Hay una desaceleración en la producción de autos mexicanos, por lo que al finalizar el año habría una contracción de 9%, comparada con el dato de 2024, así lo informó Gabriel Padilla, director de la Industria Nacional de Autopartes (INA).

“Es muy preliminar confirmar esta estimación debido a que todavía no se percibe en el mercado estadounidense la afectación por aranceles en el mercado interno, sobre todo en las ventas y en la demanda”, destacó el representante del sector.

De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), durante julio se fabricaron 309 mil 453 unidades de vehículos ligeros lo que significó un avance de 2.3% mientras que las exportaciones aumentaron 7.9%, comparado con el mismo mes del año anterior, si bien hay un avance hay una desaceleración.

En lo que se refiere al ecosistema del sector, Padilla indicó que las autopartes se han visto afectadas por el clima de incertidumbre, pero las partes más afectadas son aquellas con alto contenido de acero y aluminio y adicionalmente cobre, donde se adicionan estas presiones de aranceles de 50 por ciento.

Detalló que entre los productos que destacan son los partes estampados, suspensión, piezas de aire acondicionado, bisagras y soporte, en donde están relacionadas exportaciones que alcanzan un valor de 2 mil 900 millones de dólares al año.

“La afectación es diversa, depende del grado de integración de las empresas. El arancel se paga en Estados Unidos y afecta a los importadores y lo terminan pagando los consumidores finales”, advirtió.

También indicó que muchos modelos de automóviles y de autopartes dependen de chips importados, un arancel tan alto podría elevar los costos de la producción, principalmente en Estados Unidos, difícilmente las industrias armadoras podrían absorber los costos en el mediano largo plazo y forzosamente tendrían que traspasar estos costos adicionales al consumidor final.

“Estamos en vísperas de ver los efectos en el mercado interno de Estados Unidos y es un arancel adicional que viene a poner una presión adicional a la situación de incertidumbre que no permite tener certeza en la producción y sobre todo en las nuevas inversiones”, destacó Gabriel Padilla.

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