EL RELEVO del contralmirante de Marina, Claudio Cruz Hernández como comisario de Policía ha traído el beneficio de unos, pero inconformidad y malestar del grueso de la tropa policial, debido a evidentes y desaseados movimientos, esto a decir de voces que emergen del seno policíaco. Luego de que el director operativo, Erick Gabriel Campos González, regresó a varios agentes que seguramente por algún motivo inaceptable fueron removidos del cargo por Cruz Hernández. Dicen que a cambio del retorno no solo dieron las gracias. El asunto también involucra a un ex inspector que ahora mantiene más cercanía con Campos González al grado que hasta radio portátil le fue asignado, pero una vez que se fue Cruz Hernández. El asunto huele a gas y en cualquier momento podría tronar. Y, ante ello, resulta fundamental que el nuevo comisario Alfonso Tenango Vázquez desde su encargo mantenga una atención permanente, estratégica y decidida en este rubro, impulsando acciones firmes, coordinadas y eficaces que permitan fortalecer la confianza ciudadana y garantizar condiciones reales de orden y tranquilidad para las familias de nuestro municipio. Antes de entrar de lleno a este asunto permítame decirle que uno de los “regresados”, es conocido como “El Chapo”, luego se conocerá la identidad de otros favorecidos… LOS RECIENTES señalamientos a nivel nacional sobre hechos ocurridos en corporaciones de seguridad, como el caso reportado en Los Cabos, donde Marina tomó el cuartel de la Guardia Nacional. Mientras que en San Luis Potosí un director de policía fue detenido por autoridades federales en posesión de droga, vuelven a evidenciar la importancia de mantener estructuras sólidas, claras y funcionales dentro de las instituciones encargadas de la seguridad pública. En Cajeme, esta reflexión no es ajena. Por el contrario, se vuelve urgente. En materia de seguridad pública, no todo reacomodo representa avance. En ocasiones, los movimientos internos pueden abrir espacios de incertidumbre que, lejos de fortalecer, debilitan la operatividad institucional. En la localidad, diversas voces al interior del entorno de la SSPM advierten un escenario que merece atención. De manera reciente, se han observado cambios en la estructura operativa de la Policía Municipal que, más allá de responder a una estrategia integral de fortalecimiento, parecen obedecer a dinámicas internas que generan inquietud entre los propios elementos. Estos ajustes han implicado el retorno de elementos que en su momento fueron cambiados de adscripción, derivado de señalamientos o decisiones tomadas en administraciones anteriores con el objetivo de mantener el control y la disciplina dentro de la corporación. Hoy, su reincorporación en áreas operativas sensibles ha comenzado a generar cuestionamientos legítimos dentro de la tropa, no sólo por el antecedente de dichos movimientos, sino por la forma en que se están llevando a cabo. En este contexto, se advierte un ambiente de tensión interna cada vez más evidente. Al interior de la corporación ha comenzado a manifestarse una inconformidad creciente en el seno policiaco, donde los gendarmes perciben que ciertos reacomodos no responden a criterios institucionales, sino a decisiones personales que generan desconfianza y fractura interna… MUCHO SE ha insistido en la necesidad de depurar mandos, particularmente aquellos de perfil militar y revisar a fondo perfiles que no han dado resultados en el pasado y que hoy vuelven a ocupar áreas clave dentro de la operatividad, por lo que consideran necesaria y saludable la remoción del director operativo, Campos González y los marinos que fueron colocados como mandos medios como son terceros maestres de Semar, Rogelio Valenzuela Sánchez y Adalberto Nambo Leyva, quienes pese a su reiterado fracaso siguen siendo sostenidos como encargados de la Ussi norte y sur, respectivamente. En ese mismo contexto, también se menciona el caso de Ernesto Luzanilla Herrera, quien durante la administración de Claudio Cruz Hernández ascendió al cargo de comandante. Hoy, dentro de esta dinámica de revisión interna, surge el señalamiento de que es momento de evaluar con responsabilidad dichos nombramientos y, en su caso, realizar los ajustes necesarios para garantizar que los cargos operativos sean ocupados por perfiles con verdadera vocación de servicio, trayectoria limpia y compromiso genuino con la sociedad. En ese sentido, de