Martín alberto Mendoza
TRAS ATAQUE ARMADO, BALACERA Y PERSECUCIÓN SE ESCRIBIÓ UNA HISTORIA QUE SIEMPRE NOS GUSTARÍA QUE SUCEDIERA; PERO HUBO INMEDIATA REACCIÓN DE LA AUTORIDAD; POLICIAS Y MARINOS SOSTUVIERON EL SEGUIMIENTO HASTA QUE LOGRARON CONTENER A PRESUNTOS AGRESORES; EN EL TRAYECTO LOS SUJETOS COMENZARON A DISPARAR CONTRA UNIFORMADOS; FUE UN HECHO QUE PUDO HABER TERMINADO CON VÍCTIMAS INOCENTES, VEHÍCULOS DAÑADOS O FAMILIAS ALCANZADAS POR EL FUEGO CRUZADO; AFORTUNADAMENTE, NO SE REPORTARON VÍCTIMAS COLATERALES; TAMBIÉN HAY QUE DECIRLO: CUANDO LA AUTORIDAD REACCIONA, SE SOSTIENE Y NO SUELTA LA PERSECUCIÓN, ESO DEBE RECONOCERSE; PORQUE UNA COSA ES LLEGAR DESPUÉS A LEVANTAR CASQUILLOS, Y OTRA MUY DISTINTA ES ENFRENTAR A PERSONAS ARMADAS EN PLENA HUIDA; EN CAMINOS RURALES, CON RIESGO REAL PARA LOS ELEMENTOS Y PARA LA POBLACIÓN; ESTO, COMO DE MANERA REITERADA SE HA PLANTEADO, PERO ANTES NO HABÍA ACOSO A LOS DELINCUENTES; AUNQUE SI BIEN ES CIERTO QUE SE PERDIÓ UNA VIDA, PERO AL MENOS NO SE IMPONDRÁ LA IMPUNIDAD; CAYERON DOS PRESUNTOS CRIMINALES, ENTRE ELLOS, UN MENOR DE EDAD; EN TANTO, EL MENSAJE QUE QUEDA ES CLARO: LOS GRUPOS CRIMINALES YA NO SOLO ATACAN; TAMBIÉN SE DESPLAZAN ARMADOS, HUYEN, SE ENFRENTAN Y PONEN EN RIESGO COMUNIDADES ENTERAS; POR ESO, LA LECTURA NO PUEDE SER SUPERFICIAL; CAJEME NO PUEDE MEDIR SU VIOLENCIA ÚNICAMENTE POR EL HOMICIDIO QUE OCURRE A LA VISTA DE TODOS; DE LA MISMA FORMA, DEBE CONTAR AL DESAPARECIDO, AL CALCINADO, AL QUE APARECE EN UN POZO, AL QUE MUERE DESPUÉS DE UN ATAQUE, AL QUE ES PERSEGUIDO POR SUJETOS ARMADOS Y AL QUE QUEDA EN MEDIO DE UNA BALACERA; EL VALLE DEL YAQUI VOLVIÓ A HABLAR DESDE LA TIERRA, DESDE EL SILENCIO Y DESDE EL HORROR. EN EL CAMPO 30
VAYA TARDE del jueves que se vivió en Cajeme. Balacera, derramamiento de sangre, persecución, enfrentamiento, volcamiento y captura. Eran poco después de las 14:30 horas, cuando se alertó de detonaciones en las calles Águila y Antonio Ochoa, en la colonia Aves del Castillo. En este escenario se escribió el epílogo de este episodio y todo terminó en Norman E. Borlaug entre 500 y media y 600, Valle del Yaqui. Todo comenzó con la persecución de un motociclista que era acompañado por su hijo. El asedio ocurrió sobre la Antonio Ochoa. Sujetos armados que viajaban en una vagoneta, que en realidad resultó ser Chevrolet, Equinox, modelo 2018, color gris habrían disparado en doce ocasiones contra una persona que más tarde se identificó como Francisco Guillermo S. O., “El Pelón”, de 35 años. Lo agredieron gravemente cuando trató de ponerse fuera del alcance de los presuntos sicarios. Lo hirieron de cuatro balazos en la espalda y cuando era intervenido quirúrgicamente no superó las lesiones y expiró convirtiéndose en el tercer ejecutado de julio. Mientras que los tipos huyeron por la Águila hacia la Coahuila y ahí doblaron al sur y luego tomaron el bulevar CTM al oriente para llegar a la Norman E. Borlaug para huir hacia el sector rural. La reacción de la autoridad fue inmediata. Elementos de la Policía Municipal y de la Secretaría de Marina sostuvieron la persecución hasta lograr contener a los presuntos agresores, pero en el trayecto los tipos comenzaron a disparar contra los uniformados, en un hecho que pudo haber terminado con víctimas inocentes, vehículos dañados o familias alcanzadas por el fuego cruzado. Afortunadamente, no se reportaron víctimas colaterales…Y AQUÍ TAMBIÉN hay que decirlo: cuando la autoridad reacciona, se sostiene y no suelta la persecución, eso debe reconocerse. Porque una cosa es llegar después a levantar casquillos, y otra muy distinta es enfrentar a personas armadas en plena huida, en caminos rurales, con riesgo real para los elementos y para la población como de manera reiterada se ha planteado, pero antes no había persecución. Durante la gestión del anterior comisario, contralmirante Claudio Cruz Hernández nunca ocurrió algo similar de policías y marinos. Hoy tal parece que la ideología ha cambiado y los resultados no se han hecho esperar. Eso habla bien del nuevo titular de Seguridad Pública en Cajeme, Alfonso Tenango Vázquez y del director operativo, Erick Gabriel Campos González. Por lo menos a éste último se le avistó acompañando a la tropa en el lugar de la detención, al igual que al infaltable comandante de la Policía Preventiva, Francisco Javier Valdez Juzaino que apoyó al tercer maestre de Marina y encargado de la Ussi sur, Adalberto Nambo Leyva, que se encargó de dirigir este operativo. Y, conste que no se trata de adornar el hecho de manera zalamera, sino reconocer que ahora se está actuando. Porque cuando no lo hacen igualmente se les cuestiona y critica. Aunque si bien es cierto que se perdió una vida, pero al menos no se impondrá la impunidad. Cayeron dos presuntos criminales, entre ellos, un menor de edad. Se les aseguraron tres pistolas calibre 9 milímetros y veinticinco envoltorios con metanfetamina. También se conoció que uno de los involucrados resultó