Martín alberto Mendoza Salazar
LAMENTAN POLICÍAS DE CAJEME LO SUCEDIDO A SUS COMPAÑEROS AL SER ENCARCELADOS POR EVASIÓN DE PRESOS; DEPLORAN QUE TODO SE PIERDA; ESFUERZO Y AÑOS DE TRABAJO POR UN DESCUIDO; LA FUGA DE UN PRESUNTO GENERADOR DE VIOLENCIA DEL HOSPITAL GENERAL DE CIUDAD OBREGÓN NO SOLO ABRIÓ UNA INVESTIGACIÓN PENAL CONTRA LOS POLICÍAS ENCARGADOS DE SU CUSTODIA; TAMBIÉN DEJÓ AL DESCUBIERTO UNA REALIDAD POCAS VECES ANALIZADA: EL ENORME PESO QUE REPRESENTA PORTAR UN UNIFORME; DETRÁS DE CADA POLICÍA HAY AÑOS DE PREPARACIÓN, CURSOS, EVALUACIONES, GUARDIAS INTERMINABLES, RIESGOS CONSTANTES Y UNA FAMILIA QUE DEPENDE DE ESE TRABAJO; MUCHOS DEDICAN VEINTE O TREINTA AÑOS DE SU VIDA AL SERVICIO PÚBLICO, CONSTRUYENDO UNA CARRERA CON SACRIFICIOS PERSONALES QUE POCAS VECES SON RECONOCIDOS; SIN EMBARGO, LA FUNCIÓN POLICIAL ES UNA DE LAS POCAS PROFESIONES DONDE UN SOLO ERROR, UNA OMISIÓN O UN DESCUIDO PUEDEN BORRAR EN CUESTIÓN DE MINUTOS TODO LO CONSTRUIDO DURANTE DÉCADAS; SI LA AUTORIDAD JUDICIAL LLEGARA A DICTAR UNA SENTENCIA CONDENATORIA, LAS CONSECUENCIAS NO SOLO SERÍAN UNA PENA DE PRISIÓN; TAMBIÉN PODRÍA REPRESENTAR EL FIN DE UNA CARRERA, LA PÉRDIDA DE PRESTACIONES, DE ESTABILIDAD ECONÓMICA Y DEL PRESTIGIO PROFESIONAL OBTENIDO TRAS AÑOS DE SERVICIO; LA RESPONSABILIDAD DE UN POLICÍA NO TERMINA AL DETENER A UNA PERSONA; CONTINÚA DURANTE LA CUSTODIA, EL TRASLADO, LA PUESTA A DISPOSICIÓN Y CADA MOMENTO EN QUE TIENE BAJO SU RESPONSABILIDAD LA LIBERTAD DE OTRO SER HUMANO; POR ELLO, LA LEY EXIGE UN ALTO NIVEL DE DILIGENCIA, PRECISAMENTE PORQUE LAS CONSECUENCIAS DE UNA OMISIÓN PUEDEN SER GRAVES; UN SOLO INSTANTE PUEDE DEFINIR EL DESTINO DE TODA UNA VIDA DE SERVICIO
DURANTE la tarde del lunes platicaba con un amigo que es policía segundo de la Secretaria de Seguridad Pública Municipal y me cuestionaba qué va a pasar con sus compañeros Adolfo y José Manuel que actualmente están encarcelados en el Centro de Reinserción Social (CERESO) local acusados de evasión de presos. Y de manera muy reflexiva preguntó: ¿Y, el trabajo? ¿Aquí se pierde? Y repone: ¿todo por haberse quedado dormido? Lamentó que uno de ellos estaba a punto de alcanzar su jubilación. ‘Que tristeza que todo se acaba y la familia es la más afectada’. Esto me llevó a pergeñar estas líneas… LA FUGA de un presunto generador de violencia del Hospital General de Ciudad Obregón no solo abrió una investigación penal contra los policías encargados de su custodia; también dejó al descubierto una realidad pocas veces analizada: el enorme peso que representa portar un uniforme. Detrás de cada policía hay años de preparación, cursos, evaluaciones, guardias interminables, riesgos constantes y una familia que depende de ese trabajo. Muchos dedican veinte o treinta años de su vida al servicio público, construyendo una carrera con sacrificios personales que pocas veces son reconocidos. Sin embargo, la función policial es una de las pocas profesiones donde un solo error, una omisión o un descuido pueden borrar en cuestión de minutos todo lo construido durante décadas. En casos como el ocurrido en el Hospital General, si la autoridad judicial llegara a dictar una sentencia condenatoria, las consecuencias no solo serían una pena de prisión. También podría representar el fin de una carrera, la pérdida de prestaciones, de estabilidad económica y del prestigio profesional obtenido tras años de servicio. La responsabilidad de un policía no termina al detener a una persona. Continúa durante la custodia, el traslado, la puesta a disposición y cada momento en que tiene bajo su responsabilidad la libertad de otro ser humano. Por ello, la ley exige un alto nivel de diligencia, precisamente porque las consecuencias de una omisión pueden ser graves. También es importante recordar que, mientras no exista una sentencia firme, los agentes conservan su presunción de inocencia. Será el órgano jurisdiccional quien determine, con base en las pruebas, si existió responsabilidad penal o si los hechos obedecieron a circunstancias distintas. Este caso deja una reflexión que va más allá de una carpeta de investigación: ser policía implica asumir una responsabilidad enorme todos los días. El uniforme representa autoridad, pero también una carga jurídica y moral permanente. Y en ocasiones, un solo instante puede definir el destino de toda una vida de servicio…Y, ESTO LE puede suceder no solo a un elemento de la Policía Preventiva, sino también de la Policía Estatal de Seguridad Pública y de la Agencia Ministerial de Investigación Criminal. A veces pareciera ser muy injusta la vida y el destino, pero también hay quienes les vale terminar en esas condiciones. Y, saben por qué, sencillamente porque los grados que algunos ostentan no les costó el mismo sacrificio que a otros. Lo mismo podría suceder con mujeres policías. Hay comandantes de unidad que de plano no merecen portar las barras del grado que lucen en su indumentaria, dada su mediocridad. Nombres hay muchos, pero todo se lo dejamos al padre tiempo que se encarga de cobrar facturas por sus malas acciones, y esto lo saben otros que están muy conscientes de ello. Uno de ellos es precisamente el jefe de la Policía Preventiva, Francisco Javier Valdez Juzaino que, en todo momento mostró honda preocupación por lo sucedido a sus subalternos. El mando policiaco en pocos años de carrera operativa ha acuñado enorme aprendizaje. Antes se desempeñaba en el área administrativa, pero le tomó sabor y convicción a la adrenalina y ha sabido cumplir con ese caudal de responsabilidad que trae a cuestas, además que ha mostrado solidaria actitud con su tropa. Lo he visto de cerca y no cualquier otro mando superior lo hace… EN OTROS TEMAS, las cifras del INEGI vuelven a poner sobre la mesa una realidad que desde hace tiempo se advertía: el sistema de justicia penal en Sonora atraviesa un serio problema de saturación. Al cierre de 2024, 15 mil 796 personas se encontraban privadas de la libertad en los centros penitenciarios del estado, de las cuales 8 mil 386 aún no contaban con una sentencia, es decir, más del 53 por ciento de la población penitenciaria. Este porcentaje coloca a Sonora muy por encima del promedio nacional de personas privadas de la libertad sin sentencia, lo que evidencia un rezago que ya no puede atribuirse únicamente a la carga de trabajo de los órganos jurisdiccionales. También es consecuencia de la política criminal que se ha privilegiado durante los últimos años. La política de procuración de justicia impulsada por el fiscal general Gustavo Rómulo Salas Chávez debe analizarse con seriedad. Medir el éxito de una fiscalía por el número de detenciones, judicializaciones o vinculaciones a proceso resulta insuficiente cuando las cárceles continúan llenándose de personas que permanecen meses e incluso años esperando una resolución definitiva… ES IMPORTANTE ser congruente y reconocer que el sistema penal acusatorio fue diseñado para ofrecer herramientas que permitieran resolver los conflictos de manera más ágil y eficiente. Los acuerdos reparatorios, la suspensión condicional del proceso y los procedimientos abreviados no son concesiones indebidas; son mecanismos legales creados precisamente para evitar el colapso de las instituciones, concentrar los recursos en los delitos de mayor impacto y garantizar una justicia pronta. Sin embargo, la política criminal que actualmente se observa en Sonora parece privilegiar la judicialización de los asuntos sobre el uso de estas figuras legales. El resultado es evidente: mayor rezago, mayor sobrepoblación penitenciaria y miles de personas privadas de la libertad sin que su situación jurídica haya sido definida. La justicia no puede medirse por el número de personas encarceladas. Una verdadera política pública en materia de procuración de justicia debe buscar resolver los conflictos conforme a derecho, privilegiando las salidas alternas y las formas de terminación anticipada cuando la propia ley las autoriza. De lo contrario, las cifras seguirán creciendo y el sistema continuará pagando las consecuencias de una estrategia que, lejos de fortalecer la justicia, contribuye a su saturación. Por esto, las cárceles enfrentan serias dificultades de hacinamiento y sobrepoblación que derivan en otros conflictivos entre la misma población penitente y sino habría que preguntarle al maestro Braulio Martínez Navarrete, secretario de Seguridad Pública del Estado… AYER SE NOS pasó comentar que la mañana del domingo se reportó un fallecimiento en las inmediaciones de la carretera internacional, aproximadamente a la altura del kilómetro 214, cerca del Motel Aeropuerto y frente a un establecimiento de Agroinsumos. Se conoció que la víctima era un hombre vecino de la colonia Rincón del Valle, quien presuntamente se dedicaba a recolectar materiales reciclables en esa zona industrial ubicada al sur de Ciudad Obregón. A ese mismo domingo se sumó la constante labor de los colectivos de búsqueda. Integrantes de Guerreras Buscadoras de Cajeme realizaron trabajos de prospección en la comunidad de Puente de Picos. Su dirigente, Silvia Velázquez, reveló posteriormente que las acciones realizadas no arrojaron resultados. Sin embargo, lo que no puede pasar desapercibido es que las exploradoras no han dejado de trabajar y continúan recorriendo comunidades, predios y caminos en busca de personas desaparecidas. El talón de Aquiles de las madres buscadoras, insisten en que es la falta de una máquina retroexcavadora con mayor capacidad de operación a la que cuenta la Comisión estatal de Búsqueda de personas que dirige Dante Noel Talavera Nieblas quien tendrá que hacer las gestiones necesarias para que se adquiera con recursos del Estado y la Federación. Inclusive el municipio. No hay que olvidar lo expuesto por otra activista social y dirigente del colectivo DH Verdad y Justicia, Ana Isabel Castro Cota, en cuanto a que en el municipio de Cajeme existen alrededor de tres mil personas desaparecidas. A principios de este mes estuvieron buscando los restos de cinco personas ausentes, en el patio de una vivienda en la colonia Oscar Russo Voguel. Pero lamentablemente no obtuvieron logros… Luego seguimos, Dios mediante.