manera insistente se señala la importancia de garantizar que quienes ocupen posiciones de mando lo hagan bajo principios de legalidad, disciplina y transparencia, libres de cualquier señalamiento que pueda afectar la credibilidad institucional… LA PERCEPCIÓN interna, según refieren, es que existen prácticas que deben erradicarse, particularmente aquellas que vulneran la integridad de la tropa o que generan presión indebida dentro de la estructura operativa. Este tipo de situaciones, de confirmarse, no sólo afectan al elemento policial, sino que debilitan toda la cadena de mando. Lo que hoy se vive al interior de la corporación ha sido descrito por algunos como una confrontación interna, una especie de lucha de intereses que impacta directamente en la estabilidad operativa. Cuando la policía se divide, el riesgo no es menor: la seguridad de la ciudadanía queda en segundo plano. Mientras tanto, la realidad en las calles no se detiene. Solamente en la tarde de este lunes se registraron hechos violentos que dejaron como saldo a una persona vida un hombre y a una mujer gravemente lesionada. Con ello, la cifra de eventos de alto impacto continúa en ascenso. Ante este panorama, el contexto nacional sirve como advertencia. Casos como el ocurrido en San Luis Potosí, donde autoridades federales intervinieron directamente en una corporación municipal y detuvieron a su propio director por presuntos vínculos ilícitos, reflejan hasta dónde puede escalar la descomposición institucional cuando no se actúa a tiempo. Hoy, aquí, ya existen señalamientos públicos, comentarios en redes sociales y percepciones internas que apuntan a la necesidad urgente de revisar a fondo la estructura policial. No se trata de alarmar, sino de entender que cuando no se corrige desde dentro, los ajustes pueden venir desde fuera… EL PASADO fin de semana se registró un episodio que refleja con claridad el nivel de intimidación que la delincuencia está ejerciendo en zonas habitacionales, la colocación de una corona fúnebre frente a un domicilio de la colonia Primero de Mayo. No es un acto menor. Es un mensaje directo. Es una advertencia que busca generar miedo, no sólo en una persona, sino en todo su entorno familiar. Este tipo de acciones no son espontáneas. Requieren planeación, tiempo y movilidad. Alguien llega, coloca el objeto, deja el mensaje y se retira sin ser detectado. Y es ahí donde surge la interrogante inevitable. En un ambiente donde existe presencia constante de corporaciones —Policía Municipal, Guardia Nacional, Ejército y Marina— ¿cómo es posible que este tipo de capítulos se realicen sin que haya reacción inmediata o detección oportuna? No se trata únicamente de patrullar. Se trata de anticipar como lo decíamos ayer en este mismo espacio. Por lo que se tiene que mejorar muchísimo la prevención de delitos. Porque cuando la delincuencia tiene la capacidad de operar de esta manera, en zonas visibles y habitadas, lo que está fallando no es la presencia, es la inteligencia. El impacto de estos hechos va más allá del momento. Se instala en la vida cotidiana de las familias. Genera incertidumbre, temor y una sensación de vulnerabilidad que no debería existir, por lo que ahí está el llamado nuevamente para altos mandos encargados de la seguridad, además de los que se mencionaron ayer también les incumbe al Secretario de Seguridad Pública del Estado, Braulio Martínez Navarrete y al General José Manuel Guevara Castillo, comandante de la 4ta Zona Militar, por lo que tendrán que fortalecer sus tácticas de patrullajes por parte de la Policía Estatal de Seguridad Pública y del Ejército mexicano, pero sobre todo las de inteligencia…PARA CONCLUIR, el ejemplo arrastra. Y lo ocurrido en Lázaro Cárdenas, Michoacán, donde un estudiante de 15 años privó de la vida a dos profesoras y difundió contenido previo en redes sociales, no puede verse como un hecho aislado, sino como una señal clara de alarma sobre lo que están absorbiendo nuestros adolescentes. Este tipo de hechos no sólo impacta, también obliga a reflexionar sobre el entorno que estamos permitiendo que los forme. Mientras que en Ciudad Obregón carecemos de un ITAMA. La descentralización lejos de fortalecer ha generado vacíos que impactan a la sociedad. Bueno fuera que la titular estatal de esa institución Karla Ibeth Quijada Romo, reflexione y actúe en ello…Luego seguimos con este asunto, Dios mediante.



