Algunas personas, tal vez muchas, salen diario de sus casas a buscar el sustento, con el Jesús en la boca. Dice el viejo adagio popular, que el miedo no anda en burro, y oran, católicos, cristianos y un que otro ateo, porque en su camino no se encuentren en medio de un tiroteo de esos, que ya son el pan de cada día en Cajeme y en gran parte del país.

Cosa curiosa, luego de que hará cosa de un mes, en la sierra Tarahumara, fueron asesinados dos curas franciscanos, la iglesia se dio cuenta de que, la delincuencia estaba desatada y, como consecuencia lógica, iniciaron con una especie de campaña donde le piden al gobierno de AMLO, que deje la fallida estrategia de abrazos no balazos, y ponga orden en la casa, porque, a final de cuentas, es el Estado Mexicano (que comanda el de Macuspana), el encargado de salvaguardar a los mexicanos.

No critico a la iglesia católica por exigir lo anterior, sino que, no me parece justo que tuvo que ocurrir lo que sucedió con dos de sus sacerdotes, para que alzaran la voz.

Mientras todo esto pasó, el presidente López, criticó a la iglesia: “Y esas expresiones de que ya no nos alcanzan los abrazos, ¿qué quieren los sacerdotes, que resolvamos los problemas con violencia? ¿Vamos a desaparecer a todos? ¿Vamos a apostar a la guerra? ¿Por qué no actuaron con Calderón? ¿Por qué callaron con las masacres?”

A la defensa de la política fallida del presidente, se sumó la iglesia evangélica, a la cual pertenece la familia López Obrador desde su infancia, y criticaron a los católicos.

Pero vamos, es un hecho que, dentro de la barbarie de las ejecuciones en México que han roto todas las estadísticas posibles, no hay diferenciación entre católicos, cristianos, mormones, ateos y demás, porque lo mismo, le pasa a los unos que a los otros.

Y si bien es cierto, el evangelio es una serie de libros que principalmente narran la vida de Jesús, enseñan que, contrario al antiguo testamento cargado de violencia y castigos, revanchas y demás, con la venida de Cristo, su principal mensaje fue de amor, sobre todo para el prójimo. A eso se refiere López, pero, se le olvida que Jesús expulsó a los fariseos del templo.

Es curioso, conozco pocos miembros de la delincuencia (de baja monta, afortunadamente), pero su apego a los santos, falsos y verdaderos, es casi un ritual. Quien no tiene a San Judas colgado al pecho, tiene una cruz, o ya de jodido, a Malverde y a la Santa Muerte, sincretismos religiosos de dudosa procedencia.

Y lo mismo ocurre con la fuerza policíaca y militar mexicana, que también tiene sus santos y creencias. La pregunta es, por ejemplo, si San Judas que es tan milagroso y, tantos los “buenos” como los “malos” piden su socorro, ¿a quién le hará el favor?

Y esa pregunta aplica también para los bandos, ¿dónde inician los “buenos” y dónde los “malos” en las mañosadas? Ups.

Pero el caso también repercute en la sociedad. Y me explico: Si existen personas que se atreven a atentar contra otras personas, es porque la sociedad está descompuesta y entonces, pues esas acciones, esos ataques, son el producto del mismo padecimiento. Si viviésemos en un país de oportunidades, seguramente nuestra juventud la pensaría dos veces antes de jalar el gatillo.

Conozco muchos casos donde, de la noche a la mañana jovencitos aparecen manejando trocas inmensas y viviendo la vida rápida, y, la familia, lejos de escandalizarse, se vuelve coparticipe de la repentina fortuna.

Abrazos no balazos, sería una buena estrategia para un país como Dinamarca, pero no, de ninguna manera, en este que es el nuestro, donde, la corrupción no es de ahora, sino que viene desde hace décadas y, cada día, va en aumento.

Aplicar esa teoría cristiana sin una verdadera estrategia de inteligencia, prevención y creación de oportunidades, obviamente va encaminada ser falible.

Creo, que don Andrés, tiene que pensar seriamente en eso, y buscar otras estrategias, ¿o no?

POBRE CAJEME, TAN LEJOS DEL CENTRO DEL PAÍS.

He visto, y lo agradezco, los esfuerzos que desde el municipio hacen por arreglar nuestras calles, pero, también sé, que es insuficiente, porque no se le dio un mantenimiento adecuado durante años y, hoy, se necesitarían 5 o 10 presupuestos completos para arreglarlas.

Y entonces, me surge la pregunta: ¿Dónde quedaron aquellos 500 millones de pesos que con una sonrisa hace cosa de dos años anunció AMLO para Obregón en su mañanera? Y la respuesta es contundente: seguramente allá por rumbos del sureste del país.

Gracias

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

A %d blogueros les gusta esto: