan repitiéndose en los mismos sectores? Colonias con alta incidencia siguen registrando hechos violentos sin que exista una contención visible. ¿Dónde queda entonces la capacidad de anticipación? A pesar de la presencia de autoridades de los tres niveles de gobierno, los operativos no logran detener a los responsables, quienes continúan actuando con rapidez y sin consecuencias. La constante es la misma: despliegues posteriores a los hechos, sin impacto real en la disminución de la violencia y es aquí donde tiene que trabajar con especial énfasis la Policía Preventiva, pero ante todo los encargados de cada demarcación. Como en este caso le corresponde al tercer maestre de Marina y comandante de la Ussi sur, Adalberto Nambo Leyva que no da una, al no hacer detenciones de generadores de violencia…ESTE ASUNTO debe conducirnos a hacer profunda reflexión: Cajeme atraviesa momentos que exigen seriedad, responsabilidad y respeto a las instituciones. La inseguridad no se combate con ocurrencias, protagonismos ni desplantes públicos; se combate con prevención, investigación, coordinación y cumplimiento estricto de la ley. En los últimos días se han observado en redes sociales conductas de ciertas personas que, bajo el argumento de defender derechos, terminan colocándose por encima de la función policial. No se trata de negar el derecho ciudadano a grabar, cuestionar o exigir legalidad. Eso es válido en una sociedad democrática. El problema surge cuando esa intervención rebasa la observación y se convierte en presión, intimidación, resistencia o abierta obstaculización del trabajo preventivo de los cuerpos de seguridad. Por eso vale la pena hacer una pregunta seria: ¿hasta dónde puede llegar un ciudadano cuando presencia una intervención policial? Puede observar, puede grabar, puede pedir que se respeten los derechos de la persona intervenida, puede solicitar que los agentes se identifiquen y puede denunciar cualquier abuso ante las instancias correspondientes. Esa es una participación ciudadana legítima. Pero hay una línea que no debe cruzarse. El ciudadano no puede asumir funciones de juez, Ministerio Público o mando policial en la vía pública. No puede impedir una revisión, bloquear una actuación, intimidar a los elementos, condicionar su trabajo o decidir, desde una transmisión en redes sociales, si una intervención debe continuar o no. Esa línea es la que separa la vigilancia ciudadana de la obstrucción a la función pública y esto deben saberlo los comisarios de las Policías Municipal y Estatal de Seguridad Pública, Alfonso Tenango Vázquez y José Guadalupe Martínez Lavariega. Lo mismo que Carlos Alberto Flores, titular de la Agencia Ministerial de Investigación Criminal… HAY QUE SUBRAYAR que la prevención del delito no es un capricho de la autoridad. Es el conjunto de políticas, estrategias y acciones del Estado encaminadas a reducir factores de riesgo, evitar la comisión de ilícitos, atender las causas generadoras de violencia, proteger la integridad de las personas y mantener la paz social. Por eso, impedir o entorpecer una revisión, una inspección, un operativo o una actuación policial legítima no sólo debilita a los elementos en campo, sino que también pone en riesgo a la propia ciudadanía. Además, existe una contradicción que no puede pasarse por alto. Como sociedad pedimos más vigilancia, exigimos que la policía se anticipe a los hechos, reclamamos que lleguen antes que los delincuentes y demandamos presencia preventiva en las calles. Pero cuando los elementos realizan labores de vigilancia, prevención u operativos, algunos pretenden desacreditarlos, exhibirlos o impedirles hacer su trabajo, sin conocer plenamente el contexto ni los antecedentes de la intervención. Resulta preocupante que algunas personas, cargadas de un supuesto empoderamiento y de un aparente conocimiento legal, pretendan decidir en la vía pública qué actuación policial es válida y cuál no, como si la calle fuera tribunal y las redes sociales fueran autoridad. Esa actitud, lejos de ayudar, genera confusión, desautoriza a los elementos que arriesgan diariamente su vida y manda un mensaje peligroso: que cualquier persona puede irrumpir en una intervención oficial y condicionar el actuar de la policía. El municipio necesita supervisión, sí; necesita policías capacitados, sí; necesita respeto absoluto a los derechos humanos, también. Pero igualmente necesita que se respete la función policial cuando ésta se realiza dentro del marco legal. La vigilancia ciudadana no debe confundirse con obstrucción, ni la defensa de derechos debe convertirse en pretexto para impedir acciones preventivas… NO ESTÁ DE MÁS decirlo, pero hay quienes, por ganar notoriedad, simpatías o simples reacciones en redes sociales, intervienen en actuaciones policiales sin saber realmente a quién están defendiendo, cuál es el antecedente de la intervención o qué riesgo puede existir detrás de una revisión aparentemente simple. Ese tipo de conductas no fortalecen el estado de derecho; por el contrario, pueden poner en riesgo a los agentes, al ciudadano intervenido y a terceros. Las autoridades correspondientes no deben minimizar este tipo de conductas. Cuando una persona agrede, amenaza, presiona, intimida o impide que los cuerpos de seguridad cumplan con su deber, debe existir una revisión seria y, en su caso, una rendición de cuentas. No por venganza, no por censura, sino por respeto al orden público y a la legalidad. También debe quedar claro algo: si un elemento actúa fuera de la ley, debe ser investigado y sancionado. Pero si un elemento cumple con su deber, realiza una intervención preventiva y actúa conforme a sus atribuciones, la sociedad no puede permitir que sea exhibido, amedrentado o frenado por quienes buscan notoriedad pública a costa de debilitar la autoridad… EN UNA CIUDAD golpeada por la violencia, la prevención del delito no debe ser estorbada por protagonismos. Cajeme necesita orden, autoridad responsable y ciudadanía vigilante, pero también prudente. Porque defender derechos no significa impedir la ley; y exigir legalidad no significa obstaculizar a quienes, todos los días, salen a la calle a protegernos. El asunto tendrá que ser analizado por el Fiscal del Estado, Gustavo Rómulo Salas Chávez e incluso merece la intervención inmediata del Delegado Regional de la FGJE, Ricardo Revilla Celaya o quien lo determine Salas Chávez antes de que ocurra un hecho grave que pudiera suceder si se rebasa la línea de la legitimidad. Porque, el horno no está para bollos y el tema tiene que ser atendido…Luego Seguimos, Dios mediante.

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