Un equipo internacional de astrónomos identificó un extraordinario candidato a exoplaneta que aparentemente se formó con el material expulsado durante la muerte de la estrella que ahora orbita, un fenómeno que podría aportar nuevas pistas sobre la manera en que pueden surgir mundos después de la desaparición de su estrella original.

El objeto ha sido denominado informalmente planeta “Fénix”, en referencia al ave mitológica que renace de sus propias cenizas. En este caso, el posible planeta habría surgido del material expulsado por su estrella durante las últimas etapas de su evolución.

El sistema está asociado con la enana blanca HS 0209+0832. Las enanas blancas son los remanentes compactos que quedan después de que estrellas de determinadas masas agotan su combustible y atraviesan las fases finales de su existencia.

Al estudiar la composición química de HS 0209+0832, los investigadores encontraron concentraciones elevadas de elementos como niobio, cobre y zinc. Esta composición llamó la atención debido a que esos materiales pueden ser expulsados por una estrella cuando atraviesa las últimas etapas de su vida.

Paralelamente, observaciones realizadas con el telescopio espacial TESS mostraron una señal que se repite aproximadamente cada 4.4 días, compatible con la presencia de un planeta gigante orbitando extremadamente cerca de la enana blanca.

Los científicos plantean que, cuando la estrella original murió, parte del material que expulsó pudo permanecer a su alrededor y formar un nuevo disco. Con el paso del tiempo, ese material habría terminado agrupándose hasta originar el nuevo planeta.

Este proceso lo convertiría en un planeta de “segunda generación”. A diferencia de la Tierra y otros planetas convencionales, que se formaron a partir del material presente alrededor de estrellas jóvenes, este mundo habría aparecido después de la muerte de su estrella anfitriona.

El candidato es un gigante gaseoso posiblemente algo más masivo que Júpiter y se encuentra tan cerca de la enana blanca que su órbita equivale aproximadamente al 4% de la distancia existente entre la Tierra y el Sol.

Esa proximidad tiene consecuencias. La intensa radiación ultravioleta de la enana blanca está provocando que parte de la atmósfera exterior del planeta se evapore y que una fracción de ese material termine cayendo nuevamente hacia la estrella.

El equipo utilizó información obtenida mediante los telescopios espaciales Hubble, TESS y FUSE para estudiar el sistema. Los investigadores esperan recurrir posteriormente al telescopio espacial James Webb para comprobar con mayor precisión las conclusiones del estudio.

El hallazgo es relevante porque los científicos habían planteado anteriormente la posibilidad de que existieran planetas de segunda generación, pero este sistema ofrece evidencia de un mundo formado alrededor de una enana blanca a partir del material generado durante la muerte de su propia estrella.

Además de ampliar las posibilidades conocidas sobre la formación planetaria, el descubrimiento podría ayudar a comprender qué ocurre con los sistemas planetarios cuando sus estrellas llegan al final de su vida y si, bajo determinadas condiciones, pueden aparecer nuevas generaciones de planetas.

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