lesionado durante la refriega. A reserva de que todo esto sea confirmado oficialmente por las autoridades de la Fiscalía General de Justicia del Estado, cuyo Delegado Regional, Ricardo Revilla Celaya, debe supervisar el actuar del Ministerio Público para que integre sólida carpeta de investigación que terminará en manos de un Juez de Control. En tanto, el mensaje que queda es claro: los grupos criminales ya no solo atacan; también se desplazan armados, huyen, se enfrentan y ponen en riesgo a comunidades enteras. Por eso, la lectura no puede ser superficial…CAJEME NO puede medir su violencia únicamente por el homicidio que ocurre a la vista de todos. De la misma forma, debe contar al desaparecido, al calcinado, al que aparece en un pozo, al que muere después de un ataque, al que es perseguido por sujetos armados y al que queda en medio de una balacera. Porque cuando en cuestión de horas se acumulan un ataque armado, una persecución, un vehículo volcado, armas aseguradas, detenidos y restos humanos localizados en un pozo en desuso, no estamos ante hechos aislados. Estamos ante una ciudad que sigue atrapada entre la violencia visible y la violencia escondida. La diferencia es que la violencia visible deja casquillos en la calle. Lo ocurrido este jueves en Ciudad Obregón, vuelve a dejar una advertencia: la ausencia temporal de homicidios en la vía pública no significa paz si al mismo tiempo aparecen restos humanos en pozos y se registran persecuciones armadas en el Valle del Yaqui. La violencia escondida deja madres buscando en la tierra, familias esperando respuestas y comunidades enteras cargando con un dolor que no aparece de inmediato en las estadísticas, pero que también debe contar, investigarse y duele profundamente al Estado. La tranquilidad no se presume; se demuestra. Y hoy el municipio tuvo un día de esos que recuerdan que la violencia no se fue: solo cambia de forma, de escenario y de método…AHORA BIEN, la detención de un adolescente de apenas 17 años de edad vuelve a encender las alertas sobre una realidad que no puede seguir normalizándose. Según la información conocida, el joven apenas había concluido la secundaria y hoy ya enfrenta las consecuencias de verse involucrado en actividades delictivas. Más allá del caso en particular, este hecho debe llevarnos a una reflexión profunda. La delincuencia organizada continúa encontrando en los menores de edad un sector vulnerable para el reclutamiento, aprovechando la falta de oportunidades, la desintegración familiar o la ausencia de supervisión. Pero también es indispensable hablar del papel de los padres y tutores. La atención, la comunicación y los límites dentro del hogar siguen siendo una de las principales barreras para evitar que niñas, niños y adolescentes sean atraídos por caminos que pueden costarles la libertad o incluso la vida. Ningún joven de 17 años debería cambiar las aulas por una celda. La prevención comienza en casa, se fortalece en la escuela y requiere el compromiso de toda la sociedad. Más allá de endurecer las penas contra los adolescentes, la reflexión debe ir más a fondo. Es muy fácil cargarles toda la culpa a los jóvenes, cuando muchas veces ellos están aprendiendo de los adultos, de quienes ya deberían saber distinguir entre lo bueno y lo malo. Un adolescente no llega solo a una estructura criminal: alguien lo busca, lo convence, lo recibe y alguien se beneficia de su participación. También debe revisarse con seriedad la responsabilidad de los progenitores o tutores que, por omisión, descuido o tolerancia, dejan de cumplir con el deber elemental de cuidar, orientar y poner límites a sus hijos. La familia es la primera barrera de prevención, y cuando esa barrera falla, el daño no solo alcanza al menor, también golpea a toda la sociedad. Son hechos que deben ser analizados por el director General de la Fiscalía Especializada en Procuración de Justicia para Adolescentes y Corrupción de Menores, Samuel Muñoz Vargas, quien debe impulsar férreamente escuelas para padres y mantener una proximidad con familiares de menores que, en mala hora se coludieron en actividades ilícitas. Porque atrás de esos adolescentes están niños que en el futuro igualmente se verán acechados por los delincuentes y será un patrón de conductas interminables. Es importante crear mayor conciencia, sumar a la sociedad y a todos los actores que interactúan con un adolescente…ESTE JUEVES, el Valle del Yaqui volvió a hablar desde la tierra, desde el silencio y desde el horror. En el ejido Francisco I. Madero, Campo 30, fueron localizados restos humanos calcinados dentro de un pozo, en un hallazgo que vuelve a sacudir a Cajeme y que obliga a decirlo con toda claridad: las personas desaparecidas también son víctimas de la violencia. Todo parece indicar que se trataba de una mujer, según el hallazgo que hicieron madres del colectivo Guerreras Buscadoras de Cajeme. Más adelante abordamos el tema con mayor profusión, Dios mediante.






