Las protestas que se llevaron a cabo en Francia dejaron mil 200 personas detenidas y 150 policías y gendarmes heridos.
El primer ministro francés, Sébastien Lecornu, afirmó que detrás de la violencia ocurrida hay una maniobra política, y anunció que se solicitará la prisión provisional para los detenidos.
Justificó esas instrucciones porque los arrestados presentan “perfiles particularmente violentos y peligrosos”.
“No se puede permitir que una minoría destroce y que sean siempre los mismos los que pagan”, añadió después de haber hecho hincapié en que en París se habían intentado atacar “los centros de poder” como el palacio del Elíseo, Matignon, que es la residencia oficial del primer ministro, o la Asamblea Nacional.
“Por lo tanto es claramente una maniobra política que acepta la violencia”, añadió antes de subrayar que “no nos dejaremos intimidar”.
Los alcaldes de París, Marsella y Lyon, tres de las ciudades más afectadas por destrozos y robos, han solicitado una reunión con Lecornu a principios de la próxima semana, “dada la magnitud de los daños y la gravedad de la situación” relacionada con la violencia, el vandalismo y los saqueos ocurridos en sus ciudades el sábado.
“Exigimos un diagnóstico preciso que explique la cadena de acontecimientos que condujeron a esta situación. Esto no puede ni debe volver a ocurrir”, escribieron el socialista Emmanuel Grégoire (París), el independiente de izquierdas Benoît Payan (Marsella) y el ecologista Grégory Doucet (Lyon) en un comunicado conjunto.
Los tres cargos electos afirmaron que incluyen a todos los alcaldes de los municipios afectados en su iniciativa.
Las protestas que se desarrollaron por todo el país con una larga lista de reivindicaciones y convocadas por un variado conglomerado de colectivos, empezando por los estudiantes, pero también miembros de los ‘chalecos amarillos’ o empleados de servicios públicos reunieron a 550 mil personas, según el Gobierno y hasta más de 800 mil, según los organizadores.



