Pablo Beltrán

La marcha de la discordia

Y vaya que el día de mañana domingo, se verá el músculo de aquellos que, haciendo alusión a la defensa de la democracia, caminarán en señal de protesta ante lo que ellos llaman la “embestida presidencial”. Destacan ahí los que protegen en el discurso al Instituto Nacional Electoral, ese que con su antecedente IFE, logró  sacar de los sótanos de Bucareli el manejo de las elecciones que eran llevadas en forma rudimentaria en aquella Comisión Federal Electoral, manejada desde las entrañas de la Secretaría de Gobernación.

Sin duda se verán de todo tipo de personajes, desde políticos, politólogos, articulistas, intelectuales, académicos, pero los más importante y destacado será ver el grosor del contingente integrado por la sociedad civil, esto es, estudiantes, amas de casa, empleados, obreros, feministas, empresarios, organizaciones no gubernamentales, deportistas, profesionistas y lo que resulte. Pueblo pues.

La marcha convocada desde el centro del país, justo en la capital de la república, ya tuvo un eco relativamente suficiente, pues se esperan réplicas de la marcha mayor, en más de cincuenta ciudades, entre las cuales se encuentran Hermosillo y Cajeme, así como en el extranjero, Barcelona y Los Ángeles.

Con independencia de que el presidente de este país tiene ya toda la semana lanzando adjetivos en contra de ese movimiento y las personas que participarán, a los cuales se les ha tachado de hipócritas, racistas, clasistas, conservadores, aspiracionistas, fifís, rateros, etcétera, de cualquier forma el quid del asunto estriba en la atención e inconformidad de algunos en la iniciativa de reforma constitucional planteada desde el ejecutivo federal, en donde se le pretende “mover” a varios artículos de la ley suprema, para así generar prácticamente un nuevo sistema electoral, una redefinición numérica y de acceso al congreso federal, cambios en la conformación de los congresos locales y de los ayuntamientos, extinción de los organismos electorales locales, reducción del número de consejeros, elección directa para ungir a éstos así como a los magistrados del tribunal electoral, nuevos criterios en propaganda electoral, entre otras cosas.

Para muchos este intento de movimientos a la constitución les hace ruido y bajo la conseja popular de que “por la víspera se saca el día”, se ha ido creando un clima de desconfianza y enrarecimiento político desde hace ya varios meses, a raíz de que varios actores políticos oficialistas han emprendido ataques al Instituto Nacional Electoral (INE), cuando han visto en éste un monitoreo y fiscalización, que a la sazón ha provocado sanciones, incluso de “sentada de banca”. Verbigratia tenemos los casos de Salgado Macedonio y Raúl Morón, quienes vieron truncadas sus aspiraciones por las sillas de Guerrero y Michoacán, ello sin dejar a un lado otros resultados, como los de la reconfiguración de las alcaldías en la Ciudad de México, en donde Morena fue rebasado por los contrarios, los cuales ya son mayoría en esas demarcaciones.

Harto interesante será el desarrollo de la marcha y claro será que su calificación irá en función lógicamente a su cantidad, pero además mucha atención habrá que prestarle a su calidad, pues entre más gente del pueblo alejada de los intereses partidarios acuda a la cita, la marcha como tal tendrá mayor legitimación, eso sin dejar a un lado que los intelectuales y organizadores del círculo rojo de la política,   también tienen su peso específico.

Los debates por venir después de esta marcha dentro de la arena política, llámese cámaras colegisladoras, a convertirse en constituyente permanente, serán de mucha importancia, de ahí que se le deberá de dar juego a las comisiones correspondientes para el análisis serio en un tema que es del todo esencial, pues renunciar o retroceder en temas de democracia, no solo nos atrasaría a nivel interno, sino que también al exterior, ante la comunidad internacional, nos haría poco confiables, lo que incluso incidiría hasta en los tratados comerciales, ya que a los países desarrollados no les gusta convivir con países bananeros y de garrote, como por ejemplo Cuba, Venezuela y Nicaragua, por solo mencionar unos cuantos.

En un pequeño asomo a lo que viene como propuesta, por lo que toca a las regiones, se ve un zangoloteo al federalismo y algo de transición al centralismo, al pretenderse desaparecer los órganos electorales locales para que sea un solo árbitro nacional el que silbe en todas las canchas, lo que se antoja además un poco complicado ante la gran extensión geográfica del país.

En el tema de la reducción de los integrantes de los congresos locales, ayuntamientos y alcaldías (Cdmx), con criterios poblacionales, no suena del todo mal, pero el detalle es que se debió dejar a los congresos locales para que estos resolvieran ese tópico en sus correspondientes entidades, por aspectos de soberanía interna, respetando así el pacto de la unión, amén de que esos puntos bien pudieron haber sido abordados en leyes secundarias –como ya lo existe en ese tipo de regulaciones-, sin tener la necesidad de imponer el asunto a través de la Carta Magna, pues basta ver que nuestro sistema aparte de democrático, debe de preciarse de ser federalista.

La reforma que viene debe de estar soportada en los principios de democracia, representatividad y de división de poderes, en donde los artículos constitucionales ideológicos no deban de ser contrariados por los preceptos orgánicos, para no caer en antinomias dentro del mismo ordenamiento jurídico.

Pues bien, por lo pronto veremos que sucede en esta marcha en donde muchos desean la preservación de la democracia mexicana, aquella que aún incipiente, todavía da para mucho mejorar, pero lógicamente en forma gradual.

El que muchos no estén de acuerdo con estos cambios tan drásticos, ha provocado en contrasentido el que otros brinquen a la palestra y den sus puntos de vista  defendiendo a la iniciativa  y en automático flagelando al INE, lo que ha provocado una verdadera discordia, como lo fue en otras épocas del país, en donde incluso se llegó a situaciones penosas y trágicas. Se espera por supuesto, que en el buen entendimiento, después de la tempestad venga la calma y la concordia, ya que  en tiempos en que la sociedad se encuentra avasallada por la criminalidad y de alguna forma por la situación económica, es muy deseable que cuando menos podamos seguir contando con órganos confiables que nos brinden libertades.

Y conste, la historia nos ha demostrado que la democracia es más frágil que una copa de cristal…

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