POR TERCER tarde consecutiva, este miércoles, se cometió otro asesinato más. Ahora fue en la Comisaría de Cócorit, donde hacía cerca de tres meses que no se cometía un crimen. Apenas habían cruzado las manecillas del reloj las 16:30 horas, cuando ocupantes, de un vehículo sedan, abrieron fuego contra un individuo de 18 años, quien al ser alcanzado por los letales proyectiles se desplomó sobre la calle Anáhuac y Mariano Escobedo. Minutos después. Paramédicos de Cruz Roja, declararon que ya no contaba con vida. La víctima había dejado de existir convirtiéndose en el ejecutado número 39 del mes de agosto. Hasta ese momento, al menos se estaba cubriendo con la “cuota de sangre”, de una muerte por día. Resulta exasperante que, a pesar de que las autoridades policíacas y militares, pudieran deducir que al caer la tarde podría suceder un ataque armado en algún punto del municipio, no tengan ni la menor intención, mucho menos la tenacidad de agudizar los sentidos, ni por asomo para intentar evitarlo. No es posible, que prevalezca tanta impasibilidad y apatía como se percibe llanamente en la atmósfera. Contrario fuera que se mantuvieran a la expectativa mostrando al menos el objetivo de que están tratando de impedir que se vuelva a cometer otro homicidio, como finalmente sucedió en la llamada guayabera población. Se entiende y por igual se comprende que no tienen una “bola mágica” para tener al menos un pronóstico cercano del sitio donde se espera vayan actuar los gatilleros a sueldo. Sin embargo, cuando se impone la voluntad y determinación sobre cualquier desdén, las circunstancias son más favorables de que pueda surgir una mayor posibilidad de que se obtengan resultados, al menos con la captura de los sicarios que solo para las autoridades son los fantasmas invisibles, ya que únicamente ellas no los ven por ningún lado, mientras que la ciudadanía tiene la desventura de observar sus criminales acciones. Es una verdadera ironía que no exista un grupo de militares o de policías, que detecten su presencia. ¿Usted creería semejante falacia? Resulta difícil dar crédito a tal simulación, porque no se le puede considerar de otra forma. Lo que atrae poderosamente la atención es que no exista un solo policía, soldado, marino, guardia nacional o agente federal de Conase que no advierta la presencia de esos especímenes que se pasean tranquilamente, tanto en el entorno citadino como en Comisarías y zona rural del municipio. No puede permitirse tanta condescendencia y mostrarse tanto desgano en una batalla que claramente está perdida… INSISTO: ¿Qué opinión le merece sobre la fallida estrategia para combatir la criminalidad en Cajeme, a la secretaria de Seguridad Pública del Estado, María Dolores del Río Sánchez? Lo mismo que a quien asumió la responsabilidad de velar por la seguridad de los cajemenses el viernes 21 de enero de este año, en palacio municipal, capitán de navío, Claudio Cruz Hernández, quien de acuerdo a su hoja de servicio tiene 36 años sirviendo a la nación. No sabemos si antes haya ocupado un cargo en una corporación policíaca allá en Veracruz o en algún destino del sureste mexicano. Lo más agobiante del tema, es que ni siquiera se prevé que esto podría mejorar… POR OTRO LADO, es una utopía festinar que actualmente ya no son sesenta los ejecutados que se cometen al mes como sucedió en el 2021, sino cuarenta. Por supuesto que mientras no se reduzca esa cifra a más de la mitad todavía resultaría una falsa idealización de que estamos mejorando. ¡No señores! Nuestra localidad no puede seguir sumida en este ambiente de muerte y un constante charco de sangre y las familias envueltas en un dolor irrespirable. Algo tienen que hacer. Es inaplazable dejar de lado el disimulo. Por igual, hay que dejar la farsa y comedia de lado. Irremediablemente alguien tiene que hacerlo sin voltear hacia atrás asumiendo mediocres posturas de responsabilizar de lo sucedido a otros gobiernos, cuando eso ya es historia y nada van a remediar buscando