A CUATRO días de que se fue septiembre anegado de muerte, tristeza y dolor, derivado de 62 homicidios, comenzamos octubre con una tónica muy similar a la del llamado mes patrio con cuatro asesinatos en tres días. Indudablemente que se trata de un mal preámbulo, porque no crea usted que todo se ha circunscrito a solo muertes. Para empezar, el viernes, además de dos crímenes hubo un lesionado y el sábado otros tres, producto de cuatro ataques y comenzamos el domingo con otra ejecución en el caserío denominado ‘La Lomita’ de Estación Corral, donde un jefe de familia que se dedicaba a la música y albañilería fue inmolado de al menos con un impacto de bala en la cabeza. También sicarios lesionaron a otro en horas de la madrugada en la colonia Beltrones. Por supuesto que iban por su vida. Se presume que la intención no era únicamente balearlo en las piernas como así sucedió, esto, para que se den una idea de que cuántos crímenes lleváramos en apenas tres días. No hay ninguna disminución en términos reales de la violencia que se abate en el suelo cajemense, solo que las circunstancias han sido otras y esto de alguna manera ha atenuado las cifras de episodios criminales y no precisamente porque los operativos estén funcionando y prueba de ello es que en nueve meses se tiene un registro de 524 ejecuciones contra 498 del 2020, pero, en doce meses. Bueno fuera que así sucediera y que el ambiente truculento cambiara porque ya es justo y necesario que termine este sombrío panorama, pero lamentablemente no ha aterrizado la coordinación que tanto se pregona en el discurso. Evidentemente que cada corporación trabaja de manera independiente, salvo la Policía Estatal de Seguridad Pública (PESP) y personal militar que volvieron al sendero de la alianza, luego de que la semana anterior aseguraron un fusil de asalto AK-47 y una pistola calibre 9 milímetros, así como un chaleco táctico en dos acciones que realizaron por rumbos de la Comisaría de Cócorit, donde por momentos parecían que pretendían acabar con la población, ante imparables embates criminales que, cobraron la vida de numerosas personas, lo mismo de hombres, mujeres que jovencitos, incluso una adolescente de 16 años… AVANZAN los días, semanas y pronto los meses y de acuerdo al tenor de las condiciones en que vivimos y vamos a llegar a los cien días de prueba que inexplicablemente le otorgaron al comisario de Policía Preventiva y Tránsito Municipal, Cándido Tarango Velázquez, quizás en las mismas o en peores escenarios a los actuales, porque no han entendido que el señor no es policía y jamás hará algo que desconoce. Resulta incompresible el empecinamiento y obstinación de mantenerlo en el cargo, cuando el horizonte de inseguridad no cambia en lo absoluto y prueba de ello son los cuatro ataques que se perpetraron el sábado. De ninguna manera se puede hablar de mejoría y mucho menos hacer castillos en el aire, mientras no se cumpla con detenciones de sicarios y células criminales que siguen paseándose tranquilamente por las calles de Ciudad Obregón y el Valle del Yaqui… A ESTO, habría que sumarle la ausencia total de la llamada ‘perla de la seguridad’ como bautizó un comunicólogo hermosillense a la Guardia Nacional. La ciudadanía refiere en comentarios que vierten a través de las transmisiones que vivo que realizamos a través de la plataforma digital de Grupos Medios Obson, al referir que nadie sabe a ciencia cierta con qué objetivo arribó a este municipio la GN, porque ni siquiera se percibe que tengan la más mínima intención de combatir a grupos armados. Parecen satélites girando en torno a Cajeme, pero sin un propósito claro por lo que es importante que su titular, general, Luis Rodríguez Bucio, se descolgara a nuestra ciudad y sostuviera un encuentro con la ciudadanía y no con jefes del Ejecutivo estatal y municipal, sino con el pueblo para que escuche de viva voz sus demandas y entienda que esto ya no aguanta más. No es posible que se cometan ejecuciones a unos cuantos metros de su cuartel y no se den ni por enterados o bien que lancen cadáveres descuartizados y tampoco se den cuenta de ello. Lo menos que desea la población es tener instituciones armadas de ornato, sino que salgan a la calle a investigar y detener a gente sospechosa en motocicletas, vehículos y hasta transeúntes… ESTE LUNES comenzaremos una semana más de incertidumbre y sin una estabilidad en el rubro de la seguridad pública, sencillamente porque no hay cambios por ningún lado. Lo que sí es casi seguro es que agentes de Tránsito e infantes de la Marina que trae a cargo el capitán de fragata y Rosendo Amaya Moreno, amanecerán establecidos en el algún punto del municipio con sus filtros de recaudación que, han resultado una verdadera calamidad para las familias que viven al día, porque todavía el viernes continuaron afectando a la ciudadanía con esas oprobiosas acciones que no abonan en nada a la seguridad de la población, por el contrario, generan mayor estrés y preocupación. ¿Dónde están los regidores que se comprometieron a que en este Gobierno que encabeza Carlos Javier Lamarque Cano sí defenderían al pueblo? Es buen momento que alcen la voz y exijan al jefe de Policía y Tránsito, que en vez de darle ese enfoque tan oneroso a los ‘retenes’ mejor lo hagan con la decidida visión de atacar a la delincuencia y ni modo que argumenten que es un tema que no les corresponde a ellos porque generarían cuestionamientos al por mayor, en el sentido de que demonios sirve entonces el personal de la secretaría de la Marina que interviene en estos operativos sino cuentan con la capacidad de enfrentar a la delincuencia… EN LA CIUDAD capital continúa la inquietud respecto a la designación de quien habrá de asumir la comisaría de la Agencia Ministerial de Investigación Criminal (AMIC). Lo menos que se espera es que regrese, Manuel Ángel Barrios Macario, como ya comenzó a rumorearse porque la situación ya no da para más. Lo mismo sucede con el titular de la Policía Estatal, tras la salida del capitán, Alfonso Novoa Novoa. Bueno fuera que los asesores en ese rubro del mandatario sonorense, Alfonso Durazo Montaño, le propusieran que los mandos surgieran de las mismas filas de las corporaciones porque se cuentan con personal con la capacidad necesaria, principalmente en la PESP, porque en la AMIC sería como encontrar una aguja en un pajar. Tampoco sería recomendable que militarizaran a ambas corporaciones porque estaríamos peor que en Cajeme con un mando que ha sido un genuino desastre, al grado que ya no tarda en salir a la calle la ciudadanía para exigir su remoción, junto con el inspector de probeta, Adán Valenzuela Cruz y el director operativo, Jesús Aurelio de León Cruz… EL PASADO jueves observé a Carlos Alberto Monares Vargas, que ingresó a la Jefatura de Policía con unas ínfulas de poderío y un garbo que ya los hubiera querido en sus mejores tiempos. Quizás no ha entendido que nada tiene que hacer como jefe policíaco en esa institución como ha sido su sueño guajiro, dicho con todo respeto. En la Policía Municipal de Cajeme, se requiere de policías más jóvenes, preparados académicamente con licenciaturas, decididos a entrarle de frente y sin miedo a la delincuencia y sobre todo comprometidos con todos los ciudadanos sin distingos de credos, razas y posiciones sociales, sin que haya habitantes de primera, segunda y tercera. Hay varias opciones todo es cuestión de tener la voluntad de querer hacer algo por el bien de quienes habitamos este destino sonorense. La gente insiste en el empresario de la seguridad privada, Efrén Sánchez Camacho, por lo que habrá que seguir esperando y deseando que esto no se complique más con un mayor derramamiento de sangre en el devenir de los días… Luego seguimos, Dios mediante.

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