Al inicio de su segundo mandato y con el control migratorio como una de sus prioridades, Donald Trump llegó a acuerdos con México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Costa Rica y Panamá para que funcionaran como países “puente” o de destino para migrantes de terceros países expulsados de Estados Unidos.
Estos acuerdos se han ampliado gradualmente a otros lugares, incluidos algunos países africanos. El más reciente es Liberia.
Hasta ahora, los mexicanos deportados desde Estados Unidos eran enviados casi exclusivamente a México, tanto por vía aérea como terrestre. Solo un número reducido era trasladado a otros países.
El presidente de Guatemala, Bernardo Arévalo, informó el miércoles que durante 2025 su país recibió a 15 mexicanos. Hasta febrero de 2026, Honduras había reportado oficialmente la llegada de seis mexicanos.
Por su parte, Costa Rica ha recibido a 11 mexicanos desde el regreso de Trump a la Casa Blanca. De acuerdo con las autoridades migratorias locales, estas personas permanecen en el país.
Presumiblemente, algunos de ellos podrían haber solicitado no ser deportados a México debido al temor de regresar.
Abogados especializados en migración consideran que el gobierno de Trump utiliza las deportaciones hacia terceros países como una laguna legal para presionar indirectamente a solicitantes de asilo o migrantes sin documentación a regresar a sus países de origen.






