Hasta Roma se escuchó tronar la ola violenta que se vive en México, cuando el PAPA FRANCISCO se refirió al atroz asesinato y robo de los cadáveres de los dos sacerdotes jesuitas, de nombres JAVIER CAMPOS MORALES de 78 años y JOAQUÍN CÉSAR MORA SALAZAR de 80, en la comunidad de Cerocahui en el municipio de Urique del estado de Chihuahua, cuando al interior de la iglesia trataron de proteger al guía de turistas PEDRO ELIODORO PALMA, que llegó corriendo a la iglesia herido por los matones. Sin duda todas y cada una de las más de 120 mil muertes violentas de mexicanos en lo que va del sexenio de ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR, son lamentables y deben ser esclarecidas, pero naturalmente que tratándose de dos sacerdotes el caso tomó trascendencia internacional. En este caso específico, el sumo pontífice lamentó que en México haya tantas familias que estén pasando por estos dolores de perder seres queridos todos los días. Por cierto, ayer tarde trascendió que los cadáveres de estas tres personas ya fueron localizados. Por su parte de la secretaria de Seguridad y Protección Ciudadana, ROSA ÍCELA RODRÍGUEZ, reveló que el autor de esta tragedia fue plenamente identificado con el nombre de JOSÉ NORIEL PORTILLO, alias “El Chueco”, líder allá de un conocido Cártel de las Drogas, que ha cometido estas y otras atrocidades a todas horas del día, lo que no, nos explicamos por qué las autoridades no han actuado. ¿O será de los protegidos de nuestro presidente? De esos que califica como seres humanos que también tiene derechos y que debemos respetar, según su torcida forma de pensar. Al respecto, en su mañanera de ayer, el presidente dijo que esa es una zona de mucha presencia delincuencial y que el autor de los crímenes tenía orden de aprehensión desde el 2018, pero nunca dijo por qué no se la habían ejecutado. Por su parte, de la forma más ridícula, la gobernadora de Chihuahua, MARU CAMPOS, dijo que en ese estado no se permitirán actos como ese y la verdad no le entendimos ni papa porque el acto ya había sucedido, lo que nos lleva a pensar que solo son declaraciones protagónicas con más carácter político que otra cosa. Escuchábamos a unos analistas en un canal de televisión cuando decían que estos hechos de violencia extrema cometidos en la casa de Dios, debería ser tomado por el presidente de la República, como un parte aguas, para convencerse que su estrategia de “Abrazos no balazos” ha sido un rotundo fracaso y que se le ilumine el cerebro para optar por cambiarla por otra más efectiva que sí combata la delincuencia con valor y con inteligencia, investigando y dando tiros de precisión, para que los delincuentes le teman a las autoridades y lo piensen dos veces para cometer sus fechorías y no se sientan protegidos por el presidente AMLO con esos mensajes de apapacho que les manda desde palacio nacional casi todos los días, lo cual los ha engrandecido y los hace sentir que pueden hacer lo que sea y nadie los perseguirá, o lo que es lo mismo, no pasará nada. Y es que viendo el fracaso de esta estrategia en contra de la inseguridad y la violencia, viendo además que el Gobierno Federal tiene todo el poder y la fuerza para perseguir a los criminales de todos los niveles y que el presidente se niega tajantemente a hacerlo, no se puede entender de otra manera más que el mandatario pudiera mantener arreglos con los cárteles de la droga, para que hagan y deshagan con el compromiso de que lo ayuden en las campañas políticas y que operan los días de elecciones amenazando y amedrentando gente para que voten por Morena o a los contrarios para que no voten. La verdad es que la sangre derramada ha sido tanta, que ya es necesario que los mexicanos nos armemos de valor y hagamos algo por la vía pacífica, porque a lo que vemos este presidente vive en un mundo diferente al nuestro y ha demostrado una cerrazón que seguramente no cambiará de opinión y las masacres seguirán sin piedad. Creemos que esta preocupación también debe ser de los beneficiarios de los programas sociales, porque el no hacerlo sería una irresponsabilidad de su parte, el estar protegiendo y apoyando incondicionalmente a cambio de unos cuantos pesos, a quien permite que las muertes de seres humanos se multipliquen diariamente y el doloroso llanto de las familias que pierden a diario a sus seres queridos, se escuche por todos lados. Independientemente del agradecimiento que le tienen por los apoyos que les brinda y que ciertamente no lo daban otros gobiernos, o no al menos en esa medida, pero deben exigirle que ordene a las fuerzas armadas del país, como son el Ejército, la tibia Guardia Nacional y la Marina, que den un paso al frente e inicien un combate enérgico a la delincuencia, poniéndose a trabajar y dejándose de andar paseándose por nuestras calles como reinas del carnaval, gastando gasolina dioquis. Y exigirle al presidente que ya deje de ver el tema de seguridad como un botín político y ordene implementar estrategias verdaderas, no para matar delincuentes porque igual son seres humanos, como bien lo dice, pero sí para capturarlos y llevarlos ante los tribunales. Una realidad es que con el solo hecho de que los capos y los integrantes de los cárteles, vean y escuchen que el presidente de la República, dando la instrucción a las fuerzas de seguridad de iniciar un combate enérgico a la violencia a partir de ya, con tiros de precisión e inteligencia, no necesitará mucho para que los jaladores del gatillo y los que dan las órdenes, le bajen dos rayitas y vuelva aquella paz que añoramos en nuestros pueblos y ciudades, que teníamos hace menos de 15 años cuando se desató este clima de inseguridad en el que vivimos y que se empeoró con este sexenio, cuando el mandatario nacional le dio rienda suelta al crimen organizado. Ojalá pues que no falte mucho para que un día le caiga el veinte al señor presidente y volvamos a vivir tranquilos, de lo contrario quedará escrito en la memoria de los mexicanos como quien encabezó el sexenio más violento en la historia de México, lo que, por tratarse de la dolorosa pérdida de vidas humanas, vendrá a aplastar su labor en favor de 25 millones de beneficiarios con sus programas sociales.

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