Manuel Grijalva
Bien dicen que nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido, o en este caso, ¡nadie sabe qué tan rápido corre hasta que suena la alarma de incendios en la madrugada! La noche no terminó como esperaban para los muchachos de banda “El Recodo”. Tuvieron que evacuar el hotel donde pernoctaban en Los Ángeles, California, pasando del glamour de los escenarios directito a la fría banqueta en paños menores por una alarma que se activó cuando el cuerpo más reclama el descanso.
Con el corazón en un hilo, todos salieron casi ‘bichicoris’ a la calle sin saber con certeza qué sucedía. Los músicos caían rendidos tras una extenuante jornada laboral cuando el ensordecedor chillido de las alertas contra fuego comenzó a retumbar. El pánico no se hizo esperar ni tantito. Imagínense salir corriendo de los cuartos a medio vestir, algunos en shorts o en calzones, arrastrando cobijas, con la lagaña pegada y la greña parada, buscando con desesperación las escaleras de emergencia porque por regla de supervivencia los elevadores quedaron inhabilitados. La administración tomó la situación con seriedad absoluta, al grado de que el personal aplicó de inmediato el protocolo de evacuación masiva para salvar a los huéspedes.
La cosa no quedó en un simple “bájense tantito a ver qué pasa”. La emergencia escaló y el ambiente se puso color de hormiga cuando el ulular de las sirenas rompió el silencio. Al lugar acudieron unas diez patrullas y los camiones de bomberos, listos para combatir lo que temían fuera un fuerte incendio. Ver las luces rojas y azules parpadeando contra las fachadas le congeló la sangre a más de cuatro. El mismísimo Alfonso “Poncho” Lizárraga —líder de la agrupación— andaba en la calle con el ‘Jesús en la boca’, reportando en vivo en sus redes sociales el desconcierto que vivían: “No sabemos qué esté pasando, pero aquí estamos afuera, esperando que todo esté bajo control”, comentaba preocupado, pero manteniendo su clásica templanza.
Ricky Yocupicio —vocalista de la banda— declaró que estaba profundamente dormido cuando el ‘ruidazo’ lo levantó de un salto de su cama. Los rumores apuntaban a que algún huésped encendió un cigarro en zona prohibida o que una falla técnica en la cocina desató el caos. Afortunadamente, los ‘tragahumo’ revisaron el inmueble y determinaron que todo se trató de una falsa alarma. Los músicos regresaron sanos y salvos, aunque con el ojo bien abierto por la adrenalina. Bien dicen que “después de la tormenta la calma reinará”, nuestros queridos sinaloenses ahora tienen una anécdota más que contar. Ojalá que la próxima vez que suenen las trompetas no sea para huir en pijama, ¡menos las de San Pedro!, mejor que sean ellos mismos alegrándonos con sus éxitos.




