La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo reconoció que México y Estados Unidos aún no han alcanzado un acuerdo para reducir los aranceles impuestos a las exportaciones mexicanas de vehículos, acero y aluminio, aunque aseguró que las conversaciones entre ambos gobiernos continúan y registran avances.

Durante su conferencia matutina de este lunes 12 de octubre, realizada en Palacio Nacional, la mandataria explicó que las negociaciones buscan mejorar las condiciones comerciales para los productos mexicanos y evitar la aplicación de nuevos impuestos a las mercancías que ingresan al mercado estadounidense.

Sheinbaum señaló que, pese a las diferencias existentes con la administración del presidente Donald Trump, el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) continúa vigente y mantiene su carácter de acuerdo comercial aprobado por los tres países.

La presidenta aclaró que la decisión de Washington de establecer conversaciones individuales con sus socios comerciales no significa que el tratado haya sido cancelado ni que se encuentre en proceso de desaparición.

Explicó que, a diferencia de las negociaciones originales del acuerdo, Estados Unidos decidió abordar por separado los asuntos comerciales pendientes con México y Canadá, lo que ha generado un nuevo escenario para la revisión del mecanismo de integración económica de América del Norte.

En este contexto, el Gobierno mexicano mantiene como una de sus principales prioridades conseguir una disminución de los aranceles aplicados a los sectores automotriz, siderúrgico y del aluminio, considerados estratégicos para las exportaciones nacionales.

La mandataria reconoció que todavía existen diferencias que impiden anunciar un acuerdo definitivo, aunque destacó que los equipos de ambos países mantienen comunicación para identificar posibles soluciones.

Asimismo, reiteró que México busca impedir la imposición de nuevas medidas arancelarias durante el proceso de revisión del T-MEC, con el objetivo de proporcionar mayor certidumbre a las empresas que producen y exportan mercancías hacia Estados Unidos.

La política comercial impulsada por el Gobierno estadounidense ha representado un desafío para diversos sectores industriales mexicanos, particularmente aquellos que mantienen una estrecha relación con las cadenas de suministro de América del Norte.

En el caso de la industria automotriz, las empresas operan mediante procesos de producción compartidos entre México, Estados Unidos y Canadá, por lo que las medidas arancelarias pueden incrementar los costos y modificar las condiciones de competitividad.

Una situación similar ocurre con las industrias del acero y el aluminio, cuyos productos son utilizados en actividades manufactureras, construcción, transporte y fabricación de distintos bienes de consumo.

Sheinbaum ha sostenido en ocasiones anteriores que la mayoría de los productos mexicanos que cumplen con las disposiciones del T-MEC conservan condiciones preferenciales para ingresar al mercado estadounidense, aunque existen excepciones para determinados sectores.

Por ello, la administración federal busca mantener los beneficios del tratado y obtener mejores condiciones para las exportaciones que actualmente enfrentan restricciones arancelarias.

Otro de los asuntos abordados por la presidenta fue el futuro del acuerdo comercial, cuya revisión contempla la posibilidad de extender su vigencia por un periodo adicional.

La mandataria explicó que México y Canadá han planteado que el T-MEC se prolongue por 16 años, mientras que Estados Unidos ha propuesto mantener un horizonte de diez años, acompañado de revisiones anuales.

Esta diferencia forma parte de las conversaciones entre los tres países sobre la continuidad del tratado y los mecanismos que permitirían evaluar su funcionamiento en los próximos años.

Sheinbaum recordó que el acuerdo establece una revisión a los seis años de su entrada en vigor, mediante la cual los gobiernos participantes deben determinar las condiciones para su continuidad.

La presidenta sostuvo que la propuesta estadounidense no necesariamente impediría alcanzar posteriormente una extensión de 16 años, pues consideró que podrían realizarse nuevas consultas en los próximos años.

En ese sentido, explicó que todavía existe margen para continuar las negociaciones y encontrar un mecanismo que ofrezca estabilidad a largo plazo para las actividades comerciales de la región.

La revisión del T-MEC es uno de los temas centrales de la relación económica entre México y Estados Unidos, debido a la importancia del intercambio de mercancías, las inversiones y la integración de las cadenas productivas.

Para México, el mercado estadounidense representa el principal destino de sus exportaciones, por lo que las condiciones de acceso comercial tienen repercusiones directas en sectores como el automotriz, el metalúrgico y el manufacturero.

Las empresas de estas actividades han seguido de cerca las negociaciones, debido a que las decisiones sobre aranceles pueden influir en sus costos de operación, proyectos de expansión y planes de inversión.

En semanas recientes, representantes empresariales de ambos países también han manifestado la necesidad de fortalecer la certidumbre jurídica y comercial para mantener la competitividad de América del Norte.

El Gobierno federal ha reiterado que las conversaciones con Washington se desarrollan mediante el diálogo institucional, con la intención de alcanzar acuerdos que protejan los intereses económicos nacionales.

Aunque todavía no existe una fecha confirmada para anunciar un entendimiento definitivo, Sheinbaum insistió en que las negociaciones continúan abiertas y que los avances registrados permiten mantener las conversaciones.

Por ahora, los aranceles a las exportaciones mexicanas de vehículos, acero y aluminio siguen siendo uno de los principales asuntos pendientes entre ambas administraciones.

La presidenta reiteró que México continuará buscando una reducción de estas medidas y condiciones comerciales que permitan preservar la competitividad de las empresas nacionales, al tiempo que mantiene su postura de que el T-MEC continúa vigente y constituye la base de la relación económica entre los tres países de América del Norte.

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