El que más alto sube, más grande es el golpe al caer… Lo que pasó el pasado 10 de septiembre en Las Vegas no tiene nombre ni perdón de Dios. No existe una sola justificación válida para la tremenda grosería que Carin León les hizo a sus seguidores al dejarlos plantados con el recinto lleno. Qué alarmante falta de profesionalismo, de respeto y de compromiso con ese público que lo ha llevado hasta la cúspide. Miren que dejar colgada a la gente de esa manera… ¿Acaso olvidó que tenía un concierto programado en uno de los escenarios más imponentes del mundo?… Estamos hablando de personas reales. Fanáticos de hueso colorado que gastaron miles de pesos —esos que tanto cuesta ganar— en hospedajes, vuelos, boletos, alimentos y souvenirs; todo un presupuesto familiar tirado directamente a la basura. Y todo porque al señor le pareció una excelente idea regresar a Hermosillo en medio de su pomposa residencia en la “Ciudad del Pecado”, —presuntamente para celebrar el cumpleaños de su hijo—. ¿Por qué huyó a su tierra si tenía compromisos en puerta? Eso no lo hace un cantante que se jacte de ser un verdadero profesional… Lo peor de todo es que para tapar el pozo apareció la heroína de esta historia: Meylin Zúñiga —novia del cantante—. Con una empatía digna de un premio internacional, la influencer saltó a las redes a reprender al público. Según sus lógicas declaraciones, los fanáticos son unos desconsiderados por andar “coreando groserías” en lugar de dar gracias al cielo. Prácticamente nos vino a decir que, si Carin se hubiera subido a cualquiera de sus “tres aviones privados”, ahorita estaríamos llorando su muerte en un terrible accidente aéreo. Vaya nivel de chantaje emocional. Ahora resulta que perder los ahorros de una familia es un precio justo a cambio de mantener a salvo la integridad del intérprete de “Primera cita”… Por si el drama aéreo fuera poco, la gota que derramó el vaso es la burla del reembolso y la reprogramación. Con un descaro monumental, se le dice a la gente que se espere un año entero para hacer válidos sus boletos. ¿Pero cuáles boletos? Al entrar a la majestuosa “Esfera” de Las Vegas, las máquinas los registraron y el personal de seguridad los retuvo o escaneó. ¿Con qué cara va a reclamar la gente el próximo año? Muy quitado de la pena, Carin subió a sus plataformas digitales un video de unos cuantos segundos ofreciendo una “disculpita”, pero a nadie le va a devolver el dinero de los viáticos. Vaya manera tan sutil de lavarse las manos y qué gran decepción… Definitivamente, de los grandes errores aprenden los más listos y de los artistas soberbios, aprende el público a ya no comprar boletos… El que le pone la muestra y el verdadero ejemplo a Carin León es el artista Rolando Vázquez Serna. Él le da vida al entrañable personaje de “Rolando, el rey de los payasos” en el “Gran Circo Vázquez Hermanos” (también conocido como “Circo de los Hermanos Vázquez”). A su corta edad, este artista circense continúa con orgullo el legado familiar. Además de cumplir con sus funciones estelares en la carpa, en cada gira se da el tiempo para presentarse en fiestas infantiles particulares… Ahí está la verdadera escuela: aunque actúe ante apenas 15 invitados, Rolando llega hasta una hora antes de su show. No como otros que, sabiendo que 20 mil admiradores los esperan en un viaje de tres horas, no mueven un dedo para asegurar su llegada a tiempo. A eso se le llama falta de profesionalismo y nula querencia hacia quienes, emocionados, invirtieron hasta lo que no tenían con la ilusión de disfrutar el espectáculo… Al buen entendedor, pocas palabras: mientras un verdadero artista dignifica su oficio respetando hasta al público más pequeño, a otros la grandeza les quedó tan grande que terminaron haciendo el peor de los ridículos… ¡y sin necesidad de usar maquillaje!… Etcétera…




