Óscar Félix / MO

Por la calle Tabasco una imagen detuvo el tiempo, bajo el sol implacable Rogelio Valenzuela, de 81 años empujaba con dificultad un carrito de paletas a paso lento y constante.

Su silueta contrastando con la velocidad de los autos modernos y sus movimientos pausados hablan del peso de los años, pero su mirada proyecta una voluntad inquebrantable.

Al preguntarle sobre su jornada, Don Rogelio, sin detener su marcha, contestó con una determinación que dejó sin palabras: “Voy a la Campestre con un cliente. Mi historia es que se tiene que trabajar, no importa la edad.”

En esa breve declaración, Rogelio Valenzuela dio una lección de vida. No busca el reflector; solo la dignidad de cumplir con su jornada.

Mientras la mayoría de su generación disfruta del descanso, él demuestra que el compromiso con el trabajo es lo más importante.

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