Dr. Jorge Gabriel Puebla Clark

Tabaquismo, vapeo y cáncer de pulmón

Antes del año 1900 el cáncer de pulmón se consideraba una enfermedad tan rara y poco frecuente que algunos la catalogaban como una ‘curiosidad médica’: representaba menos del 1% de todos los tumores malignos a nivel mundial y la mortalidad que provocaba apenas se documentaba en las estadísticas. En 2022 aproximadamente 20% de todas las muertes por cáncer en el mundo fueron por cáncer pulmonar:  1.8 millones de personas anualmente.

¿Qué ocasionó este drástico aumento? La respuesta es la industrialización del tabaco.

El tabaco era ampliamente consumido en América desde antes de la llegada de los españoles y también después de la colonización. En el año 1767 el fraile Francisco Ajofrín escribió que ‘el tabaco de hojas es otro abuso de la América: apenas dejan el cigarro de la mano en todo el día, excepto el tiempo que están en la Iglesia’. No obstante, en esos tiempos los cigarros se elaboraban a mano y su producción era cara.  Esto cambió en 1881 cuando James Albert Bonsack fabricó una máquina capaz de elaborar 120,000 cigarros al día. Posteriormente James Buchanan Duke compró los derechos exclusivos de la máquina transformando la industria mundial del tabaco con la producción masiva.

A partir de este momento, se iniciaron campañas y estrategias para la comercialización, distribución y promoción: durante la Primera Guerra Mundial se les otorgaban raciones gratis de tabaco a los soldados para ‘mejorar su desempeño’, al grado que se decía que para ganar la guerra se requerían ‘balas y cigarros’. Después vinieron las campañas de radio y televisión, como el famoso ‘Hombre Marlboro’ que al promocionar la imagen de un vaquero libre, varonil y rudo logró acercar el cigarro con filtro (visto como femenino) al consumidor masculino, incrementando exponencialmente las ventas. Dicho sea de paso, el Hombre Marlboro se considera la campaña publicitaria más exitosa de la historia. Por desgracia, los hombres que protagonizaron esta campaña murieron a consecuencia del tabaquismo, motivo por el cual a los cigarros Marlboro rojos se les llama ‘cowboy-killers’.

Fue hasta la década de 1950 cuando dos epidemiólogos británicos (Doll y Hill) lograron establecer de manera concreta e indudable la relación entre tabaco y cáncer de pulmón, estudiando a una población de médicos fumadores que desarrollaron cáncer pulmonar.

Lo más desconcertante de esta historia es que, durante todo este tiempo, la industria tabacalera conocía sobre los efectos mortales del consumo de tabaco y lo negaba abiertamente.

De aquí se desprenden 3 lecciones importantes:

Tuvieron que pasar más de 50 años para que se pudiera comprobar de forma irrefutable que el tabaco se asociaba al cáncer de pulmón

La industria tabacalera utiliza estrategias de negación para ocultar el daño que sus productos provocan

El promocionar un cierto ‘estilo de vida’ aumenta mucho las ventas de estos productos, aún cuando se sabe que son dañinos

Esta historia del tabaco se está repitiendo con el cigarro electrónico, sobre todo en la población más joven: actualmente se promociona un ‘estilo de vida’ asociado al vapeo y se insiste en que es ‘menos nocivo’ que el tabaco tradicional. Hay que entender que estos argumentos no obedecen a un tema de salud sino a un tema económico: las grandes tabacaleras han cambiado su negocio del tabaco tradicional a los dispositivos con nicotina.         

El veneno es el mismo, el método de administración es lo que ha cambiado. Es importante no olvidar la historia para no repetirla: ¿tendremos que esperar 50 años a que salgan estudios que comprueben irrefutablemente el daño que ocasiona vapear para que empecemos a actuar?

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