Manuel Grijalva
Con una presencia que infundió paz y certidumbre al gremio musical, la licenciada Cristina Félix Soto asistió a una asamblea convocada con carácter de urgente. En representación del departamento de Inspección y Vigilancia del Municipio de Cajeme, la funcionaria acudió la tarde del pasado martes al edificio de la CTM para desmantelar la desinformación que mantenía en vilo a los trabajadores de la música.
La sesión extraordinaria fue organizada por el Sindicato de Músicos de la Sección 20, liderado por su secretario general, Gustavo “Tavo” Gutiérrez. El llamado logró congregar a más de un centenar de filarmónicos desesperados por obtener respuestas claras. Entre los asistentes se encontraban integrantes de bandas, tecno bandas, grupos norteños, tropicales y operadores de sonido (DJ’s). Todos ellos compartían una misma inquietud y preocupación: defender su único sustento diario en una época donde ganarse la vida a pulso con notas musicales ya representa un reto mayúsculo. Algunos de ellos externaron su malestar debido a que varios contratos se les habían caído tras la difusión de falsas prohibiciones, argumentando además haber sufrido hostigamiento por parte de ciertas autoridades en eventos recientes.
EL ORIGEN DE LA PSICOSIS DIGITAL
Todo comenzó por una noticia mal contada en redes sociales. En distintas plataformas digitales se esparció el rumor de que los eventos con música en vivo directamente en la vía pública quedaban estrictamente prohibidos y que debían confinarse exclusivamente a clubes o salones de fiesta. La publicación alarmista aseguraba que el Ayuntamiento de Cajeme pondría un “bozal definitivo” a las agrupaciones locales.
Firme, segura de sí misma y con una serenidad que apaciguó los ánimos encendidos, Cristina Félix Soto hizo uso de la palabra para aclarar que en ningún momento se ha pretendido impedir que los músicos de Ciudad Obregón trabajen. Al contrario, ofreció el respaldo total de la dependencia para facilitar sus labores dentro del marco legal.
El verdadero detonante de la discordia radicó en un video viralizado días atrás. En dicha grabación se observa a elementos de la Policía Municipal retirando de la banqueta a los integrantes de una banda sinaloense mientras ensayaban. Lo que omitió la publicación digital —y que pocos reconocieron en su momento— es que algunos de los músicos se encontraban ingiriendo bebidas alcohólicas en la vía pública, una conducta que sí está sancionada por el Bando de Policía y Buen Gobierno.
LA CLAVE: EL TRÁMITE LEGAL, OPORTUNO Y PREVENTIVO
La clave de la reunión giró en torno al rubro de la tramitología. La funcionaria especificó que la Policía Municipal, mediante sus células especiales de atención, no es la encargada de expedir los permisos para los eventos, sino que esta es una facultad exclusiva del H. Ayuntamiento a través de las oficinas de Inspección y Vigilancia.
El llamado tanto para los clientes como para los propios músicos fue directo: para evitar que la autoridad fiscalizadora actúe a mitad del repertorio, es indispensable tramitar previamente el permiso correspondiente. Estar legalmente alineados con el reglamento municipal es la mejor garantía de protección para su trabajo.
Por su parte, Gustavo “Tavo” Gutiérrez, actuando en defensa de sus agremiados, fue enfático en señalar que estas disposiciones no tienen un fin recaudatorio o “de dinero”, sino de civilidad y sana convivencia.
Asimismo, se recalcó que estas medidas de restricción vial o de espectáculos masivos callejeros no aplican de ninguna manera para las fiestas particulares que se desarrollan de forma pacífica dentro de los domicilios privados, ni para los eventos programados en salones de fiesta, los cuales operan bajo un esquema de permisos administrativos completamente distinto.
El ambiente al final de la jornada de diálogo pasó de la alta tensión a la calma. Los músicos obregonenses, que lo mismo le cantan al campesino madrugador que amenizan las bodas tradicionales del Valle del Yaqui, salieron del recinto con la certeza de que las trompetas, los acordes y las tarolas seguirán sonando con fuerza, siempre y cuando se respete la legalidad. Con este pacto de frente, Cajeme demuestra que la cultura popular y el orden urbano pueden marchar exactamente al mismo compás.