culpables como era muy proclive hacerlo el anterior titular de la SSPM, capitán de fragata, Cándido Tarango Velázquez, en vez de ponerse a trabajar y comenzar construir su propia lucha y defensa de la seguridad para la ciudadanía. Lo mismo tienen que hacer los actuales operadores policíacos y militares. En estos momentos no hay que perder el tiempo fútilmente, sino de aplicar las mejores opciones para combatir y erradicar hasta donde sea posible a grupos criminales que hegemónicamente han establecido una potestad que parece imperturbable. Los acontecimientos hablan por sí solos… LO MISMO sucede con las desapariciones forzosas que se mantienen a la orden del día. Ayer, en horas de la tarde comenzó a circular en redes sociales los precisos momentos en que dos presuntos delincuentes embrazando potentes fusiles AK 47, irrumpieron en un expendio de cerveza enclavado en el fraccionamiento Casa Blanca y se llevaron a un empleado. Los tipos que portaban chalecos tácticos, tiraron al piso a un cliente que, de seguro vivió los momentos más angustiantes de su existencia, tras ser inicialmente maltratado de manera verbal y luego amenazado con las potentes armas de fuego. Peor suerte corrió el empleado, a quien también golpearon y derribaron al piso donde lo esposaron para llevárselo con rumbo indeterminado. Lo anterior ocurre a unas horas que el colectivo “Rastreadoras de Ciudad Obregón”, encabezado por su líder, Nora Alejandra Lira Muñoz, realizó una marcha para conmemorar el “Día Internacional de la Desaparición Forzada”. A la manifestación se sumaron, padres, madres, hermanas y otros seres queridos de aquellos que salieron de sus casas y ya no regresaron. Un hecho muy similar al que ocurrió al joven empleado “levantado” la noche del martes, mismo que vive en el ejido Vicente Guerrero “El Portón”. Por supuesto que a ese llamado no acudió el comandante de la Delegación Poniente de Policía y Tránsito Municipal, Juan de Dios Gastélum Acuña, quien para empezar no tiene carrera policíaca y mucho menos experiencia para atender esa responsabilidad, pero la culpa no es del indio sino de aquel que lo hizo compadre. Ahí se requiere a un experimentado jefe policíaco como bien pudiera ser el desaprovechado comandante, Rubén Romero Márquez, que continúa en el ejido Quetchehueca. Volviendo al asunto de los “levantones”, ya es tiempo que por igual se combata esa expresión criminal, debido a que es una auténtica fortuna que alguien sea regresado sano y salvo… COMO SUELE suceder, ayer, hubo cambio de fiscal en turno de la Subdelegación de Procedimientos Penales de la Fiscalía General de la República (FGR), en Ciudad Obregón. El entonces titular, Carlos Armando Mendoza Murillo, “El Charly” para sus amigos, fue enviado a la subdelegación de San Luis Río Colorado y en su lugar quedó el conocido Ministerio Público de la Federación, Leonel Campos, que conoce bien el territorio, debido a que ha estado asignado aquí en repetidas ocasiones en diversas agencias. De seguro que le espera mucho trabajo y es muy posible que pronto esté al frente de varios cateos que, regularmente promueve e impulsa la Policía Federal Ministerial (PFM), además de que ya hacen para hacerle frente a la irrefrenable delincuencia porque hasta donde se sabe esa es la consigna permanente del delegado estatal de la FGR, en Sonora, Francisco Sergio Méndez, que por igual es un amplio conocedor del fenómeno de la inseguridad que envuelve a nuestro terruño… SE DICE QUE en Hermosillo operan más de treinta casinos clandestinos que obviamente son operados por consumados ludópatas. Sabe usted cuánto pagan por impunidad cada mes a un presunto Vicefiscal de la Fiscalía General de Justicia del Estado. Se dice que la nada despreciable suma de veinte mil pesos, pero, esas cuotas igualmente se cobran en toda la geografía sonorense. Pronto le tendré mayores pormenores para que vea cómo se las gasta el llamado “Intocable” … Luego seguimos, Dios mediante.

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