Por Lorenza Sigala
Una mujer tendida sobre el camellón, una niña de aproximadamente tres años que todavía convulsionaba y un niño de unos cinco años que le suplicaba que no lo tocara porque le dolía la pierna son imágenes que Rafael difícilmente podrá borrar de su memoria, luego de presenciar el fatal choque ocurrido durante la madrugada de este lunes en Hermosillo.
Mientras otros intentaban auxiliar a los ocupantes de los vehículos, Rafael decidió quedarse junto a una de las víctimas para evitar que otros automovilistas la atropellaran. A unos metros se encontraba la pequeña que, según su relato, todavía presentaba movimientos convulsivos, mientras la mujer que aparentemente la llevaba en brazos ya no reaccionaba.
El accidente ocurrió alrededor de la 1:40 de la mañana, en el cruce de los bulevares Kino e Ignacio Soto, donde un Chevrolet Aveo blanco y un Toyota Corolla guinda colisionaron. El saldo fue de cuatro personas fallecidas y cuatro lesionadas, tres de ellas reportadas oficialmente en estado delicado.
Rafael relató que presenció cuando el automóvil guinda circulaba a una velocidad que calculó en aproximadamente 150 kilómetros por hora. Aseguró que lo había visto avanzar a gran velocidad por el bulevar Kino y que, por la forma en que se desplazaba, le parecía que las llantas apenas tocaban el suelo.
Según la versión del testigo, el automóvil blanco circulaba delante y aparentemente disminuyó la marcha para dar vuelta. En ese momento, el Corolla lo alcanzó y lo impactó con tal fuerza que, de acuerdo con su estimación, lo lanzó alrededor de 20 metros.
La violencia del choque provocó que varias personas salieran proyectadas de los vehículos y quedaran dispersas en diferentes puntos de la vialidad. Rafael recordó que, al percatarse de lo ocurrido, corrió hacia el lugar, pero tuvo que advertir a quienes se acercaban que había cuerpos tendidos sobre el pavimento.
Una de las escenas que más lo marcaron fue la de una mujer de más de 25 años, según calculó, que se encontraba tendida y completamente extendida sobre el suelo, a unos tres metros de una niña de aproximadamente tres años.
La pequeña estaba boca abajo y todavía convulsionaba, mientras la mujer ya no respondía. Rafael supuso que la llevaba en brazos al momento del impacto, aunque aclaró que no podía confirmar cómo viajaban dentro del vehículo.
A poca distancia encontró también a un niño quien, pese a sus graves lesiones, todavía podía hablar.
“No me toque, me duele”, recuerda Rafael que decía el pequeño, mientras se quejaba de una lesión severa en una pierna. Según su descripción, el menor tenía la extremidad gravemente lastimada y presentaba tres heridas en la cabeza.
El niño fue trasladado a recibir atención médica en estado grave, de acuerdo con el relato del testigo.
Rafael mencionó que, más adelante, también observó a otra mujer que calculó en menos de 25 años y a un niño de aproximadamente un año. Por la condición en que los vio, creyó que ambos habían fallecido; sin embargo, no tenía confirmación oficial sobre el estado de salud de esas personas ni sobre sus identidades.
Mientras otras personas se dirigían hacia el automóvil blanco para auxiliar a sus ocupantes, Rafael decidió permanecer junto a la mujer y la niña.
“Me quedé cuidando un cuerpo, que no lo fueran a atropellar”, explicó.
El testigo relató que la mujer se encontraba prácticamente en medio del camellón, donde también había restos del accidente y objetos personales. Por temor a que algún automovilista pasara sobre ellos, comenzó a retirar hacia la orilla algunos de los objetos que estaban cerca de las víctimas.
En medio de la emergencia, Rafael recordó que una ambulancia del Instituto Mexicano del Seguro Social pasó por el lugar poco después del choque. Él y otras personas intentaron hacerle señas para que se detuviera, pero, según su testimonio, la unidad continuó su camino. Rafael supuso que podría llevar a otro paciente, aunque dijo desconocer por qué no se detuvo.
Ante la magnitud de lo ocurrido, llamó al número de emergencias 911 para solicitar ayuda. Poco después llegó una patrulla y uno de los agentes le pidió que relatara cómo había sucedido el accidente.
Pero la tragedia no terminaba en el punto donde habían quedado los cuerpos. El automóvil guinda había terminado metros más adelante, cerca de un establecimiento de comida, y, según Rafael, comenzó a incendiarse mientras dos hombres permanecían en su interior.
El testigo contó que algunas personas que se encontraban cerca intervinieron para intentar rescatarlos. Rompieron uno de los cristales, abrieron la unidad y consiguieron sacar a uno de los ocupantes, quien, por la condición en que lo vio, parecía estar a punto de morir.
El otro hombre permaneció dentro del automóvil mientras buscaban extintores en una gasolinera cercana, identificada por Rafael como El Faro. Una vez que consiguieron los equipos, lograron sofocar el fuego, aunque el segundo ocupante quedó en el interior del vehículo.
Rafael describió esos momentos como una sucesión de escenas desesperantes: personas intentando ayudar, vehículos destrozados, cuerpos tendidos sobre el pavimento y sobrevivientes que necesitaban atención urgente.
Aproximadamente una hora u hora y media después, cuando las corporaciones policiales todavía se encontraban en el área, el testigo escuchó lo que le parecieron alrededor de cuatro detonaciones de arma de fuego provenientes de un automóvil que pasó por la parte posterior del lugar.
Según su relato, varias patrullas salieron rápidamente en dirección a La Joya para intentar localizar al vehículo. Al cabo de un tiempo regresaron, aunque Rafael desconocía si habían encontrado a la persona que presuntamente realizó los disparos.
Estos últimos hechos corresponden exclusivamente a lo que el testigo afirma haber escuchado y observado; no se cuenta aquí con información oficial que confirme ese reporte ni que establezca si tuvo relación con el accidente.
La Vicefiscalía de Investigación confirmó que el choque dejó cuatro personas fallecidas y cuatro lesionadas. Su titular, Jesús Francisco Moreno Cruz, informó que tres de las víctimas mortales viajaban en el Chevrolet Aveo y una más era el conductor del Toyota Corolla. También señaló que uno de los conductores fue puesto a disposición del Ministerio Público como presunto responsable, aunque aclaró que los peritajes determinarán cómo ocurrió el accidente y quién tuvo responsabilidad.
Hasta el momento, las autoridades no han confirmado oficialmente todos los detalles narrados por Rafael, entre ellos la velocidad a la que presuntamente circulaba el Corolla, las circunstancias exactas en que salieron proyectadas las víctimas y el reporte de las detonaciones posteriores.
Para Rafael, sin embargo, la madrugada quedó marcada por una escena que no esperaba encontrar: una mujer que ya no respondía, una niña que todavía convulsionaba y un pequeño que, aun herido, pedía que no lo tocaran porque le dolía.
En medio de aquella tragedia, sin uniforme ni equipo de emergencia, eligió quedarse junto a una de las víctimas para evitar que alguien más la atropellara. Mientras llegaba la ayuda, intentó proteger lo poco que podía en una escena donde, en cuestión de segundos, varias familias quedaron marcadas por una pérdida irreparable.



