Las sirenas suenan en las calles de Taipéi y los ciudadanos corren a resguardarse en el refugio más cercano. Son los simulacros que el Gobierno de Taiwán está poniendo en marcha en previsión de una posible invasión de China a la isla. La visita de la presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Nancy Pelosi, a Taiwán; el aumento de la presión militar china en las aguas cercanas a la isla, y el cambio en el panorama geopolítico que ha causado la guerra en Ucrania ha provocado que el Ejecutivo taiwanés comience a instruir a sus ciudadanos para salvaguardar su seguridad.

Una de las instrucciones que han recibido los ciudadanos en caso de que impacten misiles es agacharse en los aparcamientos de los sótanos con las manos cubriendo los ojos y los oídos y manteniendo la boca abierta, para minimizar el impacto de las ondas expansivas. Sin embargo, la incertidumbre se apodera de los ciudadanos. “Estamos bastante asustados y no hay forma de saber si la guerra también ocurrirá aquí”, dice preocupado Yang Yu-tung, jefe de policía en un distrito de la capital. Taipéi cuenta con más de 4.600 de estos refugios designados que pueden albergar a unos 12 millones de personas, más de cuatro veces su población.

La última semana de julio, las Fuerzas Armadas de Taiwán llevaron a cabo las maniobras militares de Han Kuang, unos ejercicios especiales que se llevan a cabo cada año y se consideran los más importantes de todo el curso. En ellos, decenas de soldados taiwaneses participaron en un simulacro con entrenamiento de fuego real y vehículos de asalto anfibio. Las pruebas se desarrollaron un mes después de que el ministro de defensa de China asegurara que el país “logrará definitivamente la reunificación” con la isla y que para ello “peleará hasta el final”.

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