La industria aguacatera mexicana enfrenta una nueva alerta sanitaria luego de que productores destruyeran 52 toneladas de fruta en el municipio de Peribán, Michoacán, ante la presunta presencia de gusano barrenador del fruto.

El cargamento era transportado en varios camiones y tenía como destino una empacadora ubicada en Uruapan, desde donde sería enviado a Estados Unidos. Sin embargo, durante las revisiones realizadas por productores se detectaron irregularidades que encendieron las alertas sobre las condiciones sanitarias del producto.

La fruta fue retirada de circulación y sometida a un procedimiento de destrucción mediante quema y entierro, con el propósito de evitar posibles riesgos de propagación de la plaga. En estas acciones se reportó la participación del Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica) y de la Junta Local de Sanidad Vegetal.

¿De dónde provenía el aguacate destruido?

Las 52 toneladas correspondían a producto cultivado en Jalisco, Colima y Nayarit. La mercancía sería comercializada a través de una empacadora de Uruapan y posteriormente exportada al mercado estadounidense.

La situación generó preocupación debido a que las plagas que afectan al aguacate pueden comprometer la producción y representar un riesgo para la comercialización internacional.

Aunque se reportó la presencia de organismos identificados como gusano barrenador, no se han difundido detalles de un diagnóstico técnico que confirme que la totalidad del cargamento estaba infestada.

Destrucción ocurre en medio de protestas de aguacateros

El caso también se presenta en medio de las inconformidades de productores michoacanos por los precios de comercialización del fruto y las condiciones del mercado.

Entre sus principales exigencias se encuentra establecer un precio mínimo de 40 pesos por kilogramo, además de fortalecer los controles sobre el ingreso de aguacate procedente de otras entidades.

Como parte de sus acciones, algunos productores han instalado puntos de revisión en accesos a Uruapan y otras zonas de la región para supervisar los cargamentos.

La destrucción de estas toneladas vuelve a colocar bajo la lupa los controles sanitarios y la comercialización del llamado oro verde, uno de los productos agrícolas más importantes para las exportaciones mexicanas.

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