La crisis del gusano barrenador no solo puso en riesgo las exportaciones de ganado mexicano hacia Estados Unidos. También exhibió las debilidades del sistema sanitario del país: años de limitaciones presupuestales, una capacidad acotada de vigilancia y fallas en la prevención permitieron que la plaga avanzara antes de que se activaran medidas más estrictas para contenerla.

Productores, empresarios e industriales coinciden que México enfrenta una de las crisis sanitarias para el sector pecuario nacional, que genera entre el 3 y el 4.4% del PIB nacional, más complejas de las últimas décadas.

La plaga ya no solo afecta a bovinos; también se han documentado casos en animales domésticos, fauna silvestre y personas. En el caso de perros y otras mascotas, México y Estados Unidos acordaron reforzar las inspecciones sanitarias y evaluar medidas adicionales para acreditar su condición sanitaria.

Estas restricciones evidencian que el gusano barrenador dejó de ser un problema exclusivo de la ganadería para convertirse en un asunto de seguridad zoosanitaria regional.

Restricciones comerciales en aumento
La preocupación de las autoridades sanitarias refleja la magnitud del problema. Hace unos días, México se decretó la suspensión temporal que incluye bovinos para reproducción y sacrificio, ovinos, caprinos, porcinos, equinos, rumiantes silvestres, aves de ornato y hasta hurones destinados a compañía o comercialización para frenar la plaga.

El 9 de junio de 2026, el Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica) anunció la suspensión temporal de la importación de animales vivos procedentes de Estados Unidos, luego de que autoridades estadounidenses confirmaran casos de gusano barrenador en diversos condados de Texas y Nuevo México.

La medida, acordada con el Servicio de Inspección Sanitaria de Animales y Plantas del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (APHIS-USDA), busca proteger el estatus zoosanitario –que les permite dar garantía de la sanidad de los animales y exportar productos agroalimentarios– de entidades como Sonora, Chihuahua, Sinaloa, Baja California y Baja California Sur, donde no se ha detectado la plaga.

La decisión se suma al cierre que mantiene Estados Unidos para las exportaciones mexicanas de ganado en pie, configurando un escenario inédito en el que ambos países han endurecido controles sanitarios para evitar la propagación del insecto.

La suspensión de exportaciones ha tenido efectos inmediatos en toda la cadena ganadera. La caída en los precios del ganado, la incertidumbre comercial y la pérdida de mercados tienen un impacto particularmente en los estados exportadores del norte del país.

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