Ciudad de México. En los últimos años, México ha mostrado avances importantes en materia de reducción de la pobreza laboral. Actualmente, este indicador se ubica en alrededor del 30.7 por ciento de la población, lo que representa una disminución respecto a niveles registrados anteriormente y refleja un esfuerzo conjunto entre trabajadores, empresas y autoridades para mejorar las condiciones económicas del país.
Sin embargo, estos avances conviven con una realidad que sigue preocupando: la elevada presencia de la economía informal.
De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), aproximadamente el 54.8 por ciento de la población ocupada se encuentra en condiciones de informalidad laboral, una situación que limita el acceso a prestaciones, seguridad social y oportunidades de desarrollo profesional.
La informalidad no solo afecta la estabilidad económica de millones de familias, sino que también impacta la productividad y competitividad del país.
Diversos estudios muestran que, en promedio, las personas que trabajan en la informalidad perciben ingresos considerablemente menores que quienes cuentan con un empleo formal y acceso a prestaciones laborales.
Aunque la pobreza laboral se encuentra en su nivel más bajo de los últimos años, todavía cerca de tres de cada diez mexicanos no logran adquirir la canasta básica alimentaria con los ingresos de su trabajo, lo que evidencia que aún existen retos importantes para garantizar mejores condiciones de bienestar.
Ante este panorama, la COPARMEX consideró fundamental fortalecer las políticas públicas y las acciones que promuevan la generación de empleo formal, la inversión productiva y el crecimiento de las micro, pequeñas y medianas empresas, ya que son estas las principales generadoras de empleo en el país.
Desde el sector empresarial reiteraron que la creación de empleos formales es una de las herramientas más efectivas para combatir la pobreza, reducir las brechas de desigualdad y construir una economía más sólida y competitiva.